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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 31 de julio de
2004
El secuestro
del fiscal Dulau Dumm
El fiscal Carlos Dulau Dumm, que actúa en las
causas sobre la dictadura en La Plata, fue secuestrado y amenazado el lunes en
el centro de nuestra ciudad por tres desconocidos, en un operativo que se parece
mucho a los que ocurrían en la década del '70.
Fue un claro mensaje intimidatorio, no sólo para el fiscal Dulau Dumm sino
también para todos aquellos que intervienen, desde el Estado y desde los
organismos de Derechos Humanos, en el Juicio por la Verdad y en las causas
penales contra genocidas.
Porque quienes secuestraron al fiscal actuaron con conocimiento, le hicieron
mención precisamente al Juicio por la Verdad y le "reprocharon", valga la
palabra para esta circunstancia mafiosa, su actuación en el reciente juicio oral
que condenó a Jorge Antonio Bergés y Miguel Etchecolatz a siete años de prisión
por la supresión de identidad de una hija de desaparecidos.
Es muy llamativo y significativo que todo esto haya pasado a las 8 de la mañana
de un lunes, cuando hay mucho movimiento en la ciudad, que haya ocurrido en
pleno centro, y que nadie haya podido ver a los captores.
Es un resultado más de la impunidad: los secuestradores actuaron a cara
descubierta y sin preocuparse por nada.
El "profesionalismo" atribuido a esos delincuentes debería ser enfocado
correctamente para interpretar de dónde viene la amenaza. Basta recordar, por
ejemplo, el ataque certero y directo que hiciera el represor Etchecolatz en ese
juicio oral, contra el propio Dulau Dumm: el genocida dijo que el fiscal le daba
"pena y vergüenza" y que le iba recomendar "un buen medicamento para la
memoria". Vale recordar, además, que Etchecolatz cumple una plácida prisión
domiciliaria en su casa del bosque Peralta Ramos de Mar del Plata.
También habría que recordar hoy la intimidación impune que sufrió la ex
detenida-desaparecida Nilda Eloy en 2002, año repleto de amenazas e
intimidaciones al calor de la protesta popular contra lo que sucedía en el país.
Desde un auto, en una calle de La Plata, a Nilda Eloy le gritaron "feliz
aniversario", el día que se cumplían 26 años de su secuestro en la dictadura.
Todos estos hechos tienen su raíz en la situación de impunidad y, a la vez, en
la posibilidad concreta de condenar a los genocidas, que ya se sienten
acorralados por la Justicia y reaccionan según sus métodos. Pero es esa misma
Justicia, y estamos hablando principalmente de la justicia federal platense, la
que debe ponerse a trabajar, a hacer su tarea, que es la de enjuiciar a los
cientos de represores que, en nuestra zona, todavía . . .. andan sueltos.
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