Prensa > Tengo Derecho > Editorial 30 de julio de 2005

Preocupante escalada en la represión de la protesta


Cada vez con mayor frecuencia, el poder utiliza los mecanismos de la justicia penal contra la legítima protesta social por una distribución más justa de la riqueza.

Ya hace más de un año que están presos los detenidos en la Legislatura porteña cuando protestaban por la reforma del Código Contravencional. A esas personas se les atribuyó arbitrariamente un delito que no admite la excarcelación, en franco desconocimiento del principio de inocencia.

En Santa Cruz la semana pasada fueron detenidos cuarenta trabajadores por reclamar lo que legítimamente les corresponde. Además, Raúl Castells ha vuelto a prisión y la huelga de hambre con la que reclama por su libertad está poniendo en riesgo su vida.

Mientras tanto, en la ciudad de La Plata, esta semana la Sala III de la Cámara Federal confirmó el procesamiento del piquetero Gustavo Frasquet por un corte de la autopista Cañuelas-Ezeiza, en agosto de 2003. El fallo adopta peligrosos argumentos sobre derechos constitucionales que deben ser ejercidos, según los jueces, sólo en forma "pacífica, razonable y adecuada a las circunstancias".

Desde hace años nuestro organismo, la APDH La Plata, viene pronunciándose en contra de la criminalización de la protesta.

Es necesario que los tres poderes del Estado adopten las medidas para devolver a los trabajadores su derecho a luchar por la justicia social.

En este sentido, el Poder Ejecutivo debe impulsar los proyectos de ley necesarios, tanto de amnistía a los luchadores como de reforma al Código Penal para despenalizar la protesta social.

El Poder Legislativo, a su vez, debe sancionar esos proyectos. Y son los jueces de la Nación y las provincias los que deben ejercer sus funciones para la defensa de los Derechos Humanos, interpretando democráticamente la Constitución y las leyes.

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