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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 29 de mayo de
2004 Uno
de cada cinco chicos no estudia ni trabaja
Los números, muchas veces, son sólo números, pero otras tantas sirven para graficar la tremenda crisis social que vive la Argentina desde hace ya muchos años. Los números, a veces también, dan golpes bajos.
Esta semana se conoció un revelamiento del Ministerio de Desarrollo Humano de nuestra provincia, que indica que uno de cada cinco adolescentes no estudia ni trabaja.
No hay que dejar de sorprenderse con estas cifras. Estamos hablando de un 20 por ciento de los chicos de entre 14 y 21 años, que en nuestra provincia no hace nada.
No estudian porque creen que la escuela no sirve para nada. Y no trabajan porque no tienen posibilidad, capacidad o siquiera suerte para conseguir un empleo.
Algunos ya tienen incluso hijos para mantener, y otras ya directamente son analfabetos estructurales.
Esta es la realidad de la crisis social que hay para resolver. Vale recordarlo, ahora que se hacen balances y festejos por el primer año de un gobierno.
¿Cómo lo resolvemos?. Bueno, entre otras cosas siempre se dice que a la hora de tomar decisiones, hay que fijar prioridades. Las opciones antagónicas parecen ser "o la deuda externa, o el pueblo hambreado"; "o las empresas energéticas que amenazan con la pregonada escasez, o los usuarios con sus salarios depreciados". Son dos ejemplos de una conducta que hay que seguir.
Esta semana, en las movilizaciones de la Central de Trabajadores Argentinos, se recordaron algunas de las soluciones posibles reclamadas ya en el 2001, en una consulta popular realizada justo antes de la catástrofe. Ahí se pedía la implementación de un seguro de empleo y formación, que eduque al mismo tiempo que brinde un sustento económico. Eso traería, se dijo, la aplicación de un shock redistributivo del ingreso que dé otra forma a la regresiva pirámide social.
Estas son soluciones de fondo. Las que hay que tomar para salir de la crisis y para generar al menos un horizonte de esperanza. De otra manera, nos quedamos en el pesimismo de los números.
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