Prensa > Tengo Derecho > Editorial 27 de marzo de 2004

La entrega de la ESMA y la Memoria por construir


La Escuela de Mecánica de la Armada ya no pertenece más a los marinos y pronto no será un lugar infranqueable y tenebroso. No será tenebroso, aunque en sus paredes todavía parezcan escucharse los gritos de la tortura, el sonido incesante de la picana, el ronroneo de los aviones de los "vuelos de la muerte" o los llantos de los bebés robados.

La Escuela de Mecánica de la Armada no es más de los marinos. Es del pueblo.

Sin entrar en la discusión de qué se va a hacer con la ESMA, el hecho en sí de la "entrega" al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es digno de adjetivar como histórico.

Es el resultado de la lucha constante de los organismos de Derechos Humanos y todavía parece increíble que haya pasado. Que el mayor centro de tortura y exterminio de la Argentina sea ahora un lugar para la Memoria y para que las futuras generaciones sepan qué pasó allí.

Y no debiera ser el primero y el último. Así lo dijeron los familiares de los desaparecidos en el acto de "entrega" de la ESMA. "Reclamamos la restitución de otros Centros Clandestinos de Detención que funcionaron en el país para abrirlos a los ojos de nuestras generaciones y las generaciones futuras, constituyéndose en testimonio permanente de los hechos que allí ocurrieron, y para crear la necesidad de saber, para no repetir."

Por el momento, es necesario que la ESMA se mantenga como está, sin modificaciones edilicias, para permitir que sirva como prueba judicial para los procesos contra genocidas. Las inspecciones oculares en las que los sobrevivientes de la represión vuelven y reconocen su lugar de cautiverio han sido muy útiles para la Justicia.

Y lo mismo debe suceder con los demás centros clandestinos de detención, algunos ya destruídos, y otros ocupados por dependencias policiales, del Ejército o de la Marina.

Esa Memoria es una de las memorias que hay que construir. Preservar los lugares del horror es una de las más efectivas tareas para preservar la consigna de "Nunca Más".

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