Prensa > Tengo Derecho > Editorial 26 de junio de 2004

Como hace dos años: juicio y castigo 
a los responsables de la represión 


Exactamente a esta hora, hace dos años, el poder asesinaba a dos militantes populares a poca distancia de la Casa Rosada, delante de las cámaras de los fotógrafos y cumpliendo en parte esa demostración de fuerza que ese poder -el poder político, el poder ecónomico-, muchas veces solicita y ejerce para acallar las voces, para meter miedo, a los que generalmente no tienen voz.

Sin haber tenido una trayectoria reluciente, en principio por su corta edad, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki ya se convirtieron en mártires de la lucha popular. Sus nombres están en nuestra memoria: en la tuya, en la de aquél, en la de todos. Sus nombres están en comedores comunitarios y en movimientos piqueteros.

En el año 2002, aquel año de convulsiones tras la caída del gobierno de De la Rúa, el poder necesitaba esa demostración de fuerza. Porque, según su lógica, las consecuencias de la violencia social deben resolverse con la violencia represiva. Es un discurso que lamentablemente ha vuelto con fuerza y se ha instalado en los últimos meses: los piqueteros son vagos, hay que disolverlos a balazos.

La respuesta violenta desde el poder y la propuesta violenta desde la opinión pública, son reveladoras de no saber qué hacer, de no tener una respuesta a la crisis social. En fin, es la respuesta de unos cavernícolas fascistas que creen que las cosas se resuelven por la fuerza.

El tiempo y la historia les demostró que la cosa no era así. Los movimientos piqueteros, así como los movimientos sociales, gremiales y de Derechos Humanos, no acallaron sus voces para pedir una vida digna. Al contrario: se multiplicaron. Crecieron en organización, ampliaron su red social instalando comedores, jardines de infantes, microemprendimientos. Ahora, uno los ve por televisión y quizás la imagen sea la misma que hace dos años: un montón de personas cortando una vía de tránsito. Lo que no se ve, lo que no se muestra, es ese amplísimo trabajo social de las organizaciones piqueteras que ha reemplazado la ausencia del Estado y el descreimiento de la dádiva política.

Hoy, a dos años de la masacre de Puente Pueyrredón, está visto que la Justicia no tiene intenciones de seguir investigando las responsabilidades políticas de los asesinatos: el famoso "quién dio la orden". Como ya hemos dicho acá, en la causa judicial se intenta establecer la idea de que las muertes fueron obra de un loquito con gorra de comisario que tenía necesidad de sangre.

Ni Duhalde, ni Atanasof, ni Juan José Alvarez, algunos de los que tenían esa responsabilidad política fueron llamados siquiera a declarar como testigos.

Hoy, como hace dos años, seguimos reclamando Juicio y Castigo a todos los responsables de la represión.

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