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Editorial 24 de septiembre de 2005
La
búsqueda de las Abuelas y la búsqueda de los
nietos
De
la grandiosa lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, una
de las cosas que más sirve es la semilla que fueron
dejando. Esa semilla, que es no abandonar el propio basado
y buscar la identidad, empieza a dar sus resultados.
Porque a 29 años del comienzo de la dictadura, además
de búsqueda de las Abuelas, hay que hablar de la
búsqueda de los nietos, por su propia iniciativa.
Son ellos los que ahora investigan su identidad. Y el reencuentro,
así, se hace más fácil.
Esta semana se conoció la recuperación de
la identidad de Leonardo Fosatti Ortega. Es un caso especial
para nuestra ciudad, para la ciudad de La Plata. No es el
primero, pero sí uno de los tantos con los que se
contaba con poquísima información. Pocas posibilidades.
Es decir, que de no haber sido por el propio Leonardo, un
joven con 29 años ya, casado y con un hijo, el reencuentro
hubiese demorado más tiempo. Ese paso importante,
el que dio Leonardo, es el que hay que destacar.
Y otro punto importante es el que Leonardo sea platense.
Nacido, criado, y crecido en La Plata. Su ciudad. La misma
ciudad en la que lo buscaba su familia. Y en la que muchos
esperábamos que aparezca.
Esta búsqueda traspasó las fronteras de silencio
y de olvido que fijaron tanto la dictadura como las acciones
de los gobiernos constitucionales que la siguieron. Y Leonardo
dejó de ser ese lejano bebé nacido en un centro
clandestino como la comisaría 5°, que hoy está
tal como estaba antes, con los uniformados de la Policía
bonaerense adentro.
Ese bebé hijo de Rubén Fosatti y de Inés
Ortega, quien lo trajo al mundo en la mesa de la cocina
de esa inmunda seccional de Policía, con la ayuda
de sus propios compañeros de cautiverio. No con la
ayuda de los agentes de Policía o los integrantes
de la Patota que venía a torturar los prisioneros.
Ese bebé al que, según contó la hermana
melliza de la parturienta en el Juicio por la Verdad, "lo
pidió un Coronel y se lo llevaron". Así
de simple, y así de trágico.
La aparición de Leonardo Fosatti Ortega continúa
la huella iniciada por otros hijos: la de la búsqueda
personal y propia. Ojalá ese camino lo transiten
los 400 chicos que todavía no aparecieron.
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