Prensa > Tengo Derecho > Editorial 23 de abril de 2005

Scilingo, condenado por la "Justicia Universal"


En 1995, cuando decidió hablar con un periodista para contarle las atrocidades que había cometido durante la dictadura, el oficial de la Marina Adolfo Scilingo creyó que sólo hacía un bien a su pesada conciencia.

Adolfo Scilingo, con la garantía de la impunidad, contaba que no podía dormir porque le venían a su mente las imágenes de los cuerpos cayendo el mar. Que había probado con el alcohol y las pastillas, pero que no había caso: el pasado, volvía. 

Hasta viajó a España en 1997, cuando la impunidad seguía reinando en la Argentina, para declarar ante el juez Baltasar Garzón, quien empezaba a hacerse conocido. Scilingo cruzó el océano para confesar sus crímenes y ya nunca volvió. 

Y ya nunca volverá. Porque esta semana la Audiencia Nacional de Madrid lo condenó a 640 años de prisión, cifra insólita para los oídos argentinos, que resulta de la multiplicación de 21 años por cada uno de los 30 asesinatos que dijo cometer, más otros 10 años por un caso de torturas y otro de secuestro. 

Scilingo se convirtió así en el primer represor argentino en ser juzgado y condenado en presencia en el exterior, bajo el principio de "justicia universal". 

Principio tan cuestionado cuando la impunidad reinaba, pero al que hoy en día, cuando la Justicia empieza a dar los primeros pasos, casi nadie critica. Curioso escenario: cuando el juez Garzón metía preso a Augusto Pinochet o al argentino Ricardo Miguel Cavallo, dado que a ambos lados de la cordillera eso parecía imposible, se escuchaban las críticas hacia la "Justicia universal" que, decían, avasallaba la soberanía. Ahora, que tanto afuera como acá empieza a juzgarse a los genocidas, ya nadie habla de soberanía pisoteada. 

La sentencia contra Adolfo Scilingo es histórica, no sólo para el caso argentino, sino para las actuales y futuras víctimas de violaciones a los Derechos Humanos en todo el mundo. 

Ahora, la Justicia Universal se abre paso ante los muros de impunidad que muchos países del mundo levantan contra los crímenes de su propio pasado. Incluso en España, que dice haber dejado atrás su pasado para mirar al futuro. 

Porque si las víctimas no tienen justicia en el país en el que viven, es preciso que el resto de las naciones se solidarice con ellos. Porque los crímenes de lesa humanidad deben ser castigados y repudiados por toda la humanidad. 

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