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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 21 de agosto de
2004
En Venezuela
triunfó la democracia
En Venezuela el domingo pasado se dio un ejemplo de democracia que pocas veces se ve en nuestra comúnmente golpeada Latinoamérica.
El presidente en ejercicio, Hugo Chávez Frías, ganó un plebiscito sobre la revocación de su mandato, un instrumento electoral que él mismo impueso en la Constitución reformada hace cuatro años.
Atras ha quedado la idea del golpe de Estado, el camino común hace unas décadas en esta parte del globo. El mismo que en su momento eligió Chávez para derrocar a un régimen corrupto y el mismo que la oposición eligió hace dos años contra el propio Chávez, con el silencio beneplácito del gobierno de Estados Unidos.
Venezuela resolvió, o si no resolvió por lo menos encaminó, las cosas por la vía del voto popular y es saludable que en América Latina estas cosas sean cada vez más normales.
A Chávez lo acusan de tirano, de autoritario, pero aquí está claro que ganó un plebiscito que de alguna manera él promovió para evitar el despotismo y la facilidad, muy común en los presidentes, de olvidarse de los preceptos democráticos.
Es importante señalar la delicada situación política de Venezuela, en la que la polarización entre chavistas y antichavistas es muy notoria, con el agregado de que la oposición controla o está en sintonía con los grandes medios de comunicación. Esta situación delicada hace aún más importante la salida democrática y la confianza en el voto.
También es importante señalar cómo se enmarca el triunfo de Chávez, quien junto a otros presidentes ha comenzado una moderada independencia de los criterios de política exterior norteamericanos, o como le dicen en el Caribe, el "lamebotismo".
La continuidad de Chávez en el poder permite la posibilidad de ampliar esos criterios comunes latinoamericanos que han estado ausentes por décadas. Reafirmando los intereses de nosotros, los latinos, y poniendo freno a los anglosajones. Porque América Latina es un conjunto y no meramente una suma de países.
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