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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 20 de diciembre de 2003
A dos
años del estallido del 20 de diciembre
Pensar el significado del 20 de diciembre, a dos años de aquellas históricas jornadas, es un ejercicio complejo y que hasta puede despertar cierta nostalgia por aquellos días de ebullición.
Es que allá por 2001, en el que el pueblo salía a manifestarse en contra de la ineptitud y el autoritarismo, las cacerolas sonaban fuerte y los gritos que pedían un cambio de nombres en el sistema político preveían un horizonte con más esperanza -aunque n bastante incertidumbre-, que el de ahora.
A dos años, parece que pocas cosas cambiaron: por un lado, los nombres en el Congreso, las gobernaciones y las intendencias siguen siendo los mismos que vuelven a reciclarse otra vez; por otro lado, la situación social se agravó tras la devaluación y no hay una clara perspectiva de que las cosas mejoren rápidamente.
Así y todo es importante recordar aquellas jornadas como históricas, en las que el pueblo llegó a decir basta, y a pedir, sin intenciones golpistas, un cambio. Más allá de lo que haya pasado después, hay que destacar esa intención rebelde y profundamente democrática que significó la protesta del 19 de diciembre en contra de la declaración del estado de sitio decretada por el bruto, sordo, ciego y mudo de Fernando De la Rúa.
Lo que haya pasado después, es cierto, servirá como experiencia y como autocrítica. El fenómeno de las asambleas barriales se vio pinchado con el paso del tiempo; la actitud crítica ante lo que sucedía parece haberse apacigüado, como si el colapso económico del año pasado haya logrado tirar abajo cualquier intención de oponerse a las políticas de los gobiernos de turno.
Resta saber que pasará de aquí en más, con un gobierno que ha traído durante 2003 nuevos aires, pero al que le falta aún una decisión seria y un programa explícito de lo que va a hacer en materia de cumplimiento de los derechos económico-sociales de la población.
Resta saber qué va a pasar con los responsables directos de la represión del 20 de diciembre, si va a haber más policías y, sobre todo, más políticos presos. Porque durante este año se vio cómo la Justicia dio marcha atrás con la intención de enjuiciar a los responsables de la masacre.
Resta saber, decimos también, qué actitud va a tomar cada uno de nosotros, demostrar que las cacerolas no eran sólo por los ahorros atrapados en el corralito sino por una intención firme de cambiar las cosas. Y resta esperar, más que saber, que las cosas cambien.
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