Prensa > Tengo Derecho > Editorial 20 de marzo de 2004

Bergés-Etchecolatz, el primer juicio 
contra represores en La Plata 


El jueves comenzó el primer juicio a genocidas en La Plata. Fue histórico. Es que es la primera vez que los ciudadanos platenses pueden tener en sus tribunales a los criminales que asolaron esta ciudad y la zona durante la última dictadura.

Este juicio es una verdadera satisfacción para el movimiento de Derechos Humanos, que siempre bregó por la Verdad y la Justicia y que creyó, a pesar de todo, en la Constitución y en las instituciones de la República.

El juicio, asimismo, refleja un signo de madurez en la justicia platense, que carga pesadamente con el triste antecedente de no haber hecho nada por años en las causas por violaciones a los Derechos Humanos.

Quienes presenciaron la jornada del jueves tuvieron sus altibajos anímicos. Se pasó de la emoción de haber logrado que dos canallas tengan que responder ante un tribunal, a la angustia de los planteos de la defensa o a la impotencia por la desfachatez esquizofrénica de Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Pero cuando argumentaron los abogados de la APDH La Plata y de Abuelas y los fiscales, gobernó la tranquilidad de saberse dueños de la verdad.

De los dos represores no se puede esperar ninguna verdad y eso, a esta altura, es de perogrullo. Lo único que pueden hacer, y que en este caso hizo Miguel Etchecolatz dado que Bergés se negó a declarar, es enterrarse más, inculparse más en los crímenes que cometieron.

La indagatoria de Etchecolatz fue patética. Esta vez culpó al Ejército por los "prisioneros de guerra" y dijo que los policías no participaban en la represión ilegal dentro de los centros clandestinos.

Esto no lo había dicho nunca. Ese es un argumento tal vez creíble para un cabo. Pero no para el amo y señor de la Policía bonaerense.

Etchecolatz no se hizo responsable ni de un acto. Nunca tuvo dignidad y hoy lo ratificó. La cobardía de no asumir un solo acto lo pintó de arriba abajo.

Llegamos. El juicio y castigo, una consigna tan cara a los sentimientos de quienes luchamos por la vigencia y promoción de los derechos humanos, comenzó a ser esta semana una realidad en La Plata.

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