Prensa > Tengo Derecho > Editorial 16 de octubre de 2004

A 512 años del encubrimiento de América, 
siguen sonando discursos represores


El 12 de octubre no trae sólo un nuevo aniversario más del comienzo de la conquista de América, sino el recuerdo del genocidio que exterminó a cerca de 100 millones de los habitantes que habían construido en estas tierras sus pueblos y sus culturas.

Y este 12 de octubre, lamentablemente, tuvimos que encontrarnos con un discurso reivindicador de ese genocidio, por parte de un representante del entonces Imperio, y los comentarios poco afortunados de un pretendido historiador, que sigue hablando de "culturas inferiores".

En los "festejos" del mal llamado "Día de la Raza", el cónsul español en Córdoba se despachó con una frase discriminatoria y, de paso, propia de un ignorante. Dijo el cónsul Pablo Sánchez Terán: "Mucho peor estaríais o estaríamos bajo las civilizaciones incaicas, aztecas, mapuches, sioux, apaches, que han sido idealizadas por historiadores y antropólogos, cuando es bien conocida su división de castas y su carácter imperialista y sanguinario".

Aparte de una igualación antropológicamente cuestionable entre los diferentes pueblos, aparte de ser un mentiroso, el cónsul español es un hombre con una buena cara de piedra. Habla de pueblos originarios que eran "imperialistas y sanguinarios", como si los españoles hubieran llegado, a lo que ellos llamaron América, con el fin de compartir las riquezas naturales y celebrar la amistad bajo el luminoso y beatificador brillo de la Cruz y la Espada.

En tanto, el director de la Academia Argentina de Historia, Juan José Cresto, dijo en una columna del diario Clarín que los pueblos originarios eran "muy inferiores" al lado de la civilización europea, cuyos integrantes encontraron en América a unos "indios antropófagos en estado de desnudez".

Ya vemos que a 512 años del último día de libertad, los discursos siguen sonando represores. Los años pasan pero.... las mismas palabras justificativas del genocidio, quedan.

Y la exclusión también. El último censo de 2001 determinó que en la Argentina hay un millón de descendientes de los pueblos originarios y que menos del 30% tiene título de propiedad de sus tierras.

En el Congreso se está tratando un proyecto de ley que suspende la ejecución de las sentencias de desalojos contra las comunidades indígenas, en sintonía con la letra de la Constitución Nacional, que reconoce los derechos de los pueblos originarios.

Sería bueno que esa letra de la Constitución sea la que prevalezca en los próximos 12 de octubre, y no la letra de la palabra discriminatoria, imperialista y, sobre todo, mentirosa.

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