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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 13 de diciembre de 2003
20
años de transición hacia la democracia
El 10 de diciembre se cumplieron 20 años de la finalización formal de la dictadura y el comienzo de la transición hacia la democracia. Decimos "transición hacia" y no simplemente "democracia", por la sencilla razón de que en la Argentina no vivimos un pleno estado de derecho en el que la totalidad o la gran mayoría de los ciudadanos tengan cumplimentados sus Derechos Humanos.
Hablando en concreto, la Argentina vive a fines de 2003 una de las crisis sociales más graves de su historia, con desocupación récord durante varios años, distribución del ingreso más desigual que nunca, Estado desmantelado, salud y educación públicas desfinanciadas, y el hambre que acecha a más de la mitad de la población, en un país sembrado de trigo y habitado por los vacunos más exquisitos del mundo.
A todo esto se le suma una crisis institucional que parece no tener fondo, y que sin embargo este año se vio menguada por el impulso renovador en la Corte Suprema de Justicia. Pero aquí estamos, nuevamente, hablando de las coimas en el Senado y preguntándonos si esta vez va a haber Juicio y Castigo para los corruptos.
Todo esto no quita que sea rescatable que la Argentina y los argentinos hayamos aprendido del pasado, y que, por ejemplo, hayamos aceptado la regularidad del voto y que el sonido de las botas y los tanques marchando se escuche sólo cuando hay desfiles militares.
La transición a la democracia que supimos conseguir en estos últimos 20 años tiene otras cosas para rescatar, además de la costumbre a la elección por voto de los gobernantes.
La sociedad se hizo más pluralista, hay un respeto mayor hacia el pensamiento diferente, hacia las costumbres diferentes, hacia las minorías sexuales y hacia la libertad de expresión. En otras palabras, hay una mejor convivencia, a pesar de todo.
Pero está visto que esto no alcanza. Mientras la censura o la persecución ideológica parecen cosa del pasado, el presente está cargado de injusticias cotidianas de las que cada vez está más claro cuáles son sus causas y cuáles sus soluciones, y aún así resulta dificil vislumbrar un futuro mejor.
De nosotros, de cada uno de nosotros, de vos, de usted, de él o de ella, depende que la Argentina consiga un rumbo y un proyecto de Nación. El voto cada dos años o el pluralismo en el pensamiento son herramientas, sí, para un futuro mejor. Pero no hay que olvidarse de la intención, de la voluntad y de la acción.
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