Prensa > Tengo Derecho > Editorial 13 de agosto de 2005

Tortura con picana eléctrica en la Unidad 9 de La Plata



Esta semana se conoció el que sería el primer caso, comprobado bajo pericias, de un torturado con picana eléctrica desde el fin de la dictadura.

El episodio, que estremece, sucedió en la nefasta Unidad 9 de La Plata, la misma cárcel que, durante el régimen cívico-militar que sometió a la sociedad argentina entre 1976 y 1983, funcionaba casi como un centro clandestino de detención, pero legalizado. No es casual entonces dónde pasan y cómo pasan las cosas.

El miércoles, la Comisión Provincial por la Memoria denunció que el interno Cristian López Toledo había sido torturado con picana el 10 de mayo pasado, precisamente cinco días después de que la propia Comisión hiciera una visita de rutina (y de sorpresa) para hablar con los presos.

López Toledo fue uno de los que se entrevistó con la Comisión, y varios días después recibió un "reproche" de parte de un grupo de guardias vestidos con la ropa de la División Traslados del Servicio Penitenciario. Acto seguido, lo ataron a una cama y le aplicaron corriente eléctrica en los pies.

Las marcas de la tortura en un pie de López Toledo fueron observadas por médicos que comprobaron el paso de corriente eléctrica. Esta pericia fue incluida en el expediente en el que se denunció la tortura y que está a cargo de la fiscal Virginia Bravo.

La Comisión por la Memoria señaló que por debajo de un sistema político que pareciera saneado y dentro de la democracia, subsiste un sistema subterráneo en el que las cárceles parecen ser la continuidad de la propia dictadura, con regímenes de detención plagados de golpes, torturas y amenazas de muerte para quien denuncie semejantes tratos inhumanos y degradantes.

Este sistema, que empezó a denunciarse y documentarse hace años, es el que las autoridades tienen que desterrar. Y no bajo anuncios grandilocuentes de reformas e intervenciones en el Servicio Penitenciario, sino con una acción firme para investigar, desplazar y condenar a los torturadores.

Ese accionar firme debe venir tanto del Poder Ejecutivo como del Poder Judicial que debe ser el que tiene que actuar en forma rápida, sin demorar por meses una pericia o una investigación que lleva pocos días.
De otra manera, toda prédica contra la tortura además de estéril, será hipócrita.

Ir arriba