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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 13 de marzo de
2004 Vuelve
a pagarse la deuda, sin discusión sobre su origen
El martes de esta semana que termina, el Gobierno nacional pagó al Fondo Monetario Internacional 3 mil ciento cincuenta millones de dólares y pareciera, por la espectacularización que hicieron de la noticia los grandes medios, que el país ya no está al borde del abismo.
"Se evitó el default", dijeron los entendidos, luego de que esa cifra astronómica saliera de las arcas de la Nación para pagar la insufrible, interminable, y también, ilegal y fraudulenta deuda externa.
Es decir: a pesar de los gestos duros, de las declaraciones altisonantes, del alarde de una economía pretendidamente estable y en crecimiento, en la Argentina se sigue pagando la deuda externa sin ponerse en discusión su origen.
Poco falta para que se cumplan cuatro años de la muerte del patriota Alejandro Olmos, quien realizó la primer denuncia sobre el origen ilegal y fraudulento de la deuda. Nada a pasado tras estos cuatro años. Nada ha pasado tras el fallo del juez Ballestero que, a partir de la denuncia de Olmos, intimó al Congreso Nacional a investigar la cuestión.
Incluso si se dejan de lado los matices verbales y se analiza el texto del acuerdo, el de las famosas "metas" a las que el Gobierno tiene que llegar para no hacer enojar del todo al Fondo, uno advierte que el lenguaje técnico sigue siendo más o menos el mismo que en los últimos años. La Argentina se compromete, el Fondo Monetario aprueba. Así sigue siendo el esquema de poder, lamentablemente.
Organismos sociales, políticas y de Derechos Humanos se manifestaron el martes en Buenos, en el día "D" del default, para oponerse al pago de la deuda externa y al ingreso argentino al Area de Libre Comercio de las Américas.
La consigna "no pagar a costa del hambre del pueblo", la misma que ha usado el Presidente en alguno de sus discursos, está pronta a ser incorporada al reclamo del próximo 24 de marzo, cuando se conmemoren 28 años del golpe genocida de 1976.
Sería bueno escuchar esa consigna y actuar en consecuencia. Sería bueno cambiar el eje de la discusión y, en lugar de discutir si hay que pagar o no la deuda, empezar a preguntarnos cuál es su origen y si, realmente, la deuda externa es como se dice que es.
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