Prensa > Tengo Derecho > Editorial 12 de junio de 2004

Militares confesos y escurridizos


La primer confesión de un militar en actividad, realizada por un coronel cordobés sobre los crímenes cometidos por él mismo y por sus camaradas durante la dictadura, no debe ser tomada como un acto de arrepentimiento sincero o, incluso, como si fuera un buen acto.

Las afirmaciones del teniente coronel Gullermo Bruno Laborda son una prueba concreta de su responsabilidad en los crímenes y de su clara condición, sin ningún tipo de matices, de genocida. Y son, a la vez, un relato trágico, atroz, pero necesario de una parte de la historia argentina.

Bruno Laborda dijo, en un expediente militar, que participó en ejecuciones de detenidos, enterramientos clandestinos y destrucción de cadáveres en la Guarnición Militar Córdoba, entre 1977 y 1979. Precisó también que participó del asesinato de una mujer que acababa de dar a luz a una criatura, de un pelotón de fusilamiento contra cuatro prisioneros y de la exhumación y destrucción de restos humanos en aquélla Guarnición.

Esta historia tremenda no debe quedar en la mera anécdota de la confesión. Cuando un asesino admite un crimen, tiene que ir a la cárcel. Y por el carácter aberrante de los hechos que confesó Guillermo Bruno Laborda, la pena no puede ser otra que la cadena perpetua. El confeso asesino ya está detenido, por vulnerar normas militares, y el lunes tendrá que vérselas ante la Justicia federal cordobesa.

Otro militar, también cordobés, eligió esta semana un camino distino: el de esconderse. Hablamos de Nicolás Barros Uriburu, que el miércoles no se presentó a declarar en el Juicio por la Verdad de La Plata.

Acusado también de delitos graves, como ejecuciones y quema de cadáveres en una unidad militar del Gran Buenos Aires, Barros Uriburu mandó dos abogados, planteó un clásico argumento de los represores y hasta pidió plata para viajar, lo que suena, por su rango de coronel, un tanto despreciativo para la Justicia.

Confesos o escurridizos, los militares genocidas deben estar ante la Justicia. Eso es lo que debe pasar. Que 28 años después, rindan las cuentas que tengan que rendir y reciban el Juicio y Castigo que la sociedad exige.

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