Prensa > Tengo Derecho > Editorial 11 de diciembre de 2004

La infancia pobre de Argentina


Hace dos años, en lo peor de la crisis económica, el país se conmovía y se indignaba cuando la televisión mostraba a los chicos desnutridos de Tucumán. Era una realidad difícil de tragar a la hora de la cena. Muchos se preguntaban cómo podía pasar eso en un país tan rico.

Y a dos años de eso, hoy, en diciembre de 2004, parece que no ocurriera. Si no lo muestra la televisión, no existe.

Pero un informe de Unicef Argentina indica que el 62,7 por ciento de los chicos está bajo la línea de pobreza. Y entre los que son indigentes, es decir, aquellos que no tienen recursos para una alimentación adecuada, la mitad de ellos no recibe ningún subsidio del Estado; ni de las ONGs; ni de nadie. Sobrevive como puede.

Es alarmante también el crecimiento del trabajo infantil: se incrementó 26 puntos porcentuales en los últimos cinco años en los conglomerados urbanos. Esto significa que trabaja, en lugar de estudiar, el 31 por ciento de los menores de 15 años.

Ayer se cumplieron 56 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el país se realizaron actos, charlas, entregas de premios y un sinnúmero de actividades para conmemorar ese día, que en la Argentina tiene una doble significancia ya que refiere también al comienzo de la construcción de nuestra democracia.

Es importante acordarse de los niños también, aquellos que por el hecho de no poder valerse por sí mismos sufre aún más la vulneración de sus Derechos Humanos.

La semana pasada recordamos la situación de hambre que la población pobre dijo pasar ante los encuestadores de la Cruz Roja. Y señalamos aquí la necesidad de una acción social más completa. Si no nos acordamos de ese 50% de chicos que no reciben ayuda social, mejor no nos lamentemos después cuando veamos en la televisión un cuerpo desnutrido.

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