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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 11 de
septiembre de
2004
A 31 años del
golpe en Chile, juicio a Pinochet
Hoy es 11 de septiembre y en Latinoamérica es la fecha emblemática de la represión y la muerte. Hace 31 años, las Fuerzas Armadas chilenas, daban el golpe de Estado más sangriento de los '70, que iniciaba una serie de dictaduras tenebrosas en el Cono Sur, coordinadas entre sí para lograr la eliminación sistemática de personas, sus familiares cercanos o lejanos, sus hijos nacidos o por nacer y todo aquel que pensara distinto.
Es una fecha especial, por lo que todavía significa la figura de Augusto Pinochet, símbolo de la impunidad que aún hoy está en condiciones de ser juzgado y condenado.
Sí, con sus 88 años, este viejito que parece decrépito pero no lo es, entró en las últimas semanas en un nuevo proceso de enjuciamiento, referente precisamente al Plan Cóndor. Con ese nombre del ave de los Andes, ese Cóndor que según algunos archivos sería el propio Pinochet, las dictaduras latinoamericanas intercambiaron prisioneros para perfeccionar sus crímenes y evitar el exilio de sus perseguidos.
A tal punto llegaron estos terroristas de Estado que incluso lograron dos asesinatos con coche bomba en Estados Unidos, país en donde 28 años después otros terroristas los imitarían, pero a gran escala.
Así como a los nazis se los buscó, enjuició y condenó a edades incluso mayores a las de Pinochet (hay casos de 90 y pico de años), de la misma manera el viejo dictador debería ser juzgado.
Es irónico, pero a veces así es la historia, que el componente económico haya sido un factor negativo en la balanza a la hora de que la Justicia chilena decidiera abrir el proceso contra Pinochet. El descubrimiento de sus millonarias cuentas secretas en Estados Unidos irritó a más de uno que lo creía un general honesto; que hizo un trabajo sucio, claro, pero al que nadie podía acusar de ladrón.
El criminal, lo sabe cualquier principiante, muchas veces no distingue. Pero la Justicia sí debe distinguir. El mítico Al Capone se dedicaba al contrabando y fue juzgado por evasión de impuestos. Parece una cargada en el caso de Pinochet, responsable del asesinato de miles de personas, pero la historia o, mejor dicho, los hombres, a veces se mueven así.
31 años han luchado los familiares de los detenidos-desaparecidos chilenos, en una sociedad que en parte todavía los ignora o no les tienen el respeto que aquí tienen las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Esa lucha de los chilenos, entonces, se vuelve más digna y más reconocible: que se vuelvan a abrir procesos judiciales contra Pinochet es un signo de madurez de la democracia trasandina, que no debe dejar impunes los crímenes del pasado.
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