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Prensa
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Editorial 9 de julio de 2005
Los
atentados en Londres
Cuando
el primer ministro británico Tony Blair salió
a dar la cara ante las cámaras de televisión,
después de los poco sorpresivos atentados en Londres,
no dijo nada nuevo. Sólo se arrogó la voluntad
espiritual de sus gobernados, para decir: "Continuaremos
con nuestra forma de vida".
Claro está que uno no sabe si se refería a
seguir tomando el té a las 5 de la tarde o a continuar
con el estilo imperial de dominación que Inglaterra
adoptó desde por lo menos el siglo XV, cuando con
otros reinos europeos se lanzó a conquistar el mundo,
generar esclavos y configurar un mundo de muerte y destrucción.
Los británicos parecieron muy calmados ante el estallido
de cuatro bombas en su sistema de transporte. Nada de gritos,
ni llantos ni escenas desgarradoras. Con la censura y autocensura
incluidas, la impresión que dejan los atentados es
que todo el mundo los esperaba. Y habrá que acostumbrarse
a que las cosas sean así.
Acostumbrarse, decimos, a seguir viendo muerte y destrucción
ya sea en las principales ciudades de occidente como en
las principales de Medio Oriente. Y en el caso de estas
últimas, no por decisión de fanáticos
terroristas sino por una suerte de "obligación
moral" contenida en "ese mundo civilizado"
al que adhiere Tony Blair. Y que no es otra cosa que terrorismo
disfrazado de libertad.
De esta manera, uno ya puede ir haciendo apuestas de cuándo
y dónde será el próximo atentado de
Al Qaeda, si en Roma, París o Dinamarca, como estrambóticamente
sugirió el comunicado de la red terrorista de esta
semana.
Así como la primera reacción de Tony Blair
luego de los atentados fue defender su mundo civilizado,
para oponerlo a la supuesta "barbarie terrorista",
igual de patética y forzada fue la reacción
de la cumbre del G8, que resolvió duplicar la ayuda
económica a los países de Africa y en vías
de desarrollo.
Esta reacción forzada por los acontecimientos en
Londres, que da el mensaje de "miren qué sensibles
que somos", redundará en que los pobres negritos
de Africa recibirán, recién en 2010, un plato
de arroz más, que comerán ahora a la noche.
En un mundo desigual, al que se intenta democratizar a fuerza
de bombas, estas reacciones sólo dan la pauta de
que las cosas seguirán de la misma manera. Es lamentable
que sea así pero parece que habrá que acostumbrarse:
en lugar de asumir errores y buscar soluciones, los que
desparraman terror por el mundo están seguros de
que lo que están haciendo, lo hacen por la seguridad.
La seguridad, decimos nosotros, de sus propios intereses
de dominación y de exterminio.
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