Prensa > Tengo Derecho > Editorial 6 de marzo de 2004

El discurso del Jefe de la Armada


El tan comentado discurso del Jefe de la Armada, Jorge Godoy, producido el miércoles pasado, necesita de una crítica que exija que se pase de las palabras a los hechos.

Godoy admitió el miércoles que en la Escuela de Mecánica de la Armada, el más grande centro clandestino de detención de la última dictadura, se cometieron "hechos calificados como aberrantes y agraviantes de la dignidad humana, la ética y la ley". "Hechos -dijo Godoy- que nada ni nadie podría justificar".

Esta suerte de autocrítica sintoniza con los pensamientos del Presidente Néstor Kirchner. Y es saludable que no haya cortocircuito entre lo que dice el Poder Ejecutivo y lo que dicen las Fuerzas Armadas.

Pero, como lo han señalado varios integrantes de organismos de Derechos Humanos, la cosa no puede quedar en el discurso. 

Decimos que no pueden ser meras palabras porque se hace necesario seguir reclamando que todos los integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, y no sólo el jefe de una de las tres fuerzas, hablen de la dictadura, aporten la información aún necesaria para saber qué pasó; se sometan a los dictámenes de la Justicia y, de ser el caso, paguen con la cárcel los crímenes que cometieron.

Se podría interpretar que la la referencia, sin nombrarla, a la Escuela de Mecánica por parte del Jefe de la Armada, es más un apoyo político al Presidente que una "autocrítica", como gustan defenderla los medios.

Es que en este momento el Poder Ejecutivo proyecta crear un "Museo de la Memoria" en el predio donde funcionó el más terrible centro clandestino de detención. Esta iniciativa es interesante, si se cuenta con la preservación del lugar tal como está para servir como prueba judicial. 

En este sentido, los organismos de Derechos Humanos vienen reclamando el desalojo de los marinos de la ESMA y la creación de un lugar donde se recuerde el genocidio argentino y donde se preserve la memoria para las futuras generaciones. Para que el Nunca Más sea efectivo.

Y el reclamo de los organismos se hace extensivo a todos los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención. 

La memoria se mantiene viva en los testimonios pero también en los lugares. Preservar la ESMA y los sitios en los que se reprimió al pueblo debe ser un imperativo de cada uno de nosotros.

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