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Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 5 de junio de
2004
Tropas
a Haití, un peligroso antecedente
Esta semana estuvo en discusión en el Congreso Nacional la posibilidad, a esta altura casi certeza, del envío de tropas argentinas a Haití para resolver vaya uno a saber qué situación de crisis que se vive en ese país.
El Senado dio su aprobación a esta polémica iniciativa y en la Cámara de Diputados el proyecto se aprobó en comisión, por lo que esta semana habrá un duro debate que definirá qué va a pasar.
Lo cierto es que es el Gobierno el que propone el envío de tropas y ya unos cuantos legisladores dieron su visto bueno. Así, más de 500 soldados argentinos irán al Caribe con el fin de "imponer" la paz en Haití.
Antes de meternos en la cuestión de fondo, aquí ya hay una cuestión semántica para plantear. ¿Qué es esto de "imponer la paz"? ¿Hay guerra en Haití? ¿Alguien puede decir en qué consiste la guerra que se produce en Haití?.
En realidad, la situación en ese país no parece mayor a la de cualquier conflicto interno, con gravedad institucional, que debe resolver el pueblo haitiano por sus propios medios, respondiendo al principio de autodeterminación de los pueblos. Un envío de tropas en este contexto, por más que esté dirigido por el desprestigiado mando de las Naciones Unidas, se parece más que nada a una invasión.
Y es más que claro que aquí está la mano de Estados Unidos, quien junto a Francia fue el primer país en llevar tropas a Haití, tras la caída del gobierno de Aristide. Cualquier analista ha interpretado como un gesto hacia Estados Unidos el envío de tropas argentinas a Haití, que estarán también junto a militares de Chile y Brasil.
Esta suerte de fuerza armada sudamericana es una situación totalmente novedosa y le viene como anillo al dedo a los yanquis, que así no compremeten a sus soldados justo en un año electoral. Nadie puede negar que Bush ya no quiere más problemas con guerras, y menos en este continente.
Es peligroso como antecedente, la formacion de esta "fuerza de paz", que podría comenzar a usarse cuando "la situación lo requiera", con la ambigüedad de estos términos, para resolver conflictos en cualquier otro país sudamericano: léase Colombia, Venezuela, Cuba.
El diseño de una política latinoamerica de paz debe salir del consenso de los propios países, y no de las potencias centrales que, claro está, actuán según sus intereses. Hay que saber distinguir el lobo del cordero y el amigo, del enemigo.
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