|
|
|
Prensa
> Tengo Derecho > Editorial 4 de
diciembre de
2004
El hambre y la
política social del Gobierno
Un estudio de la Cruz Roja Internacional
conocido esta semana indica que el 70 por ciento de la población pobre del
norte del país asegura que pasa "hambre" y que tuvo que reducir su
dieta alimentaria a raíz de la crisis económica.
El mismo estudio señala que el 43,3 por ciento de los pobres de la misma
región ha asegurado a los encuestadores que pasa "mucha hambre".
Estamos hablando de un trabajo de la Cruz Roja; es decir: un organismo
internacional humanitario serio, responsable, y sin intenciones político
partidarias dentro de nuestro país.
Estas cifras están íntimamente relacionadas con la desnutrición infantil,
más grave en las provincias más pobres. Y también con el hacinamiento, que en
el norte abarca al 49 por ciento de los hogares, con falta de agua corriente en
el 45 por ciento y con 6 de cada 10 viviendas sin sistema de cloacas.
El estudio no hace ninguna relación entre este panorama y el problema que se ha
vuelto para el Gobierno iniciar el canje de bonos de la deuda externa, a fin de
lograr la pregonada quita de capital del ministro Lavagna.
Pero uno no puede dejar de relacionarlos, al menos por el sólo hecho de haber
sido noticias esta semana.
Culminando el año, el Gobierno nacional parece haberse enfrascado en las
ilusiones de oriente, dando anuncios que prometen futuros mejores pero sin
ninguna precisión sobre cómo se llegará a esto. El país parece convertido en
una extensa y siempre abierta sala de recepción de mandatarios extranjeros
-chinos, taiwaneses, coreanos y hasta el rey de Marruecos- y ese parece ser el
principal Plan de Gobierno.
En esta semana se conmemoro el miércoles el Día Internacional de la Lucha
contra el Sida. Y se conoció que en la zona metropolitana, el SIDA empieza a
ser cada vez más una enfermedad mortal de la pobreza; ocurre que la mayoría de
los fallecidos por padecerla son gente sin techo, ex presos, travestis y
usuarios de drogas intravenosas. Es decir, marginados sociales que, si bien
logran empezar un tratamiento, no pueden continuarlo o terminarlo.
Es otro dato de la crisis, que sumado al de los pobres que pasan hambre en el
norte, indica que hay mucho más que hacer en materia social que recibir a
visitantes extranjeros. Ojalá que con el 2005 venga una política social más
activa, que sea bastante mejor a un aumento periódico de 20 pesos de la
jubilación mínima o a una renovación constante de los ya maltrechos Planes
Jefes y Jefas de Hogar. Los que pasan hambre y los que no lo dicen por
vergüenza, merecen algo mejor.
|