Prensa > Comunicados > 1976  - 24 de marzo - 2006

Treinta años, la misma lucha.


El aniversario N° 30 del golpe que instauró la última dictadura cívico militar ha adquirido una presencia social y política que pocos hubieran imaginado hace 10 o 15 años, cuando los organismos de derechos humanos manteníamos en alto las banderas en el desolado panorama nacional post-indulto.

Varios factores se conjugaron para que así sea. Indudablemente, el enorme avance de la conciencia social sobre la atrocidad de los crímenes propiciado por los juicios que a lo largo y a lo ancho de todo el país volvieron a poner en el centro de la discusión pública la necesidad de cerrar este nefasto período a través del accionar de la justicia judicial.

Esos mismos juicios permitieron también sacar a la luz un aspecto mucho menos difundido que aquellos crímenes, pero que resultó central para la elaboración del plan de aniquilamiento: de qué manera los beneficiarios de la transformación estructural que la Argentina sufrió a partir de 1976 estaban detrás de la represión, dirigiendo sus esfuerzos asesinos y utilizándolos para multiplicar sus riquezas desembarazándose de los delegados obreros que obstaculizaban el avance hacia la apropiación absoluta de la riqueza nacional.

El cambio de actitud de las autoridades nacionales sobre esta cuestión ha jugado también un papel al poner al servicio de esta causa recursos inalcanzables para los organismos de la sociedad civil, aunque esos recursos sean pocos todavía. Los juzgados y fiscalías federales continúan arrastrando una notable falta de recursos y el nuevo feriado no se ha visto acompañado, por ejemplo, de la distribución de material que permita a los docentes abordar adecuadamente el tema.

Las actividades se multiplican: charlas, paneles, películas, talleres en las escuelas, actos, marchas, proyectos como el que promueve la transformación de lo que fue el Batallón de Infantería de Marina N° 3 en un Museo de la Memoria para la región. Estamos frente a una oportunidad histórica de llegar a grandes sectores de la sociedad con nuestra prédica de Verdad y con los sólidos argumentos que nos permitieron y nos permiten aún sostener nuestro reclamo de Justicia.

Sin embargo, los vientos favorables de hoy no deben hacernos pensar que las expresiones reaccionarias defensoras de los asesinos están inmóviles o definitivamente derrotadas. Este 24 de marzo nos ha encontrado también frente a otro panorama que resulta muy preocupante y que debería convocarnos a todos en torno al respaldo y la defensa de nuestros compañeros.

El hallazgo del último nieto recuperado, nacido en La Plata pero con abuelas marplatenses, provocó una serie de amenazas a los abuelos Tasca y a la filial de Abuelas de Plaza de Mayo en esa ciudad, por parte de un grupo autodenominado "24 de marzo".

Por el mismo tiempo, las Secretarías de Derechos Humanos nacional y provincial, las abuelas, hijos y madres de Mar del Plata realizaron una denuncia contra el juez marplatense Pedro Hooft, un hombre acusado de complicidad con los crímenes de la dictadura, pero que supo reciclarse en los nuevos tiempos presentándose como adalid de la bioética y tejiendo una sólida red de alianzas. Los organismos denunciantes fueron amenazados.

En Córdoba, Sonia Torres, responsable de la filial local de Abuelas de Plaza de Mayo, fue atacada por un grupo de encapuchados que la golpearon y le hicieron un simulacro de fusilamiento. Chaco también fue escenario de amenazas a quienes impulsan la investigación por el crimen de Margarita Belén y el juicio político a los jueces cómplices.

Los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas nos siguen espiando en franca violación por parte de sectores militares de los acuerdos a los que la sociedad argentina arribó para desterrar de su vida interna el accionar represivo que sufrió durante la dictadura.

Por otra parte, los episodios de Las Heras, Santa Cruz, denunciados por todos los organismos de derechos humanos, donde se ha cometido toda clase de atropellos en la investigación de una muerte que todos repudiamos. La interna partidaria distrae la atención nacional y el discurso progresista del presidente no logra transformarse en hechos en su propia provincia.

En torno a estos episodios, entonces, unidad de todos los sectores populares y la exigencia a los órganos del estado de investigación inmediata, urgente y profunda. Los funcionarios que hoy se suben al carro de la memoria en búsqueda de réditos políticos, harán bien en demostrar la autenticidad de sus convicciones respaldando a los organismos de derechos humanos y a los luchadores que en estos últimos 30 años pusieron el cuerpo por la vigencia de la Verdad y la Justicia

Mesa Directiva

La Plata, 23 de marzo de 2006.

 


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