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Mesa
Directiva > Declaración sobre Irak, Palestina y Cuba
El derecho inalienable de los
pueblos
a escribir su propia historia
Difundida el
28 de mayo de 2004
La Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos La Plata expresa su repudio y
preocupación ante el constante avasallamiento del derecho de
autodeterminación de los pueblos y su consecuente violación a los
derechos humanos más fundamentales por parte de los Estados Unidos de
Norteamérica, el estado de Israel y sus aliados.
Observamos consternados la invasión
a Irak con pretextos caracterizados por una falta de veracidad
absolutamente inmoral que ha traído solamente dolor y muerte al
pueblo iraquí. Los bombardeos a mansalva no fueron suficientes para
los aliados y entonces han torturado a los prisioneros con una
metodología que nos retrotrae a los argentinos a tiempos no tan
lejanos.
Es necesario el urgente retiro de las
tropas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de Irak y la
reconstrucción de un país auténticamente soberano.
El gobierno de George W. Bush ha
resuelto recientemente disponer de 59 millones de dólares en los
próximos dos años para financiar las acciones dirigidas a la
destrucción de la Revolución Cubana. Continúa así su enfermiza
obsesión con la República de Cuba, el país más consecuente de
Latinoamérica en no acatar, durante cuarenta y cinco años, las
órdenes emanadas de aquellos que inspirados en el “Destino
Manifiesto” se creen dueños del mundo.
Mientras tanto, Ariel Sharon
continúa con su política genocida arrasando con sus topadoras y
tanques a la población civil, y creando ghettos palestinos. La
barbarie es tal que el Consejo de Seguridad de la ONU condenó a
Israel por asesinatos y demoliciones de casas en Gaza, aunque el
propio Israel, como así también Estados Unidos, suele ignorar las
resoluciones de los organismos internacionales. Las palabras de Bush
diciendo que "Israel es una democracia y tiene todo el derecho a
defenderse del terrorismo" son una nueva evidencia del “trabajo
conjunto” de las dos naciones.
Un proceso de Paz entre Palestina e
Israel es posible, y debe elegirse el camino de la convivencia
pacífica y no el de la matanza para lograrlo.
Es necesario que todos las
organizaciones populares y de Derechos Humanos, como así también la
humanidad entera haga oír su voz, no solamente repudiando estos actos
y otros tantos similares, sino también exigiendo a los Organismos
Internacionales que hagan cumplir sus resoluciones.
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