Mesa Directiva > Declaración sobre las reformas penales a partir del caso "Blumberg"

La seguridad no es una cuestión penal 

Difundida el 13 de abril de 2004


La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata expresa su rechazo a la promoción y sanción de leyes que contribuyan a elevar las penas para los delitos. 

Este organismo entiende que esa no es la solución al problema de seguridad. La fórmula de aumentar las penas o de endurecer los regímenes carcelarios ha sido ya usada en reiteradas oportunidades, toda vez que se ha querido calmar el hartazgo social por el aumento del delito, y ha demostrado su inutilidad para paliar la situación y su eficacia para empeorar las condiciones de detención violatorias de los derechos humanos en cárceles y comisarías. 

Ya hemos tenido en la provincia de Buenos Aires medidas de este tenor -como el endurecimiento de la ley de excarcelaciones y la promoción de la derogación de la denominada ley del "dos por uno", concretada por el Congreso el año pasado- durante la gobernación de Carlos Ruckauf, que no sólo impulsó esas reformas legislativas sino que convocó a la Policía a "meterle bala a los delincuentes", dando el aval político a los asesinatos a manos de policías. 

Al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad siguen siendo corruptas. En lugar de prevenir y reprimir el delito, lo cometen y lo alientan. La Policía bonaerense ha estado por acción u omisión envuelta en cada gran delito de los últimos años. 

La reputación del Servicio Penitenciario Bonaerense es tan buena como la de los policías: los torturadores de la dictadura siguen en funciones, se coopta a los presos para que "salgan" de su presidio a delinquir y se los somete a un trato inhumano y degradante. 
Con este esquema en las fuerzas de seguridad, no hay margen para la legalidad. No hay endurecimiento de penas que revierta la situación delictiva si no se atacan los focos de corrupción y delito en las instituciones que deben prevenirlos.

Pero la prioridad número uno de los gobiernos debe ser la modificación del estado actual de distribución del ingreso. En los últimos años hemos perdido la seguridad laboral y la seguridad social. Cómo, entonces, no perder la seguridad física.

Para terminar con la violencia social hay que empezar por enfrentar la primera de las violencias: la del hambre.

De manera que tanto los gobiernos Nacional y Provincial, como los legisladores y el Poder Judicial, deben dejar de dar rodeos sobre la cuestión penal y comenzar a actuar sobre la cuestión social. Se ve muy apurados a los gobernantes y a los legisladores en sancionar nuevas leyes penales y a los fiscales y jueces en denunciar y perseguir la legítima protesta social. Pero no hay respuestas para el hambre, la falta de trabajo y la vida indigna. 

La APDH La Plata también rechaza, una vez más, la propuesta de bajar la edad de imputabilidad de los delitos. La respuesta que conlleva esa medida para los niños es simple y aberrante: cambiar la familia y la escuela por la cárcel. En lugar de facilitar el acceso a la educación y a la vida digna de los niños que cometen delitos, la promoción de esa propuesta es "facilista", siniestra y deja en evidencia a una sociedad que, una vez más, le da vuelta la cara a uno de sus más graves problemas. 

Por último, la APDH La Plata ve con preocupación que cierto sector de la sociedad se plantee para analizar y decidir sobre este tema la falsa dicotomía entre "sociedad" y "delincuentes", como si estos últimos no fueran parte y producto de aquella. Esta misma línea argumental bipolar ha servido a un amplio sector para decir que "se defienden los derechos humanos de los delincuentes" y no los de la sociedad. 

La defensa de los derechos humanos no tiene distinción. Los derechos humanos son de la sociedad y el único que puede ponerlos en peligro es el Estado. Es por eso que las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos se encargan de vigilar que el Estado, en todos sus estamentos, cumpla con ellos. Es decir, los organismos velan para que el Estado no delinca. 

Cuando los delitos los cometen los ciudadanos son las instituciones del Estado las que deben intervenir, basadas en el respeto a los derechos humanos, que constituyen un compromiso internacional e ineludible de nuestra nación. 

Por eso, una vez más, la APDH La Plata reitera que la seguridad no es un problema solucionable con la ley penal. El aumento de la capacidad represiva del Estado no contribuirá a que vivamos en un mundo libre del temor y la miseria.

Mesa Directiva
La Plata, 13 de abril de 2004

   


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