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De Onganía a Brinzoni y de Ruckauf a Ruckauf

Difundida el 24 de junio de 2002


La ideología de la Seguridad Nacional se recicla porque es el único soporte que se vislumbra como capaz de sostener en el tiempo la aplicación del genocidio económico-social que el presidente provisional de la Nación, junto a su equipo y por decisión del Fondo Monetario Internacional, cometen contra la mayor parte de los trabajadores argentinos y sus familias.

Ricardo Brinzoni vaticina desbordes populares ante la gravísima crisis social y reclama para el Ejército la potestad de intervenir en la represión interna. Cuenta para ello con el respaldo del ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, mentor de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Mientras el Fiscal General de Trenque Lauquen, Arnaldo Mútolo, pide campos de concentración, el gobierno nacional amenaza a las manifestaciones populares con mayor represión y esgrime el fantasma de la unificación de las fuerzas de seguridad internas y externas, que sería el preludio de la extinción de los Derechos Humanos en la Argentina.

En el juego de "buenos y malos", el Secretario de Seguridad Interior Juan José Alvarez desmiente y el canciller Carlos Ruckauf, orgulloso de haber ordenado el "aniquilamiento" iniciado en 1975 y concluido por la dictadura, convoca a las Fuerzas Armadas para jugar su rol en la represión interna.

Por lo expuesto, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata exige:

* Destitución de Ruckauf, Jaunarena y Brinzoni.

* Separación del cargo del fiscal general de Trenque Lauquen Arnaldo Mútolo.

* Depuración de las Fuerzas de Seguridad, Armadas y de Inteligencia.

* Nulidad de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

* Respeto a las luchas y movilizaciones populares.

* Plena vigencia de los derechos civiles asegurados en el artículo 14 de la Constitución Nacional y de los Derechos Humanos en general.

Por Mesa Directiva


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