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Juicio por la Verdad

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28 de septiembre de 2005


Un Hijo cree que un alto jefe de Policía estuvo involucrado en su apropiación
Carlos D'Elía, nacido en cautiverio en 1978, reveló que su apropiador "tenía cierta amistad" con el subjefe de Policía durante la dictadura, Rodolfo Campos. El represor cumple arresto domiciliario en la causa de la comisaría 5°. Otro Hijo relacionó a una mujer policía de Berisso con la desaparición de su madre.


Por Vanina Wiman y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)


LA PLATA.- Un hijo de desaparecidos uruguayos, nacido en cautiverio en Argentina en 1978 y apropiado por un marino retirado, declaró hoy que es posible que el ex subjefe de Policía durante la dictadura, coronel Rodolfo Aníbal Campos, haya estado involucrado en su apropiación.

Se trata de Carlos Rodolfo D'Elía, cuya identidad fue restituida en 1998, y que contó en el Juicio por la Verdad que su apropiador, el marino retirado Carlos De Luccía, "tenía cierta amistad" con Campos, que en el momento de su nacimiento se desempeñaba en ese alto cargo en la Policía provincial. "Creo que por ese lado pude haber llegado a Carlos y Marta (Leiro, esposa de De Luccía)".

D'Elía señaló que recuerda que "fui a algún que otro cumpleaños a su casa cuando era chico. Me fue fácil recordar su nombre". Rodolfo Campos fue el segundo de Ramón Camps en la Policía entre el 14 de diciembre de 1977 y el 22 de marzo de 1979. Actualmente, está procesado con prisión preventiva en la causa sobre la comisaría 5º de La Plata, pero fue beneficiado con el arresto domiciliario. También fue imputado a principios de agosto por los delitos cometidos en el centro clandestino "Puesto Vasco", pero aún no ha sido indagado.

Carlos D'Elía nació en el "Pozo de Banfield" el 26 de enero de 1978, mientras su madre, Yolanda Casco, estaba secuestrada allí. El padre de Carlos, Julio César D'Elía, fue secuestrado junto a Yolanda el 22 de diciembre de 1978, cuando ella estaba embarazada de ocho meses y medio. Ambos fueron vistos en el COT1 de Martínez, y la joven fue luego trasladada al "Pozo de Banfield", en donde dio a luz a su bebé, asistida por el médico policial Jorge Bergés. La pareja uruguaya permanece desaparecida.

Bergés firmó un acta falsa de nacimiento, en la que decía que el niño había nacido en su clínica privada de Quilmes y que su madre biológica era Marta Elvira Leiro, la esposa del marino De Luccía. Todo esto quedó probado en lo que constituyó el primer juicio oral por un caso de apropiación de menores. Aunque De Luccía ya había fallecido para ese entonces, Leiro fue condenada a 3 años de prisión en suspenso. Bergés, el responsable de la sustracción, no fue acusado, porque estaba amparado por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Hoy, Carlos D'Elía afirmó que fue entregado a sus apropiadores el mismo día en que nació. "Él (De Luccía) habrá recibido un llamado. Fueron hacia la zona sur y en una esquina de Quilmes un hombre me entregó", relató. Y agregó que, según la propia Marta Leiro, "yo estaba envuelto en papel de diarios y todavía tenía sangre en el cuerpo".

El hijo de desaparecidos dijo que, según pudo reconstruir, Leiro no podía tener hijos, pero su marido se negaba a adoptar un niño. Después de muchas presiones, "no sé cómo ni con quién, Carlos recurrió a alguien que conocía para que yo llegue a ellos". Sostuvo que no cree que esa persona fuera de la Marina, porque en ese momento De Luccía ya estaba retirado, y se inclinó por la posibilidad de que el contacto hubiera sido a través de Rodolfo Campos.

"Esto se lo pregunté a Marta, pero ella no lo conocía, porque se separó de Carlos cuando yo tenía seis meses", manifestó

La causa por apropiación se inició en 1993. Dos años después, en 1995, en un mismo día el matrimonio De Luccía fue detenido y Carlos se enteró de su verdadera identidad, por boca del entonces juez Roberto Marquevich, que instruía la causa. "No conservo un buen recuerdo de él, por la forma en que se portó conmigo", indicó hoy el joven restituido.

De hecho, el hijo de desaparecidos fue trasladado al juzgado de Marquevich en San Isidro en un Ford Falcon, con cuatro hombres de civil rodéandolo: "Me sentía detenido yo también", recordó. "Sin ningún tipo de atención psicológica, (Marquevich) me empezó a decir cosas de las que yo no tenía ni idea", señaló D'Elía, que por entonces tenía 17 años y nunca había sospechado que no era hijo biológico de los De Luccía.

"Si bien sé que viví una mentira durante 17 años, y que los criterios que los llevaron a esa decisión no los comparto, siempre me sentí hijo de ellos", expresó el joven, aunque sostuvo que "esa no es la forma de adoptar un chico. Es más, no me adoptaron: me apropiaron". Y añadió: "Tuve que madurar o crecer de golpe para afrontar esa situación. Estoy aprendiendo de esta búsqueda de mis padres y de mi identidad".

Contó que el proceso de enterarse de su origen fue muy difícil. "Cuando (los De Luccía) salieron en libertad, tuvimos una charla entre los tres, para preguntarles todo lo que me guardé durante esos nueve meses (de detención). Me podrían haber dicho cualquier cosa, como efectivamente hicieron, que yo me iba a conformar, porque la alegría de tenerlos conmigo era más grande".

También el encuentro con sus parientes biológicos fue muy confuso. Conoció a su abuela y a su tía muy pocos días después de la detención de sus apropiadores. "Tampoco fue buena la manera que eligió el juez para que las conozca. Me decían que no estaba obligado a verlas pero que tenía que verlas", indicó.

"Creo que no les di tiempo a decir nada —señaló, sobre el encuentro con su verdadera familia—. Les dije que entendía el dolor por el que estaban pasando, pero que no daba más y me quería ir. Pero creo que no lo entendía, recién ahora lo estoy entendiendo". Y añadió: "Todavía no me sentía libre ni abierto a comenzar una relación más cercana".

Hoy, Carlos D'Elía tiene contacto tanto con su familia biológica, que vive en Uruguay, como con Marta Leiro, su apropiadora. "No tengo dudas de que tengo mucho de Julio y Yolanda, y de que también tengo mucho de Carlos y Marta, mis padres de crianza".

Al finalizar su declaración, se dirigió a los jueces: "Yo voy a seguir buscando tolo lo que pueda sobre mis padres, su historia y mi identidad. Es mi derecho, quiero hacerlo y se lo debo a mi abuela y a toda mi familia —expresó el joven restituido—. Pero lo que falta en Argentina es la voluntad política que asuma una investigación de esta envergadura. Con la fuerza del Estado se puede hacer mucho más de lo que puedo hacer yo solo".

El juez Leopoldo Schiffrin reconoció que "faltan medios en todos lados". "Nosotros mismos hemos recibido recursos con cuentagotas", describió.


La ex policía Nora Asabeto, cuando declaró en 2001.
(Foto: FM)



Cuando la amiga de la Madre Edna Ricetti estuvo internada con la policía Nora Asabeto en una clínica de La Plata, le preguntó por dos sobrinos suyos, de apellido Sianis. "Ah, sí, dice, uno lo sacamos muerto d
el departamento y al otro no, el otro está desaparecido", le habría dicho Asabeto, según relató Ricetti.

Después de lo denunciado por Oscar Herrera, el juez Schiffrin consideró: "Habría que interrogarla de nuevo".

Denuncia contra una mujer policía

En otro orden, otro hijo de desaparecidos incriminó hoy a una mujer policía de Berisso, quien ya había negado en el Juicio por la Verdad saber algo de otro caso de desaparecidos.

Se trata de Nora Asabeto (foto), quien declaró el 30 de mayo de 2001 por el caso de Ariel Ricetti. La madre del joven, Edna Copparoni, había dicho que Asabeto tenía información sobre el secuestro de Ariel, ya que así se lo había comentado una amiga que estuvo internada con la mujer policía en una clínica (ver 300501).

Hoy, Oscar Julián Herrera declaró por la desaparición de sus padres, el asesinato de un hermano y su propio secuestro y el de otro hermano durante la dictadura.

El hombre tenía 12 años el 29 de abril de 1977, cuando un grupo de represores fue a la casa en la que momentáneamente vivía junto a sus padres, en Capital Federal. El operativo era contra a su padre, Arcángel Herrera, entonces un delegado del frigorífico Swift de Berisso, que no estaba en casa. Los represores se llevaron a la madre, Hilda Marcia Paz, empleada del Hipódromo de La Plata.

El joven no tuvo más noticias de su mamá hasta 1980, cuando estuvo detenido, por circunstancias que no explicó, unos 20 días en la comisaría Primera de Berisso. Allí, "me tomó declaración Nora Asabeto", quien estaba con "otro hombre de apellido Reynal".

"Este señor estaba barriendo el piso, pero era un oficial de policía. En eso dijo: «Y pensar que tu vieja está hecha mierda en Arana»", relató Herrera.

En ese momento, Asabeto le ordenó al otro policía que se callara. "Este hombre está fallecido", dijo el testigo, en referencia a Reynal, quien podría haber sido el esposo de la propia Asabeto, ya que ese era su apellido de casada, según consta en expedientes judiciales.

Después de que el testigo relatara este episodio, algunos miembros del público recordaron a los jueces que Asabeto ya había declarado en el Juicio por la Verdad. El Tribunal ordenó la lectura de ese testimonio por secretaría, en el que la mujer policía negó saber algo sobre Ariel Ricetti, y sobre otro caso de desaparecidos (ver recuadro).

Herrera relató en su testimonio la persecución que sufrió su familia, que comenzó con el secuestro de su madre. Seis meses después, en octubre de 1977, su hermano Eduardo fue asesinado en un operativo en Mar del Plata. Según se enteró por la prensa, su cadáver apareció cerca de la Base Naval de esa ciudad balnearia.

La persecución continuó. El 6 de diciembre, el propio Herrera y otro de sus hermanos, Arcángel Nicolás —que tenía 18 años—, fueron secuestrados en un departamento de Berazategui. "Buscaban a mi padre", dijo, en referencia al grupo de 10 personas que los secuestró a los dos y se lo llevó a la Brigada de Investigaciones de Quilmes.

"Nos trasladan vendados y maniatados en un auto. A mi hermano lo torturaron con picana", relató Herrera.

Los dos estuvieron tres días secuestrados. "Querían saber dónde estaba mi papá. Nosotros le dijimos lo que hacía en ese momento: vendía sábanas", recordó el testigo.

Agregó que tiempo después, hacia enero de 1978, su padre desapareció. "Tengo un testimonio, que dice que fue herido en Buenos Aires, cerca de una estación de servicio de Rivadavia y Castro Barros. Me lo dijo un amigo de él, Luis Borri", relató el testigo.

También declaró hoy Luis Gallo, un médico que se desempeñó en el Hospital Ramón Carrillo de Ciudadela, en el Gran Buenos Aires.

Gallo fue convocado en la causa por la desaparición de Narciso Agüero, ya que en un testimonio de los '80 un familiar del joven había dicho que Gallo le dijo durante la dictadura que "era muy difícil que estuviera con vida".

Hoy, el médico desestimó esos dichos. "En el hospital se recibían versiones de lo que pasaba con los desaparecidos", indicó y adujo que "uno por ahí daba esperanzas".

El testigo recordó que en ese hospital hubo otro desaparecido de su mismo apellido, quien podría ser Edmundo Osvaldo Gallo, y que una enfermera y dos instrumentadoras también fueron secuestradas durante la dictadura.

 

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