Un
Hijo cree que un alto jefe de Policía estuvo involucrado
en su apropiación Carlos
D'Elía, nacido en cautiverio en 1978, reveló que su apropiador
"tenía cierta amistad" con el subjefe de Policía durante
la dictadura, Rodolfo Campos. El represor cumple arresto
domiciliario en la causa de la comisaría 5°. Otro Hijo
relacionó a una mujer policía de Berisso con la desaparición
de su madre.
Por Vanina Wiman
y Francisco Martínez (Secretaría de
Prensa)
LA
PLATA.- Un hijo de desaparecidos uruguayos, nacido en cautiverio
en Argentina en 1978 y apropiado por un marino retirado,
declaró hoy que es posible que el ex subjefe de Policía
durante la dictadura, coronel Rodolfo Aníbal Campos,
haya estado involucrado en su apropiación.
Se trata de Carlos Rodolfo D'Elía, cuya identidad
fue restituida en 1998, y que contó en el Juicio
por la Verdad que su apropiador, el marino retirado Carlos
De Luccía, "tenía cierta amistad"
con Campos, que en el momento de su nacimiento se desempeñaba
en ese alto cargo en la Policía provincial. "Creo
que por ese lado pude haber llegado a Carlos y Marta (Leiro,
esposa de De Luccía)".
D'Elía
señaló que recuerda que "fui a algún
que otro cumpleaños a su casa cuando era chico.
Me fue fácil recordar su nombre". Rodolfo
Campos fue el segundo de Ramón Camps en la Policía
entre el 14 de diciembre de 1977 y el 22 de marzo de 1979.
Actualmente, está procesado con prisión
preventiva en la causa sobre la comisaría 5º
de La Plata, pero fue beneficiado con el arresto domiciliario.
También fue imputado a principios de agosto por
los delitos cometidos en el centro clandestino "Puesto
Vasco", pero aún no ha sido indagado.
Carlos
D'Elía nació en el "Pozo de Banfield"
el 26 de enero de 1978, mientras su madre, Yolanda Casco,
estaba secuestrada allí. El padre de Carlos, Julio
César D'Elía, fue secuestrado junto a Yolanda
el 22 de diciembre de 1978, cuando ella estaba embarazada
de ocho meses y medio. Ambos fueron vistos en el COT1
de Martínez, y la joven fue luego trasladada al
"Pozo de Banfield", en donde dio a luz a su
bebé, asistida por el médico policial Jorge
Bergés. La pareja uruguaya permanece desaparecida.
Bergés
firmó un acta falsa de nacimiento, en la que decía
que el niño había nacido en su clínica
privada de Quilmes y que su madre biológica era
Marta Elvira Leiro, la esposa del marino De Luccía.
Todo esto quedó probado en lo que constituyó
el primer juicio oral por un caso de apropiación
de menores. Aunque De Luccía ya había fallecido
para ese entonces, Leiro fue condenada a 3 años
de prisión en suspenso. Bergés, el responsable
de la sustracción, no fue acusado, porque estaba
amparado por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Hoy,
Carlos D'Elía afirmó que fue entregado a
sus apropiadores el mismo día en que nació.
"Él (De Luccía) habrá recibido
un llamado. Fueron hacia la zona sur y en una esquina
de Quilmes un hombre me entregó", relató.
Y agregó que, según la propia Marta Leiro,
"yo estaba envuelto en papel de diarios y todavía
tenía sangre en el cuerpo".
El
hijo de desaparecidos dijo que, según pudo reconstruir,
Leiro no podía tener hijos, pero su marido se negaba
a adoptar un niño. Después de muchas presiones,
"no sé cómo ni con quién, Carlos
recurrió a alguien que conocía para que
yo llegue a ellos". Sostuvo que no cree que esa persona
fuera de la Marina, porque en ese momento De Luccía
ya estaba retirado, y se inclinó por la posibilidad
de que el contacto hubiera sido a través de Rodolfo
Campos.
"Esto
se lo pregunté a Marta, pero ella no lo conocía,
porque se separó de Carlos cuando yo tenía
seis meses", manifestó
La
causa por apropiación se inició en 1993.
Dos años después, en 1995, en un mismo día
el matrimonio De Luccía fue detenido y Carlos se
enteró de su verdadera identidad, por boca del
entonces juez Roberto Marquevich, que instruía
la causa. "No conservo un buen recuerdo de él,
por la forma en que se portó conmigo", indicó
hoy el joven restituido.
De
hecho, el hijo de desaparecidos fue trasladado al juzgado
de Marquevich en San Isidro en un Ford Falcon, con cuatro
hombres de civil rodéandolo: "Me sentía
detenido yo también", recordó. "Sin
ningún tipo de atención psicológica,
(Marquevich) me empezó a decir cosas de las que
yo no tenía ni idea", señaló
D'Elía, que por entonces tenía 17 años
y nunca había sospechado que no era hijo biológico
de los De Luccía.
"Si
bien sé que viví una mentira durante 17
años, y que los criterios que los llevaron a esa
decisión no los comparto, siempre me sentí
hijo de ellos", expresó el joven, aunque sostuvo
que "esa no es la forma de adoptar un chico. Es más,
no me adoptaron: me apropiaron". Y añadió:
"Tuve que madurar o crecer de golpe para afrontar
esa situación. Estoy aprendiendo de esta búsqueda
de mis padres y de mi identidad".
Contó
que el proceso de enterarse de su origen fue muy difícil.
"Cuando (los De Luccía) salieron en libertad,
tuvimos una charla entre los tres, para preguntarles todo
lo que me guardé durante esos nueve meses (de detención).
Me podrían haber dicho cualquier cosa, como efectivamente
hicieron, que yo me iba a conformar, porque la alegría
de tenerlos conmigo era más grande".
También
el encuentro con sus parientes biológicos fue muy
confuso. Conoció a su abuela y a su tía
muy pocos días después de la detención
de sus apropiadores. "Tampoco fue buena la manera
que eligió el juez para que las conozca. Me decían
que no estaba obligado a verlas pero que tenía
que verlas", indicó.
"Creo
que no les di tiempo a decir nada señaló,
sobre el encuentro con su verdadera familia. Les
dije que entendía el dolor por el que estaban pasando,
pero que no daba más y me quería ir. Pero
creo que no lo entendía, recién ahora lo
estoy entendiendo". Y añadió: "Todavía
no me sentía libre ni abierto a comenzar una relación
más cercana".
Hoy,
Carlos D'Elía tiene contacto tanto con su familia
biológica, que vive en Uruguay, como con Marta
Leiro, su apropiadora. "No tengo dudas de que tengo
mucho de Julio y Yolanda, y de que también tengo
mucho de Carlos y Marta, mis padres de crianza".
Al
finalizar su declaración, se dirigió a los
jueces: "Yo voy a seguir buscando tolo lo que pueda
sobre mis padres, su historia y mi identidad. Es mi derecho,
quiero hacerlo y se lo debo a mi abuela y a toda mi familia
expresó el joven restituido. Pero lo
que falta en Argentina es la voluntad política
que asuma una investigación de esta envergadura.
Con la fuerza del Estado se puede hacer mucho más
de lo que puedo hacer yo solo".
El
juez Leopoldo Schiffrin reconoció que "faltan
medios en todos lados". "Nosotros mismos hemos
recibido recursos con cuentagotas", describió.
La ex policía Nora Asabeto, cuando declaró
en 2001. (Foto: FM)
Cuando
la amiga de la Madre Edna Ricetti estuvo internada
con la policía Nora Asabeto en una clínica
de La Plata, le preguntó por dos sobrinos
suyos, de apellido Sianis. "Ah, sí,
dice, uno lo sacamos muerto del
departamento y al otro no, el otro está desaparecido",
le habría dicho Asabeto, según relató
Ricetti.
Después
de lo denunciado por Oscar Herrera, el juez Schiffrin
consideró: "Habría que interrogarla
de nuevo".
Denuncia
contra una mujer policía
En
otro orden, otro hijo de desaparecidos incriminó
hoy a una mujer policía de Berisso, quien ya había
negado en el Juicio por la Verdad saber algo de otro caso
de desaparecidos.
Se
trata de Nora Asabeto (foto), quien declaró el
30 de mayo de 2001 por el caso de Ariel Ricetti. La madre
del joven, Edna Copparoni, había dicho que Asabeto
tenía información sobre el secuestro de
Ariel, ya que así se lo había comentado
una amiga que estuvo internada con la mujer policía
en una clínica (ver 300501).
Hoy,
Oscar Julián Herrera declaró por la desaparición
de sus padres, el asesinato de un hermano y su propio
secuestro y el de otro hermano durante la dictadura.
El
hombre tenía 12 años el 29 de abril de 1977,
cuando un grupo de represores fue a la casa en la que
momentáneamente vivía junto a sus padres,
en Capital Federal. El operativo era contra a su padre,
Arcángel Herrera, entonces un delegado del frigorífico
Swift de Berisso, que no estaba en casa. Los represores
se llevaron a la madre, Hilda Marcia Paz, empleada del
Hipódromo de La Plata.
El
joven no tuvo más noticias de su mamá hasta
1980, cuando estuvo detenido, por circunstancias que no
explicó, unos 20 días en la comisaría
Primera de Berisso. Allí, "me tomó
declaración Nora Asabeto", quien estaba con
"otro hombre de apellido Reynal".
"Este
señor estaba barriendo el piso, pero era un oficial
de policía. En eso dijo: «Y pensar que tu
vieja está hecha mierda en Arana»",
relató Herrera.
En
ese momento, Asabeto le ordenó al otro policía
que se callara. "Este hombre está fallecido",
dijo el testigo, en referencia a Reynal, quien podría
haber sido el esposo de la propia Asabeto, ya que ese
era su apellido de casada, según consta en expedientes
judiciales.
Después
de que el testigo relatara este episodio, algunos miembros
del público recordaron a los jueces que Asabeto
ya había declarado en el Juicio por la Verdad.
El Tribunal ordenó la lectura de ese testimonio
por secretaría, en el que la mujer policía
negó saber algo sobre Ariel Ricetti, y sobre otro
caso de desaparecidos (ver recuadro).
Herrera
relató en su testimonio la persecución que
sufrió su familia, que comenzó con el secuestro
de su madre. Seis meses después, en octubre de
1977, su hermano Eduardo fue asesinado en un operativo
en Mar del Plata. Según se enteró por la
prensa, su cadáver apareció cerca de la
Base Naval de esa ciudad balnearia.
La
persecución continuó. El 6 de diciembre,
el propio Herrera y otro de sus hermanos, Arcángel
Nicolás que tenía 18 años,
fueron secuestrados en un departamento de Berazategui.
"Buscaban a mi padre", dijo, en referencia al
grupo de 10 personas que los secuestró a los dos
y se lo llevó a la Brigada de Investigaciones de
Quilmes.
"Nos
trasladan vendados y maniatados en un auto. A mi hermano
lo torturaron con picana", relató Herrera.
Los
dos estuvieron tres días secuestrados. "Querían
saber dónde estaba mi papá. Nosotros le
dijimos lo que hacía en ese momento: vendía
sábanas", recordó el testigo.
Agregó
que tiempo después, hacia enero de 1978, su padre
desapareció. "Tengo un testimonio, que dice
que fue herido en Buenos Aires, cerca de una estación
de servicio de Rivadavia y Castro Barros. Me lo dijo un
amigo de él, Luis Borri", relató el
testigo.
También
declaró hoy Luis Gallo, un médico que se
desempeñó en el Hospital Ramón Carrillo
de Ciudadela, en el Gran Buenos Aires.
Gallo
fue convocado en la causa por la desaparición de
Narciso Agüero, ya que en un testimonio de los '80
un familiar del joven había dicho que Gallo le
dijo durante la dictadura que "era muy difícil
que estuviera con vida".
Hoy,
el médico desestimó esos dichos. "En
el hospital se recibían versiones de lo que pasaba
con los desaparecidos", indicó y adujo que
"uno por ahí daba esperanzas".
El
testigo recordó que en ese hospital hubo otro desaparecido
de su mismo apellido, quien podría ser Edmundo
Osvaldo Gallo, y que una enfermera y dos instrumentadoras
también fueron secuestradas durante la dictadura.