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Juicio
por la Verdad
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17
de agosto de 2005
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Un
ex policía dijo sentirse "orgulloso" de haber participado
en un operativo represivo
Se
trata de Pedro Alberto Zeballos, quien fue chofer del
represor Etchecolatz durante 1976. La Cámara había pedido
su captura en junio pasado, por no presentarse a testimoniar.
Se sospecha que estuvo presente en el ataque a la casa
Mariani-Teruggi y que podría tener datos del paradero
actual de Clara Anahí Mariani.
Por Vanina Wiman
y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
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Zeballos
sonrió cuando le cuestionaron un operativo
represivo en el que participó. (Foto:
FM)
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"Yo
no le creo"

Junto
a la abuela Mariani: el ex policía abrió
los brazos y dijo que no sabía donde estaba
Clara Anahí.
En
la audiencia del ex policía Zeballos estuvo
presente María Isabel Chorobik de Mariani,
la abuela de la desaparecida Clara Anahí
Mariani, junto a su abogado.
Hacia
el final del testimonio, Chorobik pidió a
los jueces si podía acercarse a Zeballos:
"Yo casi no veo y no distingo su rostro, quisiera
verlo de cerca para ver si puedo reconocerlo".
El
testigo se acercó a ella, y se miraron durante
unos segundos. En ese momento, la Abuela le habló:
"Le pido que diga la verdad sobre mi nieta.
Usted sabe". Zeballos sólo atinó
a hacerle un gesto con las manos, mostrándole
las palmas: "Yo no sé nada, qué
quiere que le diga. Para qué le voy a mentir".
El
juez Schiffrin pidió a Chorobik que repitiera
al micrófono el contenido de ese diálogo,
que se había dado casi en voz baja. "Le
pedí que me diga la verdad sobre mi nieta,
y me dijo que no sabía nada dijo la
Abuela. Yo no lo creo, pero eso es lo que
dijo".
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LA
PLATA.- El policía retirado Pedro Alberto Zeballos
declaró hoy ante la Cámara Federal que está
"orgulloso" de haber participado en procedimientos
represivos durante la dictadura. El efectivo era el chofer
del Director de Investigaciones de la Policía provincial,
Miguel Osvaldo Etchecolatz, uno de los represores que
coordinó el operativo en el que desapareció
Clara Anahí Mariani y fueron asesinadas cuatro
personas, el 24 de noviembre de 1976.
El interrogatorio giró en torno a la participación
de Zeballos en ese procedimiento, que tuvo lugar en una
casa ubicada en calle 30, entre 55 y 56. El ex policía
se mostró en todo momento reticente para dar información
al respecto "no sé si estuve o no estuve,
no recuerdo, pasaron 29 años", repitió
varias veces, pero destacó otro episodio
"contra la subversión" en el que participó:
"Me siento orgulloso del procedimiento que hicimos
ese día, porque a mí me arrojaron dos granadas,
y eso está comprobado", dijo con tono desafiante.
Zeballos
ya había admitido su actuación en ese operativo
cuando declaró en la causa Camps, en los '80. En
aquella oportunidad había sido más descriptivo:
recordó que durante el procedimiento se "abatió
a un delincuente subversivo. Después nos enteramos
que era un teniente del ERP que nos arrojó dos
granadas (...). Después que lo abatimos, vino el
Ejército y se hizo cargo del cuerpo".
Hoy,
aunque demostró una notable memoria sobre datos
menores, esquivó las preguntas centrales apelando
a su supuesta dificultad para recordar. Admitió
que "durante 10 meses" fue chofer del ex director
de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel
Etchecolatz, pero no pudo precisar si había participado
o no del ataque a la casa Mariani-Teruggi. "Ese día
no me acuerdo si lo habré llevado o no", arguyó,
y dijo que se enteró de ese procedimiento durante
la audiencia de hoy.
Además,
aseguró no recordar quienes fueron sus jefes, ni
cuál fue el operativo por el que recibió
una felicitación policial y un ascenso "por
méritos extraordinarios" tan sólo cuatro
días después del episodio de calle 30. "En
esa época, cuando uno estaba de guardia, siempre
había problemas como estos", se atajó,
y dijo que debía haber sido "por el procedimiento
ese en el que me tiraron una granada".
El
juez Leopoldo Schiffrin calificó la actitud de
Zeballos como "poco cooperativa y con falta de colaboración"
y consideró que el ex policía contribuyó
con su reticencia "a la construcción del muro
de silencio" que existe alrededor de esta investigación.
"Ustedes sumen a la institución policial en
la deshonra más espantosa. Me da vergüenza
cívica", sentenció el magistrado.
Cada
vez que los jueces, la Fiscalía y el abogado de
la familia Mariani le hicieron notar las contradicciones
y marcadas reticencias en las que cayó a lo largo
de su testimonio, el ex policía, para sorpresa
del público, se rió. "Es que uno no
se puede acordar, no es que esté mintiendo",
se defendió.
Zeballos
también fue interrogado sobre su relación
con otros represores. Respecto de Hugo Guallama otro
chofer de Etchecolatz que actualmente se encuentra procesado
y detenido por su responsabilidad en los homicidios perpetrados
en calle 30, el testigo dijo que lo conocía
y que después de la dictadura habían trabajado
juntos en el frigorífico Gorina, gracias a su amigo
en común, el policía Norberto Cozzani.
Cozzani
quien actualmente cumple condena en el marco de
la causa Camps por su actuación como torturador
es un amigo cercano de Zeballos. Hoy, el ex policía
admitió que en el último año fue
varias veces a visitarlo al penal de Marcos Paz "para
llevarle cosas, porque no tiene familia".
De
hecho, cuando Zeballos declaró en la causa Camps
en los '80, lo hizo a pedido de la defensa del represor.
En aquella oportunidad, el ex chofer policial dijo a los
jueces de la Cámara Federal de Buenos Aires: "Todos
los compañeros que conocimos al cabo primero Norberto
Cozzani nos sentimos orgullosos porque pensamos que él
está defendiendo a los suboficiales de la Policía
de la Provincia".
Hoy,
contó Zeballos también que suele encontrarse
con Patricio Camps, el hijo del Jefe de Policía
durante la dictadura, Ramón Camps: "Es que
tiene una parrilla en Recoleta, y cuando voy de vez en
cuando a tomar un café, nos vemos".
Tanto
la Fiscalía como el representante de la familia
Mariani, Alejo Ramos Padilla, pidieron que una copia del
testimonio del ex policía Zeballos sea remitida
con urgencia a los fiscales, para que evalúen la
declaración y, eventualmente, formulen una denuncia
contra Zeballos por falso testimonio.
Ramos
Padilla remarcó que "hay dos personas que
señalan a Zeballos como la persona que conoce el
paradero de Clara Anahí" y que el ex policía
"forma parte del círculo íntimo de
quienes fueron responsables" del ataque a la casa
Mariani-Teruggi.
Además,
recordó las numerosas oportunidades en que Zeballos
fue citado a declarar en el Juicio y no concurrió,
lo que condujo a que en junio pasado la Cámara
librara un pedido de captura en su contra. "Su propio
hermano dijo que no lo veía hacía mucho
y que creía que se había ido del país
porque lo estaban buscando 'por una causa muy pesada'.
Nos costó mucho trabajo encontrarlo", subrayó
el abogado de la familia Mariani.

Scatolini:
"Me decían que yo era una especie de rehén
del Servicio Penitenciario". (Foto: F. Martínez)
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Cuatro
años en la Unidad 9
En
tanto, también declaró el actual director
de Población Carcelaria del Ministerio de Justicia
bonaerense, Juan Scatolini, quien estuvo detenido ilegalmente
durante más de cuatro años en la última
dictadura cívico-militar.
El
funcionario relató que el 11 de abril de 1976 se
encontró con un operativo militar cuando regresaba
a su departamento, en el que vivía junto a su esposa
y un hijo de un año, en la zona de calle 14 entre
44 y 45 de La Plata.
Scatolini
aseguró que los militares fueron a secuestrarlo
con un "amplio despliegue, que incluía formaciones
apuntando al edificio". Añadió que
una de las personas que participó del operativo
le preguntó por qué tenía unos ejemplares
de la revista Cuestionario, de Rodolfo Terragno. "Porque
se venden en los kioscos", fue la respuesta de Scatolini.
El
ex detenido relacionó su secuestro y posterior
detención bajo el Poder Ejecutivo Nacional con
su actividad como asistente social en un grupo de personas
que intentó reformar en los '70 el entonces Servicio
Correccional de la Provincia de Buenos Aires. "A
mí me decían que yo era una especie de rehén
del Servicio Penitenciario", graficó, al recordar
su cautiverio.
Scatolini
reseñó que, junto a su esposa, Mirta Alcuas,
lo llevaron secuestrado al centro clandestino que funcionó
en el Cuerpo de Infantería de la Policía
provincial, en 1 y 60. Su mujer fue liberada tres días
después.
"Ahí
siempre estuvimos esposados a la cama y vendados. Luego
de una noche, nos subieron a un camión y nos cargaron
como bolsas de papa", afirmó el testigo. Fue
entonces cuando lo llevaron a torturar a otro centro clandestino,
que por las descripciones que hizo podría ser el
Destacamento de Arana.
Scatolini
indicó que en el interrogatorio con picana eléctrica
"me preguntaban si conocía a (Juan Domingo)
«Bocha» Plaza. Yo sólo lo vi una vez,
durante un cumpleaños", declaró. Este
joven, que está desaparecido, era el sobrino del
entonces arzobispo de La Plata, monseñor Antonio
Plaza.
"En
la tortura también me preguntaban por mi participación
en alguna organización y sobre las 'columnas' de
Montoneros. Yo no sabía los nombres y los inventé",
agregó.
El
sobreviviente dijo que entre las voces de los torturadores
reconoció a un empleado de la Unidad Penal 10 de
Melchor Romero, de apellido Astro, de quien cree que ya
está fallecido.
También
señaló al sargento Avellaneda, quien se
identificó como tal cuando Scatolini estaba secuestrado
en Infantería. Esa persona tenía poder de
decisión sobre su destino, ya que en una oportunidad
lo intimó a firmar su supuesta declaración
bajo tortura y, como Scatolini se negó, le advirtió:
"Te mando con los marinos".
Mientras
estaba en ese centro clandestino, un oficial de apellido
Gómez le dijo: "A vos te torturó gente
del Servicio Penitenciario". Durante su testimonio,
Scatolini identificó a dos de ellos: Isaac Miranda
y Héctor "el Oso" Acuña, conocido
represor de "La Cacha".
El
10 de mayo de 1976, Juan Scatolini fue trasladado a la
Unidad 9 de La Plata. "Allí me encontré
con algunos muchachos que estaban en 1 y 60", relató.
En
consonancia con otros ex detenidos que declararon en el
Juicio, el testigo señaló que el 13 de diciembre
de 1976 se produjo un cambio notable en la cárcel,
con la asunción del prefecto Abel David Dupuy.
"Empezó
un régimen muy estricto de detención. Nos
daban sólo una hora de patio a la mañana
y otra a la tarde", recordó.
Ese
mismo día hicieron una requisa en la celda. "Cuando
volvimos, nos habían saqueado. No había
ni frazadas, ni libros, y nos mezclaron la yerba con el
dulce de leche", reseñó.
Antes
de que eso pasara, un grupo de civiles de pelo largo que
estaban en el patio comenzó a golpear a los presos
que eran obligados a circular en fila. Entre esos golpeadores,
Scatolini reconoció a Acuña.
El
ex detenido afirmó que supo "por comentarios"
del asesinato de Dardo Cabo y otros presos, ocurrido en
1977. Dijo que, en esa oportunidad, los detenidos le pidieron
a un sacerdote que estaba detenido en la U9, Elías
Muse, que intercediera. "Quedáte piola, porque
sino te vamos a llevar a vos", le contestaron los
represores al cura.
Tiempo
después, se enteraron que Cabo y Mario Rapaport,
Angel Georgiadis y Rufino Pirles fueron asesinados.
"Habría
que analizar cuál fue la función de (la
Dirección de) Seguridad del Servicio Correccional.
Si bien estaban, junto a otros grupos, bajo el Area 113,
había sectores que tenían autonomía",
analizó el testigo.
En
otro tramo de su testimonio, Scatolini recordó
que su esposa concurría al Primer Cuerpo del Ejército
mientras él estaba detenido. "Ahí le
dijeron que había penas estipuladas para los que
no tenían causa y estaban bajo el PEN. Le dijeron
que yo iba a estar preso cuatro años y eso fue
lo que estuve".
Luego
de ser liberado de la Unidad 9, estuvo bajo un régimen
de libertad vigilada. Tiempo después, lo citaron
en la comisaría 2° de La Plata. El represor
Luis Héctor Vides lo recibió y le advirtió:
"Para usted, no hay más cárcel".
Acto seguido, le hizo un ademán de gatillar una
pistola, y agregó: "No escriba ni 'Viva Perón'
con tiza en el baño de su casa".
Declaró
por primera vez
Por
último, prestó testimonio el sobreviviente
Fernando Daniel Martinicorena, quien fue secuestrado el
22 de abril de 1977 y estuvo en cautiverio durante tres
días en dos lugares que no pudo identificar.
"Fueron
a mi casa en City Bell y me llevaron, pero no sé
en dónde estuve", relató hoy el testigo,
y contó que el primer lugar al que lo trasladaron
"era como un garage y había mucho olor a nafta".
En ese sitio, escuchó que a la celda entró
una mujer que lo identificó en voz alta. "Era
una chica, Mariel, que estudiaba Medicina y fue supuestamente
a reconocerme rememoró el ex detenido.
Le dijo a alguien: 'Ah, este militaba en alguna época'".
Este
dato podría indicar que el lugar en el que Martinicorena
se encontraba era la Brigada de Investigaciones o el centro
clandestino conocido como "La Cacha", pues varios
ex detenidos identificaron con el apodo de "Mariel"
a una prisionera clandestina "quebrada" hoy
desaparecida, que actuaba como colaboradora de los
represores en esos dos campos de concentración.
Martinicorena
fue trasladado luego a otro lugar, en el que fue torturado
con picana eléctrica. "Era una celda muy chiquita,
y estuve todo el tiempo vendado". Hoy, el sobreviviente
declaró por primera vez ante la Justicia sobre
su secuestro.
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