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23 de marzo de 2004 (B)

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Juicio oral a dos genocidas

Testimonios de sobrevivientes complican
la situación de Bergés y Etchecolatz
Los ex detenidos-desaparecidos dijeron que el médico policial asistía torturas y partos en varios centros clandestinos de detención. "Tenía poder de mando mayor que los guardias", dijo Adriana Calvo. En tanto, el tío de Carmen Sanz pidió "que la verdad se aclare y que se haga justicia"

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Por Vanina Wiman y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)


LA PLATA (23mar04-B).- Seis sobrevivientes de centros clandestinos de detención declararon ayer ante el Tribunal Oral Federal N°1 sobre los partos ocurridos en el "Pozo de Banfield" y señalaron a Bergés como el médico que los asistía. También lo involucraron en torturas, y confirmaron que los que manejaban las brigadas de investigaciones eran policías de la provincia de Buenos Aires, subordinados a Etchecolatz. 

Adriana Chamorro y Eduardo Corro compartieron su cautiverio con Aída Sanz en el "Pozo de Banfield" y reconstruyeron las circunstancias en que la desaparecida dio a luz a Carmen, el 27 de diciembre de 1977. Los ex detenidos contaron que supieron del nacimiento en cautiverio porque la misma Aída se los describió, antes de ser trasladada y desaparecida. 

"(En el «Pozo de Quilmes») le habían dado mucha picana eléctrica y muchas patadas en la panza, por eso estaba muy preocupada por su nena, porque recibió todas las patadas y las descargas", recordó Chamorro, y añadió que Aída le comentó que la beba "había nacido muy nerviosa". 

La ex detenida indicó que fue a partir de esas torturas que se aceleró el trabajo de parto de la joven embarazada, y que por eso fue trasladada al "Pozo de Banfield", en donde finalmente dio a luz.

Aída Sanz describió para sus compañeros de detención al médico que había estado presente durante el parto: "Dijo que era el de bigotes y ojos grandes", manifestó ayer el sobreviviente Eduardo Corro.

Chamorro también tiene recuerdos precisos sobre el médico policial Bergés, porque fue quien la torturó en la Brigada de Investigaciones de San Justo. La testigo relató que también supo de otros partos que el represor había asistido en el "Pozo de Banfield".

Se trata de otras mujeres detenidas que pertenecían al mismo grupo de prisioneros uruguayos que Aída Sanz y su pareja, Eduardo Gallo Castro. María Victoria Artigas de Moyano y Yolanda Casco tuvieron sus bebés en cautiverio, también atendidas por Bergés. "Todas coincidíamos con la misma identificación del médico, aunque no sabíamos el nombre", subrayó Chamorro. 

Lo mismo afirmó Corro: "Siempre se hacía referencia al mismo médico de ojos grandes y bigotes". Y contó que Aída Sanz, después de dar a luz, fue trasladada nuevamente al "Pozo de Quilmes", en donde estuvo durante una semana y otra vez fue torturada. Cuando regresó de Banfield, "ya había perdido casi la esperanza de recuperar a su hija".

Chamorro y Corro ya no viven en el país y viajaron especialmente desde Canadá para declarar en este juicio.

Quien también compartió el cautiverio con Aída Sanz fue Beatriz Bermúdez Calvar, que conocía a la joven a través de unos parientes: era empleada doméstica de los suegros de Beatriz. 

Ayer, la sobreviviente contó que pudo verla y hablar con ella en el "Pozo de Quilmes". "Me dijo: 'Soy Aída Sanz. Te voy a pedir que cuentes que tuve una hija'. Era lastimoso verla, estaba destruida. Se notaba que había sido torturada y golpeada", rememoró.

Y contó lo que le pasó cuando ayer vio a Carmen Gallo Sanz en los pasillos de Tribunales: "Yo acá reconocí a la hija de Aída. 'Yo soy la hija de Aída', me dijo. La cara de esta chica es la misma que la de la madre".

"Tenía autoridad mucho mayor que los guardias"

Adriana Calvo, otra sobreviviente, hizo ante el Tribunal un relato de cómo las detenidas embarazadas vivían sus partos en los centros clandestinos de detención. Ella misma tuvo a su hija en el trayecto entre la comisaría 5º y el "Pozo de Banfield". 

En ambos lugares de detención, Calvo tuvo contacto con Bergés. En la 5º, fue junto a Inés Ortega, otra detenida que también estaba embarazada y hoy se encuentra desaparecida. "Una persona con voz de mando nos empujó y nos hizo un tacto, absolutamente brutal. Dijo: 'Están perfectas, llévenlas al calabozo'", recordó ayer la testigo.

—¿Supo quién era?— preguntó el presidente del Tribunal, Nelson Jarazo.

—Ahora sí sé quién es: Jorge Antonio Bergés. En ese momento no sabía quién era, pero le escuchaba la voz.

El bebé de Inés Ortega no ha sido localizado todavía. "Fue la primer señal que tuvimos de lo que iba a pasar a nuestros hijos cuando nacieran", dijo Calvo, que afortunamente pudo permanecer con su hija hasta que ambas fueron liberadas. La sobreviviente contó que dio a luz en el patrullero que la trasladaba hacia el "Pozo de Banfield", en donde la recibió Bergés. 

"Me hizo acostar en la camilla, me sacó la placenta y la tiró al piso. Le dijo a los guardias que traigan un balde y un trapo de piso. Yo estaba totalmente desnuda. Me hicieron limpiar la camilla y baldear el piso". 

La ex detenida, mientras estaba secuestrada, supo de otros partos. Ayer mencionó los de María Eloísa Castellini y Silvia Isabella Valenzi, ambas desaparecidas, al igual que sus bebés. También en estos alumbramientos estuvo presente el médico policial Bergés. 

Adriana Calvo conoció el caso de Aída Sanz a través de las investigaciones realizadas por la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, que ella integra. "Nosotros entendemos que (Carmen Sanz) nació en el «Pozo de Banfield» por los testimonios que hemos juntado", señaló, y añadió: "(Banfield) cumplía en cierto modo una función de 'hospital'. Tenía una camilla, estaba acondicionado". 

Según la testigo, en ese lugar de detención Bergés ocupaba una posición de jerarquía: "Tenía autoridad mucho mayor que los guardias", indicó.

Respecto de estos guardias, que custodiaban a los detenidos ilegales del centro de detención, Calvo sostuvo que "no hay duda de que eran policías, por cómo actuaban, cómo se llamaban entre ellos". 

Lo mismo aseguraron los ex detenidos Eduardo Corro y Adriana Chamorro: se trataba de policías de la provincia de Buenos Aires, subordinados por la cadena de mandos al entonces Director General de Investigaciones, Miguel Etchecolatz. En su declaración indagatoria del jueves pasado, el represor había tratado de escudarse diciendo que la Policía sólo se ocupaba de la custodia y alimentación de los detenidos ilegales en las brigadas. Ayer, Chamorro dio por tierra con esa fantochada: "El personal policial torturaba", sentenció.

Corro desmintió la otra parte del "descargo" de Etchecolatz, quien había dicho que los detenidos ilegales estaban a disposición de "la autoridad militar". "(En Banfield) no hubo ningún militar", aseguró el sobreviviente. 

Bergés en la tortura

Por su lado, el ex detenido Osvaldo Papaleo señaló que Bergés estuvo presente durante su tortura en el centro clandestino “Puesto Vasco”. 

“Bergés fue el médico que me revisó antes y después de la tortura. Era parte del grupo que integraba «Puesto Vasco»”, aseguró ayer el empresario artístico.

Papaleo fue secuestrado en abril de 1977 y estuvo en ese centro clandestino hasta septiembre del mismo año. Dijo que en ese lugar había gente detenida ilegalmente y vinculada (por los represores) al “caso Graiver”. 

También dijo que vio al entonces Jefe de Policía, Ramón Camps, en un momento de la tortura en el que le levantaron la venda. Reseñó que el represor estuvo también en la tortura de su hermana Lidia y del periodista Jacobo Timmerman. 

“Cuando me torturan escuché que iban a consultar a Etchecolatz para pedir preguntas”, relató Papaleo. Ante un requerimiento del abogado del represor, Adolfo Casabal Elía, contestó que entendía que la comunicación era telefónica. 

El ex detenido remarcó que Camps y Bergés “cumplían función de mando” en el lugar y que lo entendió así “por las preguntas que hacían”. 

Añadió que vio a Etchecolatz en la Jefatura de Policía, cuando fue liberado. Es que Papaleo era un preso “especial” porque había sido funcionario del gobierno de María Estela Martínez de Perón. “Era el segundo en dar órdenes, operaba como el segundo de Camps. Obviamente que Camps no me dijo ‘este es mi segundo’”, le explicó, jocoso, al abogado del represor. 

—¿Cuál era su actitud? —preguntó Casabal Elía sobre su defendido.

—De soberbia, mesianismo —respondió Papaleo.

“Bergés atendió a mi marido”

También declaró Norma Leanza, una ex detenida secuestrada en Lanús en octubre de 1977. Estuvo en “Puesto Vasco” y en el “Pozo de Quilmes”, con Aida Sanz, con quien compartió el cautiverio en febrero de 1978.

“Me entero por los compañeros que había tenido una nena. Dónde no lo sé”, declaró. También dijo que no intercambió muchas palabras con ella porque no fue demasiado el tiempo que compartieron el cautiverio. “Ella decía que había sufrido torturas, incluso en el momento del parto”, recordó.

La mujer también dijo que al “Pozo de Quilmes” una noche vinieron uniformados que reconoció como pertenecientes a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Y dijo que Bergés atendió a su marido, Alcides Chiesa, “por una infección que tuvo en la pierna”.

Bergés en un Hospital

El médico Justo Horacio Blanco, en tanto, relató la llegada de Bergés con una detenida embarazada al Hospital de Quilmes, en la madrugada del 2 de abril de 1977. 

“A las 23 horas, sube un grupo de policía de uniforme —al mando de Bergés— con una detenida con un estado avanzado de trabajo de parto”, declaró. Se trataba de Silvia Isabella Valenzi, quien hoy está desaparecida, al igual que la beba que nació prematura esa noche, con 1,800 kilos de peso.

Blanco dijo que por la mañana llegó una camioneta sin identificación y que personal con uniforme de la Policía se llevó a la secuestrada. 

Mientras se producía el parto, el médico logró hablar con la mujer. “Dijo que estaba detenida y que había sido secuestrada. Le hicimos una historia clínica. Al otro día (ese documento) desapareció”, afirmó.

"Que la verdad se aclare"

En tanto, prestó declaración Carlos Agustín Sanz Fernández, tío de la joven cuya identidad fue sustituida. El testigo contó que se enteró de la desaparición de su hermana Aída a principios de 1978, estando exiliado en París, y que recién pudo volver a iniciar la búsqueda en 1987. 

"Hablé con Abuelas y estuve en el (hospital) Durand. Llegar a Carmencita tiene que ver con que Clara Petrakos constata que no es su hermana y encuentra la coincidencia de las fechas de nacimiento", indicó Sanz. 

Cuando en 1999 se realizó finalmente el examen de ADN que confirmó que María de las Mercedes Fernández era en realidad Carmen Sanz. "Me enteré por teléfono, por la señora de Carlotto. Me dijo que tenía a la nena al lado, y ahí hablamos por primera vez", rememoró. 

"Es la sensación de que te nace otro hijo, de que un pequeño milagro se había producido", expresó el tío de la joven, y dijo que sintió alivio cuando supo que Carmen "no estaba en manos de represores". 

El encuentro de Carmen Gallo Sanz con su familia biológica se produjo en Montevideo. "Fue muy emotivo, juntamos a los miembros de nuestra familia. Se quedó un par de días, y fue acompañada de los padres de crianza", agregó.

Sanz remarcó que en todo momento "lo más importante fue que ella fuera feliz y lo viviera de la forma menos traumática posible". 

Cuando la abogada de Abuelas de Plaza de Mayo, María Ester Alonso Morales, le preguntó si había notado algún parecido físico entre su hermana desaparecida y Carmen, el testigo respondió: "Sin ninguna duda. Tanto se parece que cuando fue a Montevideo había compañeras de mi hermana que le decían 'Aidita'". 

"Yo espero que esto termine con el reestablecimiento de su identidad. Que la verdad se aclare, que la conozca". Y añadió: "Que se haga justicia con esta gente que tenemos aquí, que ha sido responsable de tanta desgracia". 

“La acompañe a la CONADI”

Por su parte, la hija de desaparecidos Clara Petrakos declaró sobre cómo se contactó con Carmen Gallo Sanz. Relató que en la búsqueda de su hermana desaparecida (nacida en el cautiverio de su madre María Eloisa Castellini) se contactó con Carmen, pensando que podía ser ella a quien buscaba.

“La acompañé a la CONADI y al Hospital Durand. Ella tenía bien en claro que no era una hija biológica de quienes la criaron”, señaló Petrakos. 

Añadió que cuando el cruzamiento de datos genéticos con la familia Petrakos-Castellini dio negativo, “ella pensaba que quedaba descartado que era hija de desaparecidos”. Fue así que Clara la instó a hacerse un nuevo análisis.

Preguntada sobre lo que entonces sabía Carmen de su origen, Petrakos contestó: “Ella tenía entendido (por dichos de sus padres) que había nacido en la clínica del doctor Bergés”.

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