Unidad
9: "Dupuy aplicaba una política sistemática de destrucción
de detenidos"
Un
sobreviviente describió su cautiverio en ese penal y aportó
datos sobre el homicidio de un prisionero en noviembre de
1978, mientras el prefecto Abel David Dupuy comandaba la
cárcel. También identificó a cuatro guardias que torturaban
a los detenidos. Mañana declarará en la causa penal que
instruye el juez Blanco.
Por Vanina Wiman, Francisco
Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Andenmatten: "Cualquier
gesto significaba una posible sanción. Ahí aprendimos
a tener cara de nada, de zombies". (Foto: F.
Martínez) |

Alberto Pinto. Murió
por las palizas recibidas en la Unidad 9.
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LA PLATA.- David Andenmatten,
un sobreviviente de la represión ilegal que estuvo detenido
en la Unidad Penal Nº 9 de La Plata, narró hoy su paso por
el penal y detalló además las circunstancias del homicidio
de uno de sus compañeros de detención, Alberto Pinto, en noviembre
de 1978, cuando Abel David Dupuy era jefe de esa cárcel.
Mañana a las 9, el ex detenido
declarará también ante el juez Humberto Blanco, en la causa
penal en la que se investigan los delitos ocurridos en la
Unidad 9 durante la dictadura.
El recorrido de Andenmatten
como detenido ilegal comenzó en Córdoba: el 27 de mayo de
1976 fue secuestrado por personal de la sección de Informaciones
de la Policía de esa provincia. En esa dependencia funcionaba
un centro clandestino de detención, en el que Andenmatten
fue torturado durante dos días.
Luego, fue trasladado a una
comisaría de la ciudad de Río Cuarto, en donde permaneció
secuestrado dos meses y medio. "Allí sufrí torturas,
simulacros de fusilamiento, con el objeto de que denunciara
a otros compañeros", contó. Su siguiente destino fue
la cárcel de Río Cuarto, en donde estuvo detenido ilegalmente
hasta noviembre de 1976. "En realidad estaba a disposición
del Área 311 del Cuerpo III del Ejército, que es una figura
que inventó el general (Luciano Benjamín) Menéndez",
explicó.
A fines de ese año, Andenmatten
fue trasladado a la Unidad Penal Nº 1 de Córdoba. "Después
del golpe de estado, los militares tomaron el control de
la cárcel. En seis meses, mataron a 29 compañeros en supuestos
intentos de fuga. Fueron los seis meses más brutales",
indicó el sobreviviente, quien hasta hoy no había declarado
nunca ante un Tribunal.
En mayo de 1978, Alberto
Pinto fue trasladado al penal de Córdoba y allí se encontró
con Andenmatten. Ambos se conocían por su militancia en
Río Cuarto. Pinto fue secuestrado en esa ciudad en mayo
de 1977, y en julio de ese año fue puesto a disposición
del Poder Ejecutivo Nacional. "Era brillante intelectualmente,
era muy afable. Como conocía mucho de historia, nos daba
clases de historia argentina", recordó hoy el sobreviviente.
"Alberto tenía epilepsia
crónica, a tal punto que no podía caminar correctamente,
no podía coordinar bien", señaló el testigo, y añadió
que tenía convulsiones muy frecuentes y que los guardias
no le traían la medicación a tiempo: "Su enfermedad
era incompatible con el régimen de detención que teníamos".
El 27 de octubre de 1978,
un grupo de detenidos fue trasladado en un avión Hércules
a la Unidad 9 de La Plata. Entre ellos, se encontraban Andenmatten
y Pinto, quien sufrió una crisis de epilepsia durante el
vuelo: "Pidió auxilio, pero fue golpeado e insultado,
e incluso lo ataron al fuselaje del avión y lo amenazaban
con tirarlo del avión".
En la Unidad 9 fueron recibidos
del modo que caracterizó a la gestión de Abel Dupuy al frente
del penal: una doble fila de guardias golpeaba a los detenidos
mientras éstos ingresaban, esposados y encapuchados.
"La cárcel de La Plata
para mí fue mucho más sutil y brutal que la cárcel de Córdoba.
La política de Dupuy era de acoso, maltrato y humillación
permanente. Una política sistemática de destrucción de los
detenidos", definió Andenmatten, y agregó: "Cualquier
gesto significaba una posible sanción. Ahí aprendimos a
tener cara de nada, de zombies. Cualquier excusa era ir
a parar a los «chanchos» de castigo".
Los "chanchos"
eran los calabozos de aislamiento que se utilizaban para
"sancionar" a los prisioneros. Fue en una de esas
celdas de aislamiento que Pinto recibió las torturas y golpes
que le produjeron la muerte unos meses después.
"Alberto no tuvo tiempo
de comprender este nuevo sistema. El 14 o 15 de noviembre
fue castigado y enviado a los calabozos", narró hoy
su compañero de detención. Pinto estuvo allí durante cuatro
días, en los que fue permanentemente golpeado. Andenmatten
indicó que los guardiacárceles de la Unidad 9 tenían "un
ensañamiento hacia la persona enferma, débil" y que
en particular los torturadores castigaban a Alberto por
su condición de judío.
Andenmatten identificó a
cuatro guardias que cotidianamente torturaban a los prisioneros:
Ramón "el Manchado" Fernández, Juan "el Nazi"
Rivadeneira, Catarino Morel y un cuarto guardia de apellido
Videla. El testigo calificó a los dos primeros como "los
más feroces" y afirmó que, según pudo reconstruir,
los cuatro represores participaron de las golpizas permanentes
que sufrió Pinto en noviembre de 1978.
También destacó que "todos
los días iba un médico para controlarlo y decir si estaba
apto para seguir en los calabozos, y siempre fue autorizado".
"Los médicos han sido cómplices", aseguró.
Después de cuatro días de
estar en los "chanchos", Pinto fue sacado inconsciente
por un guardia que lo llevó arrastrándolo de los pies. Fue
trasladado a la enfermería del penal, en donde lo vio Héctor
Ortiz, otro detenido que estaba internado allí a raíz de
una golpiza. Ortiz le relató a Andenmatten que "lo
vio llegar a Alberto lleno de golpes y moretones, aterrorizado,
no podía hablar, balbuceaba".
Pinto fue llevado entonces
al Hospital San Juan de Dios, en La Plata, en donde estuvo
internado durante tres meses. Sus compañeros de detención
lograron avisar a la familia, y Carlos, hermano de Alberto,
pudo estar en la clínica junto a él. "Dice que nunca
pudo hablar con él, porque no podía ni hablar", relató
Andenmatten, y agregó: "Tenía una guardia armada, como
a un peligroso delicuente, cuando en realidad estaba agonizando.
Tenía crisis de pánico al ver gente uniformada —entre ellos,
Dupuy, que visitó el hospital—, habían logrado aterrorizarlo".
El 5 de marzo de 1979, Alberto
Pinto falleció en el hospital. Luego de escuchar el testimonio
de Andenmatten, el juez Schiffrin sostuvo que "estamos
ante un caso de homicidio agravado, del que resulta responsable
prima facie el director Dupuy". Por esta razón,
la Fiscalía pidió que se remita una copia del acta de la
declaración al juzgado de Humberto Blanco, quien instruye
la causa penal que investiga al prefecto y a otros represores
por lo ocurrido en la Unidad 9 durante la dictadura.
Así, la declaración de hoy
se complementará con la que Andenmatten brindará mañana
a las 9 en el marco de esa causa penal. La APDH La Plata
pidió su citación por iniciativa del ex detenido, que está
en Argentina sólo por esta semana, ya que actualmente reside
en Ginebra (Suiza), lugar en el que se exilió en 1980. En
el marco de este expediente, ya hay tres pedidos de detención
e indagatoria de Dupuy y del "Manchado" Fernández,
que aún no han sido resueltos por Blanco.
"La muerte de Alberto
es emblemática de los niveles de salvajismo que alcanzaron
estas personas —recalcó hoy el ex detenido—. Y Dupuy permitió
ese salvajismo. Sabía que Alberto era epiléptico. Es incomprensible".
Andenmatten estuvo detenido
en la Unidad 9 hasta mayo de 1979, cuando fue trasladado
al penal de Caseros. Dos meses después obtuvo la libertad
vigilada, que finalizó recién en febrero de 1980. Casi inmediatamente
hizo las gestiones para salir del país y desde ese momento
vive en Ginebra.
Caso Mariani: la pista
del 601
Dos legajos de la DIPBA dados
a conocer hoy en el Juicio por la Verdad dan cuenta de que
el Batallón de Inteligencia 601 requirió información sobre
la obstetra de Diana Teruggi, dos días después del ataque
de las fuerzas conjuntas a la casa de 30, entre 55 y 56,
donde fueron asesinados Diana y otros tres compañeros, y
secuestrada la beba Clara Anahí Mariani. El hallazgo fortalece
la ya firme convicción del tribunal de que la niña no murió
en el operativo.
Para intepretar el contenido
de esos dos legajos fue citado a declarar nuevamente el
subcomisario Gustavo Galella, ex cuadro de la DIPBA durante
la dictadura, que en audiencias anteriores proporcionó datos
sobre el funcionamiento de esa central de espionaje, pero
se mostró reticente al momento de referirse a la desaparición
de Clara Anahí.
A raíz del hallazgo de esos
dos documentos, el fiscal Carlos Dulau Dumm solicitó a la
Cámara Federal una orden de registro sobre el Batallón,
que fue autorizada en parte: el Tribunal resolvió que se
realizará una visita para hacer una búsqueda sobre los datos
que hubiera sobre el caso Mariani-Teruggi.
Galella, quien el 27 de octubre
pasado había dicho que la DIPBA era sólo una "redacción
de periodismo" donde se confeccionaban informes, declaró
por cuarta vez en el Juicio por la Verdad, esta vez para
dar explicaciones sobre los dos legajos de inteligencia.
La Cámara dio a conocer públicamente
un legajo en el que se hacía referencia a la médica Esperanza
Gurevich, quien fue la obstetra que atendió durante su embarazo
a Diana Teruggi, mamá de la beba desaparecida Clara Anahí
Mariani.
En ese legajo, se indicaba
que Gurevich y el odontólogo Tomás Fusini, quienes tenían
relación con la familia Teruggi-Mariani, "proporcionarían
certificados médicos de la señora Teruggi de Mariani".
Galella identificó al "requirente"
de esa información: el Batallón 601 de Inteligencia, con
sede en Buenos Aires. Cuando el juez Schiffrin conjeturó
que "uno puede pensar que quería saberse sobre el estado
de la criatura", y le preguntó a Galella al respecto,
el subcomisario respondió: "Eran frecuentes este tipo
de preguntas y repreguntas. Era a los efectos de complementar
el legajo de búsqueda".
"Uno, a través de la
lectura, podía conjeturar cuál era el interés del requirente",
explicó el policía, en otro tramo de su largo testimonio,
de más de dos horas. Agregó, con su habitual lenguaje técnico
y oscuro a la vez: "Se trataba de formar un cuadro
informativo". En la audiencia, Galella aclaró varias
veces que él no estaba en funciones en la DIPBA en el año
de confección de ese legajo, en 1976.
No obstante, el abogado de
la familia Mariani remarcó que Galella estaba entonces haciendo
el curso de Inteligencia en la sede de la Casa de la Provincia
de Buenos Aires. Tras varias preguntas y repreguntas, el
letrado Juan María Ramos Padilla logró que Galella le dijera
que allí funcionaba la sección "Enlace" de la
DIPBA.
Aunque una vez más, el testigo
se volvió a atajar: "El curso era con desafectación
del servicio. (...) Los ámbitos físicos de trabajo y estudio
estaban diferenciados".
Galella indicó que otra de
las secciones de la DIPBA era la denominada "Búsqueda",
que dependía directamente de la Dirección General. Entonces
Ramos Padilla le pidió que contestara por sí o por no si
había personal operativo en la sede de calle 54 entre 4
y 5, donde hoy funciona la Comisión por la Memoria. "Había
personal que hacía tarea de campo", contestó Galella.
—¿Usted y (el policía Daniel)
Del Arco hicieron tareas de campo? —inquirió inmediatamente
el abogado.
—No —respondió Galella.
Ramos Padilla también indicó
que le resultaba "curioso" que la DIPBA tuviera
dos informes eventualmente contradictorios: en uno de ellos,
del 26 de noviembre, se daba por muerta a Diana Teruggi
mientras que en otro, producido en los mismos días, no se
consignaba ese dato. El abogado recordó que está probado
que en esas fechas se enterró como NN el cuerpo de Teruggi.
—Al mismo (Batallón) 601
ustedes le escondían información o se la mandaban por otro
canal — le dijo el ex juez federal al testigo Galella.
—Eso era una práctica habitual. Al intervenir dos secciones,
"Búsqueda" y "Enlace", se originan informaciones
divergentes.
En la audiencia, tanto Ramos
Padilla como los jueces le volvieron a preguntar al subcomisario
qué significaba la inscripción "Consultar a Galella"
que aparece en algunos legajos de la DIPBA. "Era para
buscar expedientes", señaló. Cuando le preguntaron
a qué otras personas se consultaba para eso, Galella dio
una respuesta genérica: "A todo el personal del Archivo
(de la DIPBA)".
A raíz de los avances en
la investigación, el abogado Jaime Glüzmann, en representación
de la APDH La Plata, pidió que se investigue en el Juicio
el accionar de todos los organismos de inteligencia en la
jurisdicción del Tribunal durante la dictadura, y solicitó
que para ello se forme un nuevo expediente.
El Pozo de Quilmes
También declaró Rebeca Krasner,
quien estuvo secuestrada en 1977 junto a su novio de entonces,
Luis Alberto Santilli, que permanece desaparecido. La mujer
relató que fueron secuestrados el 18 de agosto de 1977 en
el domicilio de sus padres, en la localidad de Quilmes.
"Me dijeron: «Estamos
buscando a su marido»", declaró Krasner, sobre los
cuatro represores de civil que llegaron a su casa en varios
autos.
A Santilli y a Krasner se
los llevaron a la Brigada de Quilmes. "Creo que fue
ahí porque yo nací en Quilmes y la Brigada era bajando una
barranca. Yo no ví pero sentí la barranca" en el auto,
declaró la testigo.
Añadió que su novio fue torturado.
"Durante tres horas yo escuché los gritos de su tortura".
Momentos después, "me llevaron a un lugar donde escuché
la voz de Luis y él me dijo que a mí me largaban y que él
se quedaba".
La mujer reconoció algunas
dependencias del "Pozo de Quilmes" en un plano
que la Cámara le exhibió. También dijo que en una oportunidad
estuvo en La Plata, para radicar un hábeas corpus, sin poder
precisar en dónde. "Había una pila de hábeas corpus
y copié la redacción de uno de ellos", dijo Krasner.
Y agregó: "Hice denuncias en la Liga Argentina por
los Derechos del Hombre y, siete años después, en el SERPAJ.
Nunca tuve noticias de él".
El último testigo fue Daniel
Víctor Santilli, hermano de Luis Alberto, quien no pudo
aportar muchos datos dado que no tenía una relación estrecha
con él. "Era un militante barrial, de lo que se conocía
como «la tendencia», de la JP", declaró. Y dijo que
la empresa Aceros Pittsburg, donde Luis trabajaba, lo dejó
cesante por abandono de trabajo. Añadió que lo apodaban
"Bicho", en su familia, y "Dante", entre
los compañeros de militancia.
"Hacíamos lo que se
podía. Hasta una carta al Papa. Si había que presentar algo
en Santa Cruz, nos presentábamos", dijo Santilli, sobre
la búsqueda que hizo la familia.
Tanto Rebeca Krasner como
Daniel Santilli estuvieron horas juntos en la sala de testigos
de la Cámara, sin reconocerse entre sí. Hoy se dieron un
abrazo en Tribunales, después de 27 años, luego de la declaración
de Krasner.
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