Un ex policía narró ejecuciones
y quema de cadáveres Se
presentó a declarar en forma espontánea. Relató hechos que
dijo haber visto cuando hizo la conscripción en 1978 en un
regimiento de San Martín y mencionó a varios represores.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
"El comentario de los
soldados viejos era que iba a haber asado", aseguró el ex
policía Pajón. (Foto: FM)
LA PLATA.-
Un ex policía se presentó espontáneamente hoy ante la Cámara
Federal para narrar que en 1978, mientras hacía la conscripción,
presenció ejecuciones y quema de cadáveres en la Compañía de
Ingenieros 10 Pablo Podestá, en San Martín.
Miguel Ángel Pajón, un ex policía bonaerense de 43 años
exonerado en 1997, pidió declarar en el Juicio por la Verdad y
contó que entre marzo y mediados de 1978 estuvo presente en
ejecuciones de detenidos-desaparecidos y la posterior quema de sus
cadáveres en aquel regimiento militar, donde -dijo- hoy funciona
un barrio privado aunque quedan ruinas de algunas edificaciones.
Según señaló, esos hechos eran conocidos por los militares como
"asados".
El ex policía narró dos episodios que ocurrieron en una tosquera
ubicada en el predio del cuartel, que, dijo, tendría una extensión
de 2500 metros cuadrados. En uno, fueron ejecutados alrededor de
20 hombres y mujeres de entre 20 y 25 años y, en el otro, fue
asesinada una mujer mayor, de unos 65 a 70.
"Tomate un camión, cargá 70 litros de nafta y 70 de gasoil.
Y dejá el camión ahí", le ordenaron un día. "El
comentario de los soldados viejos era que iba a haber asado",
aseguró Pajón. Esa noche, dijo, se escapó de la cuadra donde
dormía y siguió el camión, que fue conducido por suboficiales,
con las luces apagadas, hasta la tosquera.
"Desde arriba pude ver al suboficial Guillermo Giménez,
alias 'el chacal', que ponía el camión de culata contra la pared
de la tosquera y que bajaba los bidones. Abrió un tanque muy
grande que estaba oculto debajo de la tierra y vació los bidones
allí", narró.
En la noche siguiente, Pajón volvió a "escaparse" (tal
fue el término que empleó) de la cuadra y observó que el
sargento Giró (a) "la yegua" le abrió la puerta del
cuartel a dos camiones que llevaban la inscripción
"Salchichas
Vieníssimas", que habían llegado escoltados por un Ford
Falcon verde.
Contó que los automóviles se detuvieron primero en la casa del
jefe, Juan Antonio Rama, y que después siguieron camino hacia la
tosquera. "De los camiones bajaron pibes en calzoncillo, con
remera, con las manos atadas atrás. Había varones y mujeres, serían
unos 20", aseguró.
Pajón contó que del Falcon bajaron los sargento primero Gorbalán
(a) "Gorby" y Giménez, y el cabo primero Keyselman, al
mando del teniente Barros Uriburu (a) "Astroboy".
"Empujaron a los chicos y cayeron a la tierra boca abajo.
Muchos gritaban por la mamá, por los hermanos. Barros Uriburu tomó
un arma e hizo puntería en la cabeza. Era la 1.15 de la mañana,
justo cuando pasaba el tren pitando, y en algunos casos se hizo más
de un disparo", relató. Luego, los militares desvistieron
los cuerpos (les sacaron todo y hacían comentarios como
"esto le va a quedar muy bien a mi mujer") y "los
tiraron en el fuego".
Según el ex policía, las llamas ardían a gran altura.
Tras contar ese episodio, Pajón dijo por primera vez en la tarde:
"Yo no puedo dormir con esto".
En el segundo hecho similar que presenció participaron el cabo 1°
Keyselman, el cabo Rodríguez y, nuevamente, el teniente Barros
Uriburu. La víctima fue una mujer de unos 65 a 70 años, que fue
llevada al regimiento la misma noche de su ejecución.
El procedimiento fue parecido al anterior, sólo que la mujer fue
arrojada del camión vendada -cayó al suelo y golpeó con la
cabeza- y luego rematada con un golpe de pala en la nuca.
Luego, los militares encendieron el fuego y arrojaron el cuerpo.
"Con ese
modus operandi se realizaron muchos operativos", completó
Pajón.
El ex policía, que cuando ocurrieron esos episodios tenía 18 años,
también contó que durante un tiempo hubo dos jóvenes detenidos
en los calabozos del regimiento y que los militares cobraban
rescate por una eventual liberación que no supo si alguna vez se
produjo. Concretamente, a la cabeza de esa operación mencionó al
sargento ayudante Montes de Oca y a los cabos Rodríguez y
Keyselman.
"Montes de Oca mandaba en comisión a un conscripto para
cobrar el dinero. El soldado (de apellido Ambranson) se encontraba
con un familiar en un bar del centro de Buenos Aires y fue dos o
tres veces a buscar plata en un sobre", contó.
Pajón también aseguró que los militares descubrieron que se
escapaba por las noches a ver "los operativos" y que
estuvieron a punto de asesinarlo. Según contó, zafó de la
muerte porque tenía buena relación con varios de los
suboficiales del regimiento, a quienes siempre les llevaba comida.
"Barros Uriburu me llevó varias veces al lugar (de las
quemas) y me detonó el arma cerca de la cabeza", dijo.
El ex policía también dijo que en la habitación del sargento
Giménez "había dos chicas de primaria (niñas) con las que
los suboficiales tenían sexo. Los comentarios eran que cuarenta y
pico de soldados habían tenido sexo con ellas".
"Por comentarios, me enteré que Gorbalán las quiso meter en
el baúl de un auto y que, como no entraban los cuerpos, agarró
la motosierra. Llevó los restos a la tosquera", agregó.
Dijo también que a Giménez le decían "el chacal"
porque "era el encargado de juntar los restos después de la
quema y los tiraba en los basurales de la zona. Hubo quejas de los
vecinos, que vieron que los perros andaban con restos humanos, y
entonces comenzó a juntarlos en una bolsa con piedras y los
arrojaba en una laguna".
Dijo, asimismo, que en ese regimiento los suboficiales golpeaban
seguido a los conscriptos y que hubo casos de jóvenes torturados
hasta la muerte.
Tras haber realizado un relato casi sin interrupciones, Pajón fue
interrogado sobre cómo conocía los hechos con ese nivel de
detalle y quiénes eran los compañeros que le hicieron "los
comentarios". El ex policía dijo que presenció varios de
esos hechos -"si cuento todo estamos acá tres días",
dijo- y que se enteró de otros episodios a través de soldados;
en ese
sentido, dio los nombres de cinco compañeros de conscripción:
Ricardo Vázquez, Julio Lesder, Popicin, Abranson -el enviado a
cobrar la extorsión a los familiares de los dos jóvenes
secuestrados-y un tal Rosner.
"Siempre me pregunté como de los 360 (jóvenes que hacían
la conscripción) nadie denunció nada. Si la mayoría sabía todo
esto. Lo mismo en la Policía", afirmó Pajón.
El juez Julio Reboredo le preguntó entonces por qué recién
ahora, después de 25 años, contaba aquello. Pajón se quebró y
lloró: "No lo conté antes porque creí que ningún gobierno
podía darme garantías. No quiero que le pase nada a mis
hijos".
En el comienzo de la declaración, Pajón contó que hizo una
denuncia en 1998 en una fiscalía federal de San Martín, ante el
fiscal Jorge Sica, luego de haber cruzado en la calle a dos de los
militares encargados de las ejecuciones y la quema de cadáveres.
"Pensé que estaban muertos o presos, pero estaban libres.
Pienso que tienen que estar presos", dijo.
Pajón sostuvo que lo motivó a declarar una nota que leyó en el
diario Clarín, en la que aparecía el juez español Baltasar Garzón
convocando a declarar ante la Justicia a todos quienes tuvieran
datos sobre la represión ilegal.
Afirmó también que el año pasado volvió a la fiscalía para
preguntar qué había sucedido con la causa y que le dijeron que
la denuncia se había perdido. Y señaló que por ello se presentó
hoy ante la Justicia Federal de La Plata. "Ahora voy a dormir
más tranquilo", dijo en el final de su relato.
Pajón fue policía entre 1984 y marzo de 1997, cuando fue
exonerado "por denunciar a mi jefe en un caso de
drogas", contó. Su último trabajo fue como custodio del
fiscal federal Juan Martín Romero Victorica.
"Realizó una declaración confusa y llamativa, pero dio
datos sobre hechos puntuales que deben tenerse en cuenta para
iniciar una investigación", evaluó la abogada de la APDH La
Plata, Alicia Peralta.
La Comisaría 5° en 1978
Otro de los testigos de hoy fue Edgardo Rubén Budo, un comisario
en actividad de 51 años, que durante la dictadura prestó
servicios en la comisaría 5° de La Plata, sede de un centro
clandestino de detención.
Budo declaró que comenzó a trabajar en esa dependencia policial
en 1978, cuando aún "había detenidos a disposición del
Poder Ejecutivo Nacional", declaró. El policía señaló que
entonces también había "detenidos comunes".
"Había un lugar, un calabozo, que decía 'área
restringida'. Ahí no estaban los detenidos comunes",
sentenció Budo. Y agregó que esa celda estaba ubicada detrás
del patio y a la izquierda, a diferencia del lugar al que ya
conoce como el "depósito de personas" de la comisaría
5°, que se encontraba al fondo a la derecha.
Budo describió que el calabozo "tenía una puerta
ciega" y que "había personal de civil"
custodiando. El efectivo señaló que por la jerarquía que él
tenía, le estaba vedado el acceso a ese lugar, aunque afirmó que
"se sabía que no eran presos comunes".
Además, contó que en el primer piso de la comisaría, sobre la
zona interior que da al patio, había una mujer detenida en un
cuarto. "Sabíamos que estaba detenida, pero no si a
disposición de un juez o del PEN".
También se le preguntó a Budo sobre su trabajo en la Dirección
de Inteligencia de la Policía, a la que ingresó el 3 de octubre
de 1975 siendo aspirante a agente.
El comisario señaló que su trabajo allí consistía en
"pasar informes a distintos lugares que lo requerían",
como la "Comunidad Informativa", nombre con el que se
conocía al conjunto de servicios de inteligencia de las
Fuerzas Armadas y de Seguridad durante la dictadura.
"Venían información de X lugar y la transcribíamos. Lo que
hacíamos era retransmitir", explicó Budo.
Aunque tuvo buena memoria para recordar a sus compañeros de la
Comisaría 5°, no pasó lo mismo con los que trabajaron con él
en Inteligencia: Budo no recordó a ninguno. Sólo dio algunos
sobrenombres ("Polio", "El Negro") y un agente
de apellido Carballo, además de mencionar al jefe de la
dependencia, el comisario general Osvaldo De Baldrich
Budo explicó que la DIPBA estaba dividida en varios
"departamentos", que se dedicaban a "Actividad
Social" o "Actividad Sindical". Dijo que sabía que
se realizaban operativos, de los que se encargaba el departamento
"Búsqueda", sin dar otras precisiones.
Por otro lado, hoy también declaró Nahuel Ricny, hijo de los
desaparecidos Guillermo Eduardo Ricny y Graciela Mirta Nogueira,
quienes fueron secuestrados de su casa de Burzaco en la madrugada
de 21 de julio de 1977.
Ricny no pudo aportar mayores datos, dado que en ese entonces tenía
sólo
cuatro años. Por los relatos que hicieron sus abuelos, pudo saber
que sus padres fueron detenidos ilegalmente por "un grupo de
hombres de civil, fuertemente armado, que respondía a la
Policía o al Ejército".
Por último, en la jornada de audiencias de hoy declaró la ex
policía Stella Maris Cavallaro, quien fue citada para que aporte
datos en el marco de la investigación sobre la desaparición en
1977 de los hermanos Adolfo Agustín y Héctor Gustavo Ramírez,
quienes también eran policías. Ambos revistaban en la comisaría
10° de Gonnet, donde también se desempeñó Cavallaro.
La ex policía dijo hoy que nunca supo nada y que no podía
aportar datos, dado que gran parte de ese año estuvo con licencia
por problemas de salud.
Esta es la segunda vez que Cavallaro comparece ante la Cámara. En
junio del año pasado declaró por la desaparición del policía
de la 4° de La Plata
Daniel Omar Martinicorena.