Un
ex jefe de la comisaría 8°
arrestado por falso testimonio
Bernardo Luis Boggio comandó la dependencia entre abril y
noviembre de 1977, pero dijo no recordar detalles sobre el
funcionamiento de un centro clandestino de detención en ese
lugar. Los jueces consideraron que fue reticente y lo dejaron a
disposición del juez Corazza.
Por Vanina Wiman y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
Boggio fue subcomisario
pero dijo haber estado a cargo de la 8° en 1977. (Foto:
FM)
LA PLATA.-
La Cámara Federal ordenó el arresto del ex policía Bernardo
Luis Boggio, al considerar que incurrió en el delito de falso
testimonio por la reticencia con que declaró en el Juicio por la
Verdad. Entre abril y noviembre de 1977, Boggio estuvo a cargo de
la comisaría 8º de esta ciudad, en la que funcionó un centro
clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar.
“Su desinterés y su espíritu de ‘no me importa nada’ son
una ofensa para este Tribunal y para la Justicia”, le dijo el
juez Leopoldo Schiffrin al testigo hacia el final de la audiencia,
y calificó su testimonio como “vergonzoso”.
Durante su declaración, Boggio respondió a medias las preguntas
de jueces y abogados sobre el funcionamiento de la 8º durante la
dictadura: dijo no saber que algunos de los detenidos que alojaba
eran ilegales —“creí que estaban a disposición del
PEN”—, negó haber visto militares en la dependencia y aseguró
que no sabía que en la 8º y en otras comisarías existieran
centros clandestinos de detención durante la dictadura.
El ex policía afirmó que hubo “sólo tres o cuatro muchachas jóvenes”
en la 8º que no eran detenidas comunes —pese a que está
comprobado el paso de numerosas personas por los calabozos de la
comisaría—, pero dijo que no recordaba de dónde habían venido
ni quién las había traído.
“Yo no sé si recibí detenidos (clandestinos)”, quiso
atajarse. Inmediatamente, el juez Schiffrin le exhibió el libro
de registro de la dependencia, en el cual se consignó, entre
otros, el ingreso de seis prisioneros ilegales el 28 de junio de
1977, es decir, mientras el ex policía era jefe de la
dependencia.
Entonces, Boggio atinó a contestar “yo personalmente no los
detuve ni los alojé” y añadió que a los detenidos ilegales
“los depositaron otros grupos de trabajo”. El juez Julio
Reboredo le preguntó si se refería a grupos de tareas. “Yo no
recuerdo que haya habido grupos de tareas”, respondió el ex
policía, y agregó: “No lo recuerdo, con toda honestidad. Puede
ser que haya habido algún movimiento en mi ausencia”.
El ex policía dijo que en lo referente a los prisioneros
clandestinos “yo recibía órdenes de mis superiores”, pero
también tuvo mala memoria a la hora de puntualizar quién le dio
la orden de alojarlos en la comisaría. “Las órdenes venían,
si quiere, de Videla para abajo, no puedo precisar”, señaló
vagamente. Cuando se le solicitó que fuera más específico,
mencionó como su superior directo al jefe de la Unidad Regional
de La Plata, pero dijo no
recordar su nombre.
A esta altura, tanto los jueces y los abogados como el público
presente enla sala de audiencias empezaban a impacientarse. “Es
que pasaron 25 años, y 25 años en otra actividad, que operan
como un lavado de cerebro”, se excusó Boggio con una sonrisa.
Con esta afirmación, quiso justificar un testimonio plagado de
ambigüedades y de respuestas vagas.
La abogada de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos solicitó
al Tribunal que tome alguna medida contra Boggio “porque esta
declaración es
una burla”. Los jueces de la Cámara determinaron entonces el
arresto provisorio del ex policía, por incurrir en el delito de
falso testimonio por la reticencia con la que prestó testimonio.
Bernardo Boggio quedó a disposición del juez de turno, Arnaldo
Corazza.
El testigo se quejó: “¿Cuál es el falso testimonio? Yo
contesté lo que sé, no creo haber faltado a la verdad”, a lo
que después añadió: “Yo cumplí órdenes y nada más”. Una
integrante del público opinó en voz alta: “Que se
vaya a llorarle a la Iglesia, con Von Wernich”.
Uruguayo detenido en “El Banco”
En otro orden, el ex detenido-desaparecido Gerardo Rodríguez
Brucesi se presentó espontáneamente a declarar. Rodríguez
reside actualmente en Melbourne (Australia) y pidió testimoniar
sobre su cautiverio, que comenzó en Capital Federal el 11 de
febrero de 1978.
El ex detenido contó que fue secuestrado en la calle Lavalle de
Buenos Aires, cuando estaba sacando fotos a unas bombas
lanzapanfletos. Se lo llevaron a la comisaría 1° de Capital y,
dos días más tarde, fue trasladado a un centro clandestino que
por todos los datos sería "El Banco".
Allí, Rodríguez fue sometido a terribles sesiones de torturas.
Expresó, con la voz quebrada, que lo violaron con un palo
mientras los represores “se reían y disfrutaban del espectáculo”,
expresó, con la voz quebrada.
Instantes después, lo torturaron con picana eléctrica. "Mi
boca se abría y cerraba sola; partí muelas", relató el
testigo y agregó: "Les daba rabia que no pedía que
pararan".
Rodríguez dijo que las sesiones de tortura continuaron por varios
días. "No podía soportar esa situación. Decidí sobrevivir
para un día hacer esto: denunciarlo públicamente", dijo.
"Fue mi experiencia en el infierno de Dante —aseguró—.
No había lógica. Me
preguntaban quién era homosexual en la Asociación de Modelos
Argentinos (donde Rodríguez era fotógrafo) o me decían que todo
eso que me pasaba era un castigo por ser judío".
El ex detenido recordó que en ese centro clandestino la comida
era una "bazofia" y que entró al lugar con 95 kilos y
salió "con menos de 45".
Señaló además que los represores se apodaban "Kung-Fú",
"Turco Julián" y "Colores", y recordó
especialmente a este último, que hoy está detenido y se llama
Juan Antonio del Cerro.
Rodríguez explicó que durante todo su cautiverio —que duró
hasta junio o julio de 1978— no pudo ver a ningún compañero de
detención porque permaneció vendado. Sólo una vez, en una
ducha, vio a una joven a la que describió como "muy delgada;
tenía un camisón viejo y caminaba como un zombie; le quedaban sólo
mechones de pelo y los ojos estaban negros, como si se los
hubiesen pintado".
“Ver eso me dio el coraje de que tenía que sobrevivir”, afirmó
el ex detenido.
También relató que cuando lo liberaron, en un descampado cercano
al aeropuerto de Ezeiza, pidió explicaciones del por qué de su
detención. “Vos sos un boludo, esto te pasa por sacar fotos
comprometedoras para el Gobierno”, le dijeron.
Gerardo Rodríguez señaló al final de su testimonio que hace dos
semanas su hermana le dio un dato nuevo sobre su cautiverio.
Explicó que un tío suyo, oficial de la Policía uruguaya, había
hecho gestiones por él. “Mi hermana me contó que se enteró
que estuvieron a punto de tirarme de un avión”, explicó.
“Sé que no me soltaron por azar, sino para aterrar a los demás;
a mis amigos, a mis familiares”, afirmó Rodríguez, quien en
1979 emigró a Brasil. Ya años antes se había exiliado a la
Argentina, escapando de la dictadura
uruguaya.
Desaparecido de SAIAR
En otro orden, la Cámara recibió el testimonio de Ramón Ángel
Pérez, cuyo hijo Héctor, un obrero de la fábrica SAIAR, está
desaparecido desde el 29 de noviembre de 1976. El testigo concurrió
a declarar pese a sus 84 años y su dificultad para caminar, y
habló sobre el secuestro de su hijo y las gestiones que la
familia hizo para averiguar su paradero. A su lado se sentó su
otro hijo, Luis, quien declaró por este caso en mayo pasado.
Ramón Pérez contó que la noche en que su hijo fue secuestrado,
la familia había salido. “Héctor no había podido venir.
Cuando volvimos, había sido forzada la puerta y la luz de afuera
estaba apagada. Mi esposa me dijo: ‘Acá pasó algo’. Cuando
entramos, no lo encontramos a nuestro hijo”.
El testigo reconstruyó lo que pasó gracias a los vecinos: “Nos
dijeron que vino personal policial y militar y que no lo
encontraron. Entonces, entraron y lo esperaron”. Los
secuestradores estaban armados y, cuando Héctor llegó, “le
pusieron una pistola en la cabeza y lo llevaron en un celular a un
lugar desconocido del que todavía no sé nada”.
Los represores hicieron destrozos en la casa, y se llevaron
dinero, ropa y alhajas.
Las primeras gestiones de la familia fueron ante las autoridades
de SAIAR. “Yo les dije que tenía la sensación de que ellos no
eran ajenos a lo que había sucedido (con los numerosos operarios
secuestrados), pero el señor que me atendió en
representación de la fábrica me dijo que ellos no podían hacer
nada”, indicó el padre del desaparecido, y agregó: “No
defendieron su propia fábrica, mucho menos a los obreros”.
Fueron pocas las noticias que tuvo la familia sobre el paradero de
Héctor. Poco tiempo después del secuestro, Ramón tuvo que ser
intervenido quirúrgicamente. Un médico traumatólogo que lo
atendió le dijo que podía obtener información sobre el destino
del joven, ya que estaba haciendo averiguaciones por otras
personas detenidas ilegalmente.
El padre del desaparecido aclaró hoy que finalmente no pudo tener
datos por esa vía, y que no sabe si lo que el médico le dijo era
cierto. “Puede ser que quisiera ayudar o puede ser que estuviera
con la represión. Se llama Salvador Eduardo Serraino y se lo podría
llamar a declarar”, dijo el testigo, y aportó el domicilio del
médico.
También se acercó a la familia Juan Carlos Carrizo, otro
operario de SAIAR, y les contó que había estado detenido con Héctor
en la Brigada de Lanús, con asiento en Avellaneda. “Carrizo me
contó que el 24 de diciembre de 1976, sacaron a mi hijo (de donde
estaba alojado con los otros detenidos ilegales), lo llevaron al
patio, lo desnudaron y lo bañaron. Lo afeitaron, le cortaron el
cabello, le dieron ropa, le dijeron que iba a ser puesto en
libertad y se lo llevaron en un camión”, relató hoy el
testigo, y agregó: “Carrizo me dijo: ‘Yo pensé que a (Héctor)
Pérez lo iba a encontrar acá, junto a sus padres’. Pero a mi
hijo nunca más lo vi”.
“Quiero que se haga justicia y que los que mataron a mi hijo,
porque creo que lo mataron, tengan un justo castigo. Pero en
ciertos momentos tengo la esperanza de que un día me venga a
visitar alguien y que ese alguien sea mi hijo”, expresó
llorando el padre del desaparecido, al final de la audiencia. El público
presente lo despidió con un largo aplauso.