"Estos
son los responsables de la
desaparición de tantas personas"
Lo dijo el ex detenido Víctor Basterra, mientras mostraba las
fotografías de los represores a los que les tuvo que hacer documentos
falsos cuando estuvo secuestrado en el centro clandestino que
funcionó en la ESMA.
Por
Vanina Wiman y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Víctor Basterra muestra las
fotos que tomó en la ESMA (Foto: FM) |
LA
PLATA.- El ex detenido Víctor Basterra brindó hoy a la Cámara un
detallado testimonio de su paso por el centro clandestino de
detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA), en donde estuvo secuestrado entre 1979 y 1983. Durante su
cautiverio, Basterra —trabajador gráfico y fotógrafo— fue
obligado colaborar en la confección de documentación falsa que los
represores utilizaban en el exterior. Hoy, el sobreviviente aportó
las fotografías de más de 80 torturadores y secuestradores.
La declaración de Basterra duró
más de tres horas, y comenzó con el relato de su propio secuestro,
ocurrido en la localidad de Valentín Alsina el 10 de agosto de 1979.
"Un grupo de personas entró a mi casa, se llevó a mi mujer y a
mi hija de dos meses y a mí me dio una paliza. A los pocos días me
llevaron al sótano del Casino de Oficiales de la ESMA", contó
el testigo.
Allí, tanto Basterra como su esposa
fueron torturados. Ella fue liberada cinco días después y él fue
trasladado a un sector del altillo del edificio conocido como
"Capucha", en donde los detenidos permanecían encapuchados,
esposados y engrillados.
"Convivíamos con cucarachas,
piojos y ratas. Y si los guardias venían con el humor cambiado nos
pateaban la cabeza o nos tiraban agua fría en invierno",
recordó el ex detenido, y agregó: "Era una práctica rutinaria
la tortura sistemática y constante. Para aplicarnos picana
eléctrica, nos llevaban a otro lugar, que llamaban «La
Huevera»".
En septiembre de 1979, un grupo de
detenidos fue trasladado durante un mes a una casa en una isla del
Tigre, conocida entre los represores como "El Silencio".
"Fue cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
en ese afán que tenían los milicos por aparentar que no pasaba
nada", expresó el sobreviviente.
Basterra formó parte de un grupo de
detenidos que eran obligados a colaborar con los represores de la ESMA
en distintas tareas. Al ex detenido le tocó colaborar en la
confección de todo tipo de documentación falsa que los miembros de
la Armada y de las fuerzas de seguridad usaban fuera del país.
"Lo más común era falsificar cédulas de identidad, DNI,
registros de conductor, pasaportes y credenciales policiales",
señaló el Basterra.
"Tuve la rara fortuna de haber
sido un esclavo para hacer esta documentación, porque me dio la
posibilidad de fotografiar a los milicos", contó hoy Basterra.
"Siempre guardaba una copia y la escondía en la caja del papel
fotosensible", indicó. Además, memorizó los nombres completos
de los represores y sus apodos correspondientes.
Gracias a esta metodología, Basterra
pudo identificar a muchas de las personas que conformaban los grupos
de tareas de la ESMA, así como a los que interrogaban y torturaban a
los detenidos.
"A mí me secuestraron (Adolfo
Miguel) Donda Tigel y (Fernando Enrique) Peyón. Eran el jefe y el
segundo jefe de operaciones de la ESMA en 1979. Con el tiempo, Donda
Tigel pasó a ser jefe de inteligencia. No sólo eran operativos; eran
interrogadores", precisó Basterra.
Donda Tigel era el jefe del grupo de tareas 3.3.2 de ese centro
clandestino,
y varios ex detenidos lo señalaron como uno de los que torturaba a
los detenidos en los interrogatorios. Fue beneficiado por la ley de
Obediencia Debida cuando cumplía prisión preventiva por 17 delitos,
entre ellos, el asesinato de la diplomática Elena Holmberg.
"En una ocasión, Donda Tigel me
pidió que falsifique un sello de seguridad de una boleta de un
cargamento de armas que había entrado por el puerto de Callao, en
Perú. Se ve que con el tiempo los militares diversificaron sus
negocios", ironizó el ex detenido.
Según el libro "Don
Alfredo", de Miguel Bonasso, el represor comandó el
"segundo círculo" de seguridad del empresario telepostal
Alfredo Yabrán, como "núcleo del aparato de inteligencia y
operacional".
Por su parte, Peyón fue beneficiado
por la ley de Punto Final. Hoy, Basterra lo describió como "un
psicópata". "Cuando yo llegué a la ESMA, me acababan de
operar de una hernia y estaba convaleciente. Peyón me empezó a pegar
patadas y, cuando le pedí que parara porque estaba recién operado,
se puso desesperado a buscar una gillette para abrirme los
puntos", recordó.
Basterra pudo fotografiar a estos
represores y a muchos más. "No sé por qué junté las fotos,
porque en ese momento yo no percibía que pudiera salir vivo de
ahí", manifestó hoy, y le pidió a los jueces que tanto las
fotografías como los nombres de estas personas sean hechos públicos.
"Estos son los responsables de
la desaparición de tantos compañeros —expresó el ex detenido—.
Estos son sus rostros. Son como asesinos seriales, mataron a miles de
personas". Y añadió: "Me gustaría que esta Cámara tome
el compromiso de que esto no quede en un mero anecdotario".
Basterra estuvo detenido junto a
muchos compañeros suyos de militancia, entre ellos Néstor Enrique
Ardeti, quien se encuentra desaparecido desde el
6 de agosto de 1979. En enero de 1980, Ardeti volvió a su casa
acompañado por un represor que se hacía llamar "teniente
Marcelo". Era en realidad Ricardo Miguel Cavallo, quien hoy se
encuentra preso en México y tiene un pedido de extradición a España
para ser juzgado por los delitos que cometió durante la dictadura.
Cavallo pudo ser identificado gracias
a los datos aportados por Basterra: el ex detenido fue el encargado de
confeccionar el documento falso que hasta hace poco el represor
utilizaba para moverse libremente, bajo un nombre falso.
Basterra afirmó hoy que Ardeti fue uno de los detenidos que
desapareció en
marzo de 1980, simultáneamente con el cambio de autoridades que se
produjo en la ESMA.
"En ese momento se empezó a
percibir una situación de máxima tensión. Cambiaron los que
comandaban el centro clandestino. A partir de allí, se endureció
todo", indicó el testigo.
El ex detenido señaló que una noche
estaba durmiendo en el piso del laboratorio de falsificación cuando
comenzó a escuchar ruidos provenientes de "Capucha".
"Era el ruido de las cadenas contra el piso de cemento, un sonido
absolutamente inolvidable", recordó. Y agregó: "Al día
siguiente, «Mingo», que era el que coordinaba el gabinete de
documentación, vino al laboratorio exaltado y dijo: 'Limpiaron
«Capucha»'. Yo casi me desmayo. En ese grupo que desapareció estaba
Ardeti".
Sobre los represores de la ESMA,
Basterra destacó "la omnipotencia con la que se manejaban"
y contó que algunos ni siquiera intentaban evitar ser identificados
por los detenidos. "Al primero que yo vi fue a Juan Antonio del
Cerro (a) «Colores». Un día me levantó la capucha de repente y me
dijo: 'Miráme, porque yo soy el que te va a matar en la calle'. Era
el que me había estado dando máquina todo el día anterior. Yo lo
reconocí por las manchas de las manos", afirmó Basterra.
El ex detenido también contó que
los represores de la ESMA también se apropiaron de su casa en
Valentín Alsina: "En julio de 1980 o 1981, Donda Tigel y Juan
Antonio Asic fueron a mi casa, se llevaron a mi madre a una
escribanía diciéndole que era para acelerar los trámites de mi
liberación. Le hicieron firmar un poder especial y se quedaron con mi
casa".
"Se qué la casa quedó a nombre
de un tal Molinari, que era auditor de la Prefectura Naval. Pero la
causa 'se perdió' en el juzgado y quedó ahí", agregó el
testigo.
Según el ex detenido, tanto Asic
como Peyón formaron parte de una agencia de seguridad privada de la
cual era propietario Yabrán. "Creo que se llamaba Brides, por
'brigadas de la ESMA' ", indicó.
El testigo señaló que a partir de
1982, el centro clandestino de la ESMA empezó a tener menos
actividad: "El plantel operativo se iba reduciendo, ya había muy
poca gente laburando", dijo. Y añadió: "Si había
secuestrados, no los traían; se los llevaban a una quinta. A veces
llamaban urgente un médico de la ESMA porque había habido 'un
problema' en la quinta".
Basterra también contó que
aproximadamente en octubre de 1983, a raíz de un decreto firmado por
Bignone, se quemó una gran cantidad de documentación proveniente de
la ESMA. "Eran fotos que nos habían sacado a nosotros para los
legajos internos. En un descuido de ellos, metí la mano en una bolsa
de negativos y los pude recuperar", contó el ex detenido, y
aclaró que, antes de destruir la documentación, los represores la
microfilmaron.
El 2 de diciembre de 1983, Basterra
fue finalmente liberado, aunque tuvo que soportar un régimen de
vigilancia por parte de los represores de la ESMA hasta agosto de
1984. En 1985, declaró durante seis horas y media en el Juicio a las
Juntas. "A tu memoria, Víctor", le dijo hoy un miembro del
público, y la audiencia finalizó con un aplauso.
"Pregunte en la
cochería"
En la jornada de audiencias de hoy
también declaró Pedro Miguel Galíndez hermano de Gabriel Diego
Ángel, desaparecido el 19 de mayo de 1977 y cuyocuerpo fue
entregado a la familia el 19 de octubre de ese mismo año.
Galíndez vio por última vez a su
hermano el 18 de mayo. Al día siguiente, Gabriel se reuniría en un
punto de Avellaneda con sus compañeros de militancia de la Juventud
Guevarista.
No se supo más del joven hasta
octubre del '77, cuando un desconocido avisó a su madre, Nora Mac
Donagh, que Gabriel había muerto en un enfrentamiento con las fuerzas
de seguridad en el camino Rivadavia, que une esta capital con la
ciudad de Ensenada.
Pedro Galíndez —en ese entonces
exiliado en Brasil junto a tres hermanos— contó hoy que su madre
comenzó la búsqueda en las comisarías de La Plata y que en esa
recorrida una persona a la que no pudo identificar le dijo que fuera a
preguntar a una cochería: "Pregunte en la cochería de 12, entre
68 y 69", le dijeron.
La casa fúnebre aún existe y su
nombre es DEI Sepelios. Allí un hombre le pidió dinero a Mac Donagh
con el objetivo de "coimear" a un policía para que le
dijera dónde estaba Gabriel.
La mujer pagó y tuvo noticias: el
cuerpo del muchacho estaba en la morgue del Departamento de Policía y
su muerte había sido constatada por el médico Héctor Darbón, el
mismo que certificó los defunciones de los integrantes de "La
Casa de la Resistencia" y de Diana Teruggi y Daniel Mariani, y
sospechoso de haber falsificado un acta de nacimiento para facilitar
la apropiación de la hija del matrimonio, Clara Anahí.
La mujer reconoció a su hijo en la
morque: "Encontró el cadáver con veinte kilos menos",
relató hoy Galíndez. Ese es un indicio de que Gabriel habría sido
apresado, luego llevado a un centro clandestino de detención y,
posteriormente, ejecutado.
Las autoridades policiales le entregaron el cadáver y le ordenaron
que el velatorio debía realizarse en DEI Sepelios. "Le dijeron
que sólo podían participar tres personas en el velatorio y tres en
el entierro, y le cobraron mucho más de lo normal", relató
Galíndez.
Hasta poco antes del golpe de Estado
Gabriel Galíndez había trabajado en una empresa metalúrgica y
luego, durante la dictadura, trabajó unos meses en la entonces
petrolera estatal YPF. No hay datos de él en los archivos de los
organismos de derechos humanos ni fue mencionado por otros ex
detenidos. Sus apodos eran "chupete", "alemán" e
"ingles". "Era pelirrojo, de ojos azules y tenía
muchas pecas", lo describió su hermano, quien también contó
que el caso no fue denunciado ante la CONADEP porque en 1984 todos los
integrantes de la familia estaban exiliados. |