Habrá
careos entre sindicalistas y un ex gerente en el caso Mercedes
Benz
Lo resolvió la Cámara al encontrar contradicciones entre los
testimonios. Un ex sindicalista, delegado de la SMATA en 1975,
se mostró reticente en su declaración de hoy. También se
prevé un careo entre dos ex policías de la comisaría 4°.
Por
Vanina Wiman, Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
Aguiar (izq.) dijo no
recordar nada; Amín (der.), defendió al SMATA (Foto:
FM)
LA
PLATA.- La Cámara Federal de esta ciudad dispuso dos careos para
el próximo miércoles en el marco de la causa que investiga la
desaparición de 14 operarios de la empresa Mercedes Benz en
González Catán: uno será entre Rubén Darío Aguiar —interventor
de SMATA en la fábrica en octubre de 1975— y Raúl Amín, ex
secretario gremial del sindicato, a raíz de las contradicciones
que surgieron entre sus testimonios de hoy. El otro careo será
entre Aguiar y Rubén Pablo Cueva, ex director de Asuntos
Jurídicos de la empresa.
Asimismo, el Tribunal enviar el testimonio de Aguiar a un juzgado
de primera instancia, en respuesta a un pedido del fiscal Félix
Crous, quien consideró que "están reunidos los elementos
para considerar este testimonio falso por reticencia".
Aguiar se desempeñó como delegado de SMATA en la planta
automotriz hasta marzo de 1976, pero quiso minimizar su
intervención en los asuntos gremiales dentro de la empresa.
"Yo fui convocado por un tema específico del comedor, de la
comida, de cómo se servía", dijo, y se apresuró a aclarar
que "los temas conflictivos entre los trabajadores y el
gremio los desconozco. Mi trabajo era muy específico, estaba
siempre en el comedor".
El ex delegado también dijo no saber nada de la desaparición de
miembros de la comisión interna de la fábrica. "Estoy
tomando conocimiento de eso en este momento", afirmó, y
añadió: "Recuerdo que cuando fui (a Mercedes Benz) había
conflictos pero usted me habla de secuestros y yo situaciones como
esas no viví".
Ya a esta altura de la declaración, el juez Schiffrin le
advirtió: "Esto parece una reticencia, porque quien trabajó
ahí debería tener una idea general de las cuestiones
graves".
Momentos después, el abogado de la APDH La Plata, Jaime
Glüzmann, le preguntó si tenía conocimiento del secuestro de
uno de los gerentes de la empresa, Heinrich Metz, ocurrido el 24
de octubre de 1975 y reivindicado por la agrupación Montoneros.
—No tuve ninguna noticia —respondió el testigo.
—Es impresionante —insistió el letrado—. Se trata del
secuestro de un alto dirigente de la empresa, un hecho reconocido
internacionalmente, y usted me dice que no se enteró.
—No, no me enteré.
—¿Se enteró que hubo 120 despidos?
—No, no recuerdo ese hecho.
—¿No supo que SMATA tuvo algo que ver con esos despidos? —preguntó
Gluzmann, en referencia a la carta que el secretario general del
sindicato, José Rodríguez, envió en noviembre de 1975 al
Ministerio del Interior reclamando despidos y pidiendo la
intervención de la empresa por considerarla "un
aguantadero" de "grupos de provocadores aliados de la
sedición".
—Desconozco totalmente lo que usted me dice —manifestó
Aguiar.
Los jueces también interrogaron al ex delegado por un episodio en
particular: en octubre de 1975 los trabajadores de la planta
automotriz iniciaron una huelga para reclamar por la
reincorporación de los operarios despedidos, un aumento de
salarios y el reconocimiento de la comisión interna.
Según consta en un testimonio brindado en 1975 por el ex director
de Asuntos Jurídicos de la empresa, Rubén Cueva, ante la
División Delitos Políticos de la Policía Federal, los
trabajadores en huelga realizaron una asamblea en la que se
presentó Aguiar, en representación de SMATA.
De acuerdo con Cueva —quien declaró en el Juicio en abril de
este año y ratificó su testimonio de 1975—, Aguiar recibió
por parte de los obreros una lista de nombres propuestos para
conformar una nueva comisión interna, con el objetivo de que el
sindicato evaluara la nómina.
Hoy, Aguiar negó haber recibido esa lista en la asamblea.
"No sé de qué me está hablando. No sé quién es el señor
Cueva", aseguró. Entonces, Schiffrin le indicó: "O
mentía sin sentido el testigo o usted lo está haciendo
ahora". "Yo no estoy mintiendo", replicó el ex
delegado, y agregó: "Yo desconozco por qué esta persona,
que no sé quién es, dice que hice eso con él".
El testigo sostuvo que "estuve en tres o cuatro asambleas,
pero no tuve un papel preponderante porque había un responsable
superior a mí que tomaba las inquietudes de los
trabajadores".
Ante la evidente contradicción entre las dos declaraciones, la
Cámara determinó que la semana próxima se realice un careo
entre Cueva y Aguiar.
El otro careo previsto para el miércoles será el que confronte
al ex delegado de SMATA con Raúl Justo Amín —ex secretario
gremial del sindicato—, quien también declaró hoy (ver más
adelante).
Amín afirmó en su testimonio que en 1975 el ex delegado era
colaborador de Juan Carlos Selles, otro interventor gremial en la
planta de Mercedes Benz, y que, como tal, "tenía que
recorrer la planta".
Después de esta declaración, el fiscal Crous consideró que
resultaba evidente que "Aguiar tenía mucha mayor relevancia
en su función que la simple cuestión del comedor", y
añadió: "Fue reiteradamente dicho que Selles y Aguiar
suplantaron a la comisión interna. Con lo que está claro el
falso testimonio".
Durante el testimonio de Amín, el ex delegado permaneció
incomunicado y bajo custodia policial.
"O no sabíamos o nos hacíamos los desentendidos"
Por su lado, el entonces secretario gremial de SMATA, Raúl Justo
Amín, justificó y argumentó la carta dirigida por el gremio al
entonces ministro de Justicia, Jorge Corvalán Nanclares, en las
que se señalaba a la comisión interna como "prohijada por
la subversión".
Durante todo su testimonio Amín ratificó los términos de la
misiva, que aludía al carácter ilegal de la huelga llevada a
cabo por los obreros de la Mercedes Benz en octubre de 1975.
"Fue una huelga sin motivos", dijo el sindicalista,
antes que le leyeran la denuncia presentada por el ex gerente
Jurídico ante la Policía Federal.
El Tribunal decidió leer el documento durante la audiencia, dado
que Amín admitió haber estado en el Consejo Directivo de SMATA,
que definió la confección de la carta.
Con ganas de explicar la historia, al finalizar la lectura Amín
dijo que "la discusión (sobre la redacción de la carta) fue
frente a los hechos de entonces". Y agregó: "El SMATA
explicó cómo se habían desarrollado los hechos, pero había que
estar en ese momento. No quiere decir que con motivo de esa
denuncia a los compañeros les haya pasado lo que les pasó. No
tiene absolutamente nada que ver", se despachó.
Lo que ocurrió, ni bien comenzada la dictadura, fue que algunos
de los integrantes de esa comisión comenzaron a desaparecer.
No obstante eso, Amín no se privó de emitir frases célebres.
"Lamento la desaparición de esos compañeros", dijo.
Para entonces ya había dicho: "A mí me podría haber pasado
lo mismo" y "cuando vino la represión nos dieron pa'
que tengamos y guardemos".
El sindicalista defendió al gremio diciendo que "SMATA
tenía derecho a opinar que el conflicto (la huelga de 1975) era
ficticio" y agregó que en la carta en la que se pedía que
el Gobierno interviniera la Mercedes Benz "no se dan
nombres". Los nombres, claro, se dieron en la denuncia del
gerente Cueva a la División Delitos Políticos de la Policía
Federal.
En otro tramo de su testimonio, Amín desvinculó a SMATA con el
entonces Ministro de Trabajo y actual canciller, Carlos Ruckauf.
Dijo que "era alguien vinculado a la UOM" y que en 1975
SMATA "tenía el Ministerio de Trabajo en contra".
La afirmación se contradice con el documento de la Mercedes Benz
aportado la semana pasada por Gabriela Webber, la periodista
investigadora del caso, en el que la propia empresa reconoció que
"quería apoyar el esfuerzo del ministro de Trabajo y SMATA
de eliminar elementos subversivos de las fábricas".
Al explicar los términos de la carta al ministro de Justicia,
Amín insistió: "La huelga la declaró ilegal el Ministerio
de Trabajo, no nosotros". "Quizás la declararon ilegal
para debilitar al gremio nuestro", añadió.
Raúl Amín dedicó parte de su declaración para hablar de sí
mismo. Dijo que en 1981 fue detenido, "luego de que
quemáramos un muñeco de Martínez de Hoz". Cuando al
comienzo de la audiencia le preguntaron su domicilio, aclaró:
"Vivo en la misma casa que hace 30 años".
Tampoco se privó de pedir medidas a los jueces: "Me
gustaría que citaran a los gerentes (de Mercedes Benz) porque
tenían más relación con los milicos que nosotros". Y dio
muestras de saber sobre las consecuencias de la dictadura:
"Dicen que hay veinte (sic) mil desparecidos", explicó.
A lo que sumó otra frase, hablando de los argentinos:
"Muchos o no sabíamos o nos hacíamos los
desentendidos".
Otro careo entre dos policías
En otro orden, el ex policía José Antonio Cabanas declaró hoy
en la causa en la que se investiga la desaparición de Daniel Omar
Martinicorena el 8 de julio de 1977, un efectivo que fue
secuestrado tras una discusión con su superior, el titular de la
Comisaría 4°, Rodolfo Quartucci.
Fueron tantas las veces que Cabanas contestó "no
recuerdo" a las preguntas de los jueces y del fiscal que este
último pidió denunciarlo ante un juzgado federal de primera
instancia por el delito de falso testimonio. "Me niego a
seguir haciendo preguntas y pido que el Tribunal proceda como
corresponde", afirmó Félix Crous tras su interrogatorio.
Cabanas, que prestó funciones en la 4° desde 1975 a 1991, era
agente cuando desapareció Martinicorena. "Ahí sí que no
sé. Hay cosas que no recuerdo", dijo cuando le preguntaron
qué había pasado con el policía desaparecido.
—¿Pero no escuchó ningún comentario? —le preguntó el juez
Leopoldo Schiffrin.
—Se hacían pocos comentarios, pero ha pasado tanto tiempo...
La desaparición de Martinicorena se produjo la noche del 8 de
julio de 1977, tras una cena de despedida que personal de la 4°
hizo al comisario Rodolfo Quartucci (ya fallecido). Según está
establecido en la causa, Quartucci y Martinicorena discutieron, y
eso derivó en la detención y posterior desaparición del joven
efectivo.
El ex policía Osvaldo Maseroni, quien también revistó en la
4°, declaró que Cabanas era uno de los policías que tenía
"mayor vinculación" con el comisario y que había
estado en aquella cena.
Hoy Cabanas dijo no saber por qué se lo vinculaba a Quartucci y
sobre su concurrencia a la cena mantuvo la claridad propia de todo
su testimonio: "Yo creo que no estuve".
Interrogado acerca del círculo de policías que rodeaba al
comisario —un grupo de tareas que participó en la represión
ilegal—, Cabanas reiteró la fórmula: "Ahí sí que no voy
a recordar eso. Hay cosas que no recuerdo".
A su turno, el fiscal Crous le preguntó si participó de los
"denominados operativos contra la subversión". El ex
policía dijo que sus compañeros participaron y recordó uno, en
las calles 35 y 132: "Rompieron la puerta y tiraron
derecho", dijo, pero afirmó no saber cuándo ocurrió.
En esta misma causa, el ex policía de la 4° Luis Alberto
Villanueva contó que fue herido el 22 de octubre de 1976 en un
procedimiento que realizó personal de su dependencia con la
Dirección de Investigaciones en una casa de las calles 132 y 35.
También, en una vivienda ubicada en esa dirección fue asesinado
Daniel Mariani el 1° de agosto de 1977.
Cabanas aseguró que participó "una vez" de ese tipo de
operativos, pero que "no había nadie" en la casa a la
que había ido junto a personal del Comando de Patrullas.
—¿Recuerda algún episodio en el que hubiese criaturas? —preguntó
Crous.
—Tengo entendido que sí.
—¿Sí o no?
—No.
—¿Qué era lo que tenía entendido, entonces? —se exasperó
el fiscal.
—No recuerdo —dijo Cabanas, tras haber pensado la pregunta
durante varios minutos. Ese fue el momento en el que el fiscal se
negó a seguir con el interrogatorio.
Más tarde, el policía reconoció que "una vez llevaron una
criatura a la comisaría", luego de un operativo realizado en
134 y 39. Entre el público se conjeturó que podría tratarse del
procedimiento en el que fueron secuestradas María Angélica
Banças, y su hija, María del Carmen Cañas. Junto a ellas
estaban los niños Ernesto Valiente y Cecilia Porfidio, que luego
fueron dejados en la Casa Cuna de La Plata. Cecilia es la hija de
Roberto Porfidio, asesinado por la Policía durante el ataque a la
casa de la familia Mariani el 24 de noviembre de 1976.
Cuando finalizó la declaración, el tribunal resolvió no
denunciar por falso testimonio de Cabanas hasta que no se lo caree
con su ex compañero Osvaldo Maseroni. "Soy escéptico de que
el testigo recupere la memoria en los próximos días", le
dijo Crous a los jueces. Schiffrin le respondió: "Yo
conservo una esperanza".
"¿Qué golpe
militar?"
En tanto, prestó testimonio Nieves Omar Camargo, un ex policía
que trabajó en las comisarías 5º y 9º de La Plata y que en
julio de 1976 fue custodio del entonces jefe de la Policía
bonaerense, coronel Ramón Camps.
Camargo ingresó a la comisaría 5º en febrero de 1976 —según
consta en su legajo— y permaneció allí durante marzo de 1976.
En esa dependencia funcionó durante la dictadura un centro
clandestino de detención.
Hoy, el ex efectivo negó que el personal policial tuviera
restringido el acceso a los fondos de la comisaría. "Era la
casa nuestra, y nadie prohibía nada", expresó. Cuando fue
interrogado sobre la existencia de detenidos que no estuvieran
registrados en el libro de guardia, el testigo afirmó que no
sabía: "Había superiores que se encargaban de eso. Yo nunca
noté la diferencia entre un preso y otro".
En un momento dado de la audiencia, la abogada de la APDH La
Plata, Elizabeth Rivas, le preguntó si había notado un cambio en
el funcionamiento de la dependencia a partir del 24 de marzo de
1976:
—Cuando ocurre el golpe militar usted estaba en la 5º.
—¿Qué golpe militar?
—El del '76, cuando asumen los militares. ¿Hubo diferencias
antes y después del golpe?
—No me acuerdo. Yo no lo tengo presente —respondió Camargo.
De acuerdo con el legajo del ex policía, su siguiente destino fue
la Jefatura de Policía, en julio de ese mismo año, cuando
empezó a formar parte de la custodia de Camps. Cuando se le
pidió que precise la fecha en que comenzó a desempeñarse en esa
tarea, Camargo sostuvo que no podía recordarlo.
El juez Julio Reboredo le advirtió que le resultaba extraño que
no recordara esa fecha, puesto que se trataba de un ascenso.
"No. Se sirve a la patria desde una comisaría como desde la
Jefatura de Policía", manifestó el ex efectivo.
Camargo dijo que formaba parte de uno de los tres turnos de
custodia de Camps, que estaban coordinados por el oficial
inspector Enrique Gil. El testigo señaló que "con mi tercio
jamás concurrimos a enfrentamientos".
Los jueces le preguntaron si había acompañado a Camps al
procedimiento realizado el 24 de noviembre de 1976 en la calle 30,
entre 55 y 56. "Ese día yo justo estuve de franco, me fui a
las ocho de la mañana", se atajó el ex policía.
El siguiente destino de Camargo fue la comisaría 9º. El
miércoles pasado, el ex policía José Celedonio Torres aseguró
ante los jueces que en el sector más antiguo de la dependencia
funcionaba un centro clandestino de detención, comandado por
personal de las Fuerzas Armadas.
"Nunca tuvimos detenidos políticos, todos eran
comunes", dijo hoy Camargo, y agregó que no recordaba haber
visto militares en la comisaría.
"Dijo 'Peugeot' y se lo
llevaron"
También declaró hoy María Luisa Pender, hermana de Luis
Roberto, secuestrado en su domicilio de San Francisco Solano (Gran
Buenos Aires) el 10 de mayo de 1976.
Pender aseguró que en la noche de aquella jornada "en la
calle había patrulleros y militares", que "entraron a
mi casa pateando la puerta". Los represores, dijo, iban al
mando de un hombre "muy parecido a Lorenzo Miguel", el
líder metalúrgico.
Los secuestradores interrogaron por sus nombres a los hermanos
Pender, mientras apuntaban a su padre en la cabeza. "Buscaban
armas y no encontraron nada. Entonces le preguntaron (a Luis)
dónde trabajaba. Dijo 'Peugeot' y se lo llevaron",
manifestó la testigo entre llantos.
Luis Pender había sido delegado gremial en la Peugeot, pero al
momento de su secuestro había renunciado. Durante los operativos
de aquel día y posteriormente, contó la mujer, los represores se
llevaron a otros obreros de la automotriz, que vivían en el
barrio.
Pender relató que la familia hizo decenas de gestiones en
distintas dependencias oficiales. Entre las diligencias, su
familia se entrevistó con el cura Emilio Teodoro Graselli, quien
en la capilla Stella Maris de la Armada recibía a los familiares
de los desaparecidos. Con cada consulta, el prelado armó un
fichero de más de dos mil piezas, que hoy tiene en su poder la
Cámara Federal. La visita de los Pender quedó registrada en una
de esas fichas.
La testigo contó que también fue varias veces al Regimiento de
Infantería N°7 de La Plata, donde la recibió el teniente Emilio
Falcón. "Decía que Luis estaba detenido en 1 y 60 (Cuerpo
de Infantería de la Policía, donde funcionó un centro
clandestino de detención). Íbamos allá y nos decían que lo
tenían los militares", aseguró María Luisa Pender.
Varias veces el militar le dijo en el Regimiento 7: "Acá a
las viejas las dejamos contentas cuando vienen a reclamar por sus
chicos". Poco después, Pender se enteró que la novia de su
hermano, Susana Aizama, era amiga de Falcón. El teniente,
aseguró la mujer, vivía cerca de su casa, en San Francisco
Solano.
Tiempo después del secuestro, Pender se encontró en la calle con
un subcomisario de apellido Cichero, quien le contó que Luis iba
a ser liberado porque lo habían capturado "por error".
Al finalizar la declaración, el fiscal Crous solicitó que el
tribunal cite a declarar al subcomisario Cichero y a quien por
entonces era teniente del Ejército, Emilio Falcón.