"Me
puedo desnudar aquí
y mostrarle las cicatrices"
Un
sobreviviente brindó un conmovedor testimonio ante la Cámara Federal. Dijo que
cuando fue secuestrado pesaba 100 kilos y que lo soltaron con 40. Además, el
esposo de una desaparecida afirmó que la secuestraron por reconocer a un
represor en un operativo.
Por Francisco Martínez
y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
|

Paz observa fotos
de desaparecidos durante la audiencia (Foto: FM)
|
LA
PLATA.- Un ex detenido brindó hoy a la Cámara un descarnado testimonio de lo
que vivió durante su secuestro en la última dictadura y aseguró que compartió
el cautiverio con los líderes de la comisión interna de la fábrica de
Mercedes Benz en Cañuelas, Esteban Reimer y Víctor Ventura.
Adolfo
Manuel Paz señaló que durante su cautiverio perdió más de 50 kilos de peso.
“Me puedo desnudar acá y mostrarle las cicatrices que tengo”, contestó,
cuando los jueces le preguntaron si había sido torturado.
Paz
dijo que fue secuestrado el 31 de diciembre de 1976 al llegar a su casa de
Guernica (sur del Gran Buenos Aires) y que fue llevado a la Brigada de Lanús
con asiento en Avellaneda, lugar que reconoció por los sonidos, dado que había
vivido allí cuando era niño.
“No
sabía qué era lo que estaba pasando. Nunca me imaginé que era por lo que
fue”, aseguró Paz, y explicó que durante la tortura los represores “querían
saber la actividad mía y la de mis compañeros de trabajo en la Dirección de
Zoonosis”.
El
testigo señaló que compartió el cautiverio con los líderes de la comisión
interna de la fábrica Mercedes Benz, secuestrados la madrugada del 5 de enero
de 1977. Paz, un chofer jubilado de 60 años, es el primer ex detenido que
declara en el Juicio haber estado con Esteban Reimer y Víctor Ventura.
“Jugábamos
al ta-te-ti con miguitas de pan”, recordó Paz y dijo que “Reimer siempre me
ganaba”.
Más
tarde, añadió que el obrero le contó sobre el interrogatorio al que fue
sometido, pero que no le dijo nada sobre la vinculación entre la empresa
Mercedes Benz y las fuerzas represivas. “Me dijo que le habían reprochado el
tener un Ford Taunus, que era un coche muy valioso en esa época”, señaló
Paz. El testigo calificó a Reimer de “muy solidario”, ya que ayudaba a los
demás prisioneros a contenerse en la situación que vivían.
El
ex detenido agregó que su segundo lugar de detención ilegal podría haber sido
el centro “Puente 12”. “Ahí era más severo (el régimen). Había
compartimentos cortos, sin puertas. Estábamos encadenados, la mayor parte del
tiempo, parados. Le puedo mostrar los tobillos, le puedo mostrar las muñecas
con las marcas”, aseguró.
“La
comida, era comida militar —agregó—. Cuando me dieron, no me tragué el
plato porque no me entraba en la boca. Yo pesaba 100 kilos y cuando salí,
pesaba un poco más de 40”.
Adolfo
Paz contó que al salir en libertad, los represores le entregaron una camisa
escocesa para que se vistiera. “Alguien (un prisionero) dijo: ‘Esa es mi
camisa’”, recordó, quebrado por el llanto. En ese momento, los jueces
tuvieron que suspender la audiencia durante 20 minutos para que Paz se
recuperara de la emoción, mientras era abrazado por la ex detenida Nilda Eloy.
El
testigo contó que fue liberado a media cuadra de su casa. “La persona que te
marcó a vos, se equivocó de acá a la China”, le dijo uno de los represores.
Secuestrada
por reconocer a un represor
En
tanto, Miguel Gómez, esposo de una desaparecida, le contó a la Cámara Federal
que un grupo de tareas secuestró a su mujer luego de que ella reconociera a uno
de los captores. “Lo conocía porque era el novio de una conocida nuestra”,
dijo el testigo.
Jorgelina
Aquilina Ávalos fue secuestrada de su casa de Los Hornos el 9 de junio de 1977.
El grupo de represores buscaba a su esposo Miguel, quien por ese entonces
militaba en el gremio de los no docentes de la Universidad Nacional de La Plata.
Lorenza
—hermana de Jorgelina— presenció el secuestro y le contó tiempo después
a Gómez que la desaparecida le hizo saber a uno de los represores que lo
conocía: “Yo a vos te conozco”, le dijo, y le mostró una foto en la que
aparecían varias personas, entre las que estaba el captor, miembro de la Policía
bonaerense.
“Mi
esposa no era militante ni nada. Puede que la hayan secuestrado porque mi mujer
lo conoció”, aseguró Gómez, sin mencionar el nombre del represor, que no
recordaba, ya que se trataba de una persona a la que habían visto pocas veces.
El
grupo de tareas, que hizo guardia en la casa hasta casi la medianoche (el
operativo había comenzado a las 9.00 de la mañana), también se llevó la
foto.
Gómez
aseguró que recién en 1987 u 88 advirtió quién podía ser el captor, cuando
revisando viejas fotos en la casa de un amigo y recordando el relato de Lorenza
Ávalos sobre el secuestro de Jorgelina, identificó al policía en una imagen
similar a la que desapareció de su casa.
El
represor sería esposo de Marina Fajardo, a quien el matrimonio Gómez conocía
por intermedio de otras personas.
Con
la certeza del nombre de la cónyuge, el fiscal ad hoc Félix Crous solicitó al
Tribunal que se libren oficios al Registro Provincial de las Personas a fin de
determinar el nombre del marido de Fajardo.
Gómez
declaró que se enteró del secuestro de su mujer el mismo 9 de junio, cuando su
suegro fue a avisarle al trabajo. “Me dijo que no fuera a mi casa, porque
estaba tomada por fuerzas conjuntas”, aseguró el testigo, que vivió oculto
en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires hasta 1983.
En
ese entonces el matrimonio Gómez tenía una beba de nueve meses, que se crió
los primeros años con los padres de Jorgelina.
El
testigo señaló que tras el secuestro no pensó que su mujer iba a desaparecer:
“Pensé que a mi esposa la habían llevado para interrogarla y que no estaba
desaparecida, porque ella no era militante. Yo no tenía noción del término
desaparición hasta que un año después vi el nombre de mi mujer en una lista
que publicó el diario de La Nación o La Prensa”, afirmó.
El
último de San Justo
También
declaró Rodolfo Atilio Barberán, quien contó que fue secuestrado el 26 de
marzo de 1978 por un grupo de hombres de civil con armas largas. En ese
entonces, Barberán era secretario de Actas de una Junta Vecinal de La Tablada
(Gran Buenos Aires), que había organizado una misa para pedir por la desaparición
de la esposa del presidente de la entidad.
“Se
ve que eso creó cierto malestar”, dijo el testigo, y relató que muchas
integrantes de la Junta fueron secuestrados, entre ellos, el médico Norberto
Liwski, que declaró en noviembre pasado.
Barberán
dijo que fue llevado al centro clandestino que funcionó en la Brigada de San
Justo, adonde también llegaron los hoy desaparecidos Mónica Grispón y Claudio
Logares, secuestrados en Uruguay.
“Un
día se escucha un tumulto. El que entra al lado mío grita: ‘¡Mónica, ¿donde
estás?!’”, recordó el ex detenido y agregó: “Enfrente mío, desde esa
celda, ella le contestó”. El Tribunal le exhibió al testigo una foto de Mónica
Grispón y Barberán la reconoció.
El
ex detenido también contó que fue torturado con la picana eléctrica en
reiteradas oportunidades. “Perdí la cuenta, pero creo que los primeros dos o
tres meses fue casi a diario”, afirmó.
Barberán
sugirió que en San Justo podrían haberse quemado cadáveres de víctimas de la
represión. “Un día la celda se llenó de humo —recordó—. El humo me
trajo a la memoria un recuerdo de la infancia: de chico yo vivía cerca de un
cementerio y ese olor lo olí muchas veces. Yo le digo, para mí estaban
quemando una persona”. El testigo precisó que ese episodio ocurrió hacia
julio o agosto de 1978.
Rodolfo
Barberán fue el último secuestrado de la Brigada de San Justo. Según contó,
estuvo un mes “sin escuchar ninguna clase de movimiento”.
Después,
para fines del ’78 fue llevado a una comisaría de General Rodríguez, luego a
las cárceles de Devoto y Caseros y finalmente a la U9 de La Plata.
La
Cámara le informó a Barberán que cuenta con la ficha de su ingreso en esa
dependencia. Allí, el principal cargo en su contra es la “tenencia de un
croquis de un regimiento militar”, dato que el propio Barberán desmintió.
El
testigo agregó que tuvo una causa federal en su contra por “presunta
vinculación con la subversión”, por lo que fue condenado a dos años de
prisión. El cumplimiento de la pena coincide exactamente con la fecha de
liberación de Barberán de la U9: 26 de marzo de 1980.
Esta
coincidencia podría aportar líneas de investigación sobre la vinculación
entre la maquinaria ilegal que secuestraba personas durante la dictadura y el
aparato del Estado que pretendía ser legal, en el caso de las personas que,
como Barberán, tuvieron causas penales en la Justicia.
Fracturado
En
otro orden, la Cámara informó que el ex subdirector del Hospital Naval,
Antonio Richa, llamó al Tribunal para decir que no podía presentarse hoy a
declarar ya que padece una fractura de fémur,
y solicitó ser llamado nuevamente dentro de un mes.
|