Mercedes
Benz donó equipamiento
neonatológico a Campo de Mayo Lo reveló un ex gerente de la firma. En ese lugar,
funcionó una maternidad clandestina durante la última dictadura. El ex
directivo negó importancia a la entrega de listas de obreros a la Policía. En
tanto, un ex operario afirmó que el Ejército "entraba y realizaba
rastrillajes" en la planta de Cañuelas.. Por Francisco Martínez
y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
Cueva, sobre la entrega de nombres de
operarios a la Policía: "Yo no acusé" (Foto: FM)
LA
PLATA.- La empresa Mercedes Benz donó equipamiento neonatológico al Hospital
Militar de Campo de Mayo, donde durante la última dictadura funcionó una
maternidad clandestina en la que muchas desaparecidas dieron a luz.
Así lo reveló el ex gerente de Asuntos Jurídicos, Rubén Pablo Cueva, en su
declaración de hoy en el Juicio por la Verdad. Agregó también que era común
que la planta de González Catán enviara regalos a las comisarías de la zona,
como cajas de vino para fin de año.
El dato aportado por Cueva estrecha aún más los vínculos entre los militares
y la Mercedes Benz, que cuenta con 14 operarios desaparecidos que pertenecían a
una comisión interna. El testigo añadió que durante el Mundial '78 la firma
cedió al Comité Organizador "25 ómnibus y 55 autos" (gestionados
por el almirante Carlos Lacoste) para traslado de las delegaciones, y que se le
vendieron "muchos camiones" al Ejército.
Cueva negó importancia a la principal acusación que hay en su contra, la de
haber entregado a la Policía Federal nombres y direcciones de obreros de la
comisión interna, relacionándolos con el secuestro del gerente Heinrich Metz
por la agrupación Montoneros. Algunos de esos obreros están hoy desaparecidos.
"Yo no le brindé nada a la Policía. Hice una denuncia, con las
circunstancias del hecho", declaró Cueva, de profesión abogado. Cuando el
fiscal Félix Crous le preguntó "qué tenía que ver" la comisión
interna con el secuestro del gerente, contestó: "No es que tuviera que
ver. Da la casualidad que el secuestro se da en el marco de movimientos huelguísticos.
Yo no acusé".
El secuestro de Metz se produjo el 24 de octubre de 1975 y en la denuncia,
presentada el mismo día por Cueva ante la División Delitos Políticos de la
Policía Federal, se nombra primero a los obreros, acusando a algunos de
"comunistas" y aportando su cédula de identidad. "De esta forma
quiere (Cueva) explicar la situación gremial de la empresa con sus obreros y
empleados", se consigna en el acta. Recién después, se hace el relato del
secuestro.
En otro tramo de su declaración, Cueva señaló que "no tenía interés
personal" en hablar de la comisión interna en la denuncia. "Hoy y
antes eso era un delito, como abogado de la empresa hice la denuncia del
delito", expresó.
—¿Usted fue consciente del riesgo que corrían esas personas?— preguntó
Jaime Glüzmann, abogado de la APDH La Plata.
—No se puede presumir que eso fue el inicio de lo que vino después—
respondió Cueva.
Esa comisión interna se formó a principios de octubre, cuando los empleados
acordaron realizar una huelga, que precedió al secuestro de Metz. En esa
oportunidad, la empresa despidió a 120 trabajadores —"direccionada por
el SMATA", dijo el testigo—, cuestión que se sumó al reclamo de los
obreros, que según Cueva consistía en aumento de salarios y reconocimiento de
la propia comisión.
Cuando el Tribunal preguntó si la empresa tenía constancia de alguna relación
entre la comisión y los Montoneros, el ex gerente contestó: "Se decía
que sí. Pruebas, ninguna", para después explayarse en la teoría de los
dos demonios: "En la empresa había gente que creía que si. Era la época,
doctor. Acá había dos bandos que habían decidido conquistar el país. Uno que
se llamaba Ejército Argentino y otro Ejército de Liberación".
Cueva dijo no haberse enterado del secuestro de Esteban Reimer, líder de la
comisión interna, ocurrido el 5 de enero de 1977, después de negociar con la
empresa la reincorporación de cesanteados. Agregó que por su función no
participaba en ese tipo de reuniones.
Cuando la Cámara le preguntó por qué se hizo la denuncia del secuestro del
gerente Metz y no del de Reimer, el ex directivo respondió que "no tuvimos
conocimiento de que haya sido un delito".
También se le pidió que explique qué sabía de los secuestros de empleados
dentro de la fábrica, hechos por el Ejército. Rubén Cueva señaló que mucho
no se enteró de eso porque su función la cumplía en la sede central de la
Mercedes Benz, en Buenos Aires.
"No sé si fueron una o dos veces -contó-. Sí se que tuvo alguna
intervención Tasselkraut, en el sentido de que él era parte del personal
superior de fábrica. Siempre lo hablamos con él, yo trataba de bajarle la
preocupación moral, le decía: 'Tasselkraut, en esa época había que ser muy
macho para decir que no si venían dos camiones cargados de soldados'".
El ex gerente afirmó que las únicas gestiones que hizo la empresa por personas
secuestradas por las fuerzas represivas fueron las realizadas en oportunidad de
la desaparición de dos hermanos de una empleada administrativa.
Explicó que él y su secretaría conocían, a raíz de la donación para el
hospital de Campo de Mayo, a un capellán del Ejército —no recordó el nombre—,
quien hizo gestiones que terminaron con la liberación de esas personas.
Al igual que otros gerentes, Cueva presentó la imagen de que Mercedes Benz era
una empresa modelo. "Nadie iba contando 'éste es un revolucionario, a este
hay que matarlo'. Nuestra empresa no era así. La nuestra fue una empresa que
pagó los mejores salarios de la industria automotriz. No tuvo ninguna huelga
hasta el año '75. Era una empresa con sensibilidad social".
Asimismo, el ex gerente señaló que por el secuestro de Metz la empresa pagó
cuatro millones de dólares "y no más como se consignó con supina
ignorancia". La periodista Gabriela Webber, investigadora del caso, afirma
que la Mercedes Benz declaró al fisco alemán haber pagado 7,5 millones
"para deducirlo de su deuda fiscal".
Cueva dedicó buena parte del testimonio a contar cómo se pagó el rescate,
diligencia de la que participó junto a su superior, Pedro de Elías, a quien
definió como "un gran amigo de mi alma". "No me cabe duda que
fueron cuatro millones. El 24 de diciembre nos hablan confirmando que habían
contado el dinero y que estaban de acuerdo", acotó.
"Los gerentes hablaban con el Ejército"
Hoy también se presentó a declarar el ex operario Ricardo Martín Hoffmann,
quien pidió comparecer para desmentir lo que dijeron los gerentes de Mercedes
Benz en el Juicio por la Verdad, en referencia a que el Ejército nunca ingresó
en la fábrica de Cañuelas.
"Pido declarar porque he escuchado testigos del directorio que manifiestan
que el Ejército no entró nunca. La realidad es que entraba permanentemente a
realizar rastrillajes", aseguró el testigo. "Desconocer eso es faltar
a la verdad", se indignó.
Hoffmann trabajó en la Mercedes Benz entre 1973 y 1977, cuando lo despidieron días
después de que el Ejército allanara su casa y no lo encontrara. Tras enterarse
de que habían ido a buscarlo, el entonces operario se escondió durante varios
días, en los que no vio a su familia.
"Mi mujer fue a preguntar por mí a Mercedes Benz y le dijeron que se
quedara tranquila, que yo no había desaparecido. Sabían muy bien que yo no había
desaparecido, aunque no hubiera ido a trabajar", relató Hoffman. "En
ese mismo momento le entregaron (a su esposa) el telegrama de despido",
agregó. El episodio ocurrió en mayo de 1977 en la oficina de Personal, cuyo
jefe era Juan Tasselkraut.
El ex operario indicó que una vez "la planta 2 (la fábrica tiene tres
plantas) fue rodeada por tanquetas". Asimismo, señaló que en forma
constante había operativos, en los cuales "buscaban armas, libros y hasta
una imprenta".
Aseguró también que durante los allanamientos "el Ejército se adueñaba
de la planta", pero destacó que los ex gerentes "(Arnaldo) Ceriani y
Tasselkraut hablaban con el oficial responsable mientras se llevaba a cabo el
operativo" .
En noviembre pasado, Tasselkraut aseguró ante la Cámara Federal que "no
había reuniones (con militares), bajo ningún concepto".
Hoffmann, asimismo, señaló que fue "testigo ocular del secuestro de (el
operario Juan José) Martín. Fue tipo comando, con personal uniformado en un
Jeep".
Cuando comenzaron los secuestros —el primero fue el de Martín, el 29 de abril
de 1976—, los obreros tomaron recaudos: "Vivíamos en casas de amigos o
conocidos, o nos quedábamos en la misma fábrica. También ideamos mecanismos
para que no se pudieran identificar cabecillas; los delegados cambiaban cada
quince días para evitar identificar blancos individuales" durante las
negociaciones con la empresa, afirmó el ex operario, que tras recibir el
telegrama el despido de Mercedes Benz se fue del país hasta 1983.
Lavallén
En otro orden, se conoció que la Cámara Federal tiene previsto citar para el
próximo miércoles al ex represor Rubén Lavallén, Jefe de Vigilancia de la fábrica
Mercedes Benz en González Catán.
El Tribunal había citado a Lavallén para el 13 de marzo, pero el subcomisario
presentó un certificado médico en el que decía que una diabetes no le permitía
trasladarse a declarar.
Sin embargo, un médico enviado por la Cámara al domicilio del represor en Mar
del Plata, habría confirmado que está en condiciones de testimoniar.