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Miércoles 25 de abril de 2001 - B

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Jaime se negó a declarar y 
Del Arco ensayó una defensa
La presentación de los policías no brindó ningún dato nuevo. Y los jueces no preguntaron. Para la Abuela "Chicha" Mariani, quien dijo haber negociado con Del Arco la "devolución" de su nieta, fue una "payasada". Además declaró un ex detenido que fue secuestrado dos veces.

Por Francisco Martínez y Lucas Miguel
(Secretaría de Prensa)
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Mario Jaime (izq), con fría mirada; Del Arco (der), prefirió la sonrisa a la cámara. (Fotos: FM)


LA PLATA.- En una audiencia que no aportó ningún dato a la investigación, el policía Daniel Omar del Arco negó ante la Cámara Federal saber algo sobre el destino de la beba desaparecida Clara Anahí Mariani. Por su parte, el comisario Mario Jaime se negó a declarar.

El Tribunal citó a Del Arco porque según la Abuela María Isabel Chorobik de Mariani "sabía que la nena estaba viva" y porque fue con quien intentó "negociar" la entrega de la pequeña. La Cámara ya había citado al policía en junio de 1999 y éste se había negado a declarar por el caso.

Hoy, Del Arco intentó una defensa diciendo que "después de un accidente que tuve, no pude manejar armas", y que "nunca estuve en un tiroteo". No obstante, los jueces no le habían preguntado sobre su presunta participación en el operativo en la casa de la calle 30, de donde desapareció Clara Anahí. De hecho, durante su corta declaración, el Tribunal no le realizó preguntas ni cedió la palabra a los abogados de las partes. 

El policía, hoy jefe de Traslado Interprovincial de Detenidos, afirmó que había declarado por este caso en 1987, y que en esa oportunidad le dijo a Chorobik de Mariani que "si yo supiera dónde está su ser querido, la ayudaría".

La historia que cuenta la Abuela es diferente: Chorobik señala que por medio de una familia amiga en común con Del Arco, negoció la "devolución" de su nieta a cambio de todos sus bienes. El plan se frustró porque un funcionario de la Embajada de Italia informó al Jefe de Policía, Ramón Camps, de las tratativas.

Del Arco recordó en la audiencia de esta tarde la frase que según él le dijo a la Abuela en 1987: "¿Señora, alguna vez le pedí algo?". La contradicción entre los dos no pudo resolverse hoy en un careo puesto que el policía no fue citado como testigo, sino sólo a brindar declaración informativa, sin necesidad de decir la verdad.

"Me sentí en medio de una payasada, más allá de los reglamentos. Hace 24 años que estamos con lo mismo: que yo digo y que él niega", dijo, al terminar la audiencia, María Isabel Chorobik de Mariani.

La abogada Marta Vedio, secretaría Jurídica de la APDH La Plata, interpretó que "la Cámara llamó a declarar a Del Arco para cerrar definitivamente el tema de su participación en la dictadura". Agregó que la audiencia sólo sirvió "para pasar las denuncias a primera instancia, a un tribunal con criterio más penal" que el de la Cámara que, como se sabe, no busca la persecución penal de los represores.

Vedio también se quejó de que los jueces no dieran lugar a las preguntas de las partes, cuando en anteriores declaraciones informativas esto pudo hacerse. "En estas condiciones no tenemos ninguna intención de sentarnos, porque no tenemos participación", destacó.

En tanto, el comisario Mario Jaime, acusado de ser un guardia del Destacamento de Arana, se negó a declarar. Con el seño fruncido, el hoy titular de la comisaría 5° de Florencio Varela escuchó la lectura de los testimonios que lo involucraban, y no brindó explicaciones sobre su accionar durante la dictadura.

"Tenemos órdenes de matar"

En la tarde de hoy también declaró el ex detenido Ramón Gualberto Esquivel por la desaparición de Gladys Mabel Amuchástegui, a quien escuchó mientras estuvo secuestrado en un centro clandestino de detención. 

Esquivel era empleado administrativo de la Policía provincial y un conocido militante peronista del barrio platense La Loma. Durante la dictadura sufrió dos secuestros. El primero duró cuarenta días y se produjo a las 48 o 72 horas del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. El segundo habría sucedido el 21 de agosto del mismo año -fecha en la que fue secuestrada Amuchástegui- y se extendió hasta la madrugada del 22. 

Durante el primer secuestro, el testigo estuvo detenido en el Cuerpo de Infantería de la Policía bonaerense, sede de un centro clandestino. "Me tuvieron atado a una cama y vendado. De noche nos tiraban a los detenidos en un camión, uno encima del otro, y nos llevaban al campo, a caminar, y luego a un rancho, donde nos torturaban", relató Esquivel. 
Este centro clandestino pudo haber sido uno de los tres que funcionaron en Arana. 

Asimismo, señaló que durante los interrogatorios en este centro los represores "hacían tocar la guitarra a un chico que se estaba por recibir en el Conservatorio. Después, le pegaban en las manos. El chico decía: 'Por favor, antes péguenme un tiro en el corazón'".

Según los cálculos de Esquivel, en el cuerpo de Infantería estuvieron detenidas "más de 100 personas" en los primeros meses de la dictadura. "Había una embarazada y le decían: 'No te hagas problemas porque a ese (le señalaban la panza) lo vas a perder'", agregó el testigo. "Esto lo hacemos como un escarmiento. Tenemos órdenes de matar aunque sea el hijo del presidente", le dijo uno de los represores. 

Durante todo su testimonio, el ex detenido recordó emocionado las secuelas que le dejó este secuestro: "Salí medio ciego y a veces pierdo la memoria", aseguró. 

La segunda de las detenciones se produjo una noche luego de que Esquivel saliera de trabajar de los talleres de la Policía, que estaban ubicados detrás del Cuerpo de Infantería, en 59 y 115. Eran las dos de la madrugada cuando se dirigía a su casa junto a un compañero de trabajo, y escuchó tiros pocas cuadras antes de llegar. No obstante, siguió el camino y lo secuestraron cuando estaba apunto de abrir la puerta de su vivienda. "Llegó un Falcon verde, me metieron y me llevaron a 37, entre 24 y 25. Cuando me bajaron, dijeron que iban a matarme. Pero uno de ellos dijo: 'Pará que al viejo lo conozco'. Era Albertito Rivero, un policía que después tuvo un alto cargo en la fuerza. Lo conocí por la voz, porque su hermana militaba conmigo", sostuvo Esquivel. 

El raid siguió su camino hasta un centro clandestino que, por la descripción de Esquivel, habría estado emplazado en el centro de la ciudad. Dijo que "en este lugar la interrogaban a Amuchástegui. 'Me están violando', gritaba". 

"Me tuvieron unas horas y me devolvieron los documentos. Cuando salí de ahí, ella estaba en las últimas. A mí me tiraron de un auto en 131 y 37", recordó. 

Durante estas horas de detención, le preguntaron por Amuchástegui, Mariano Chaparro y otro muchacho de apodo Nardo, que está desaparecido y en ese entonces estaba detenido. "Yo les dije que los conocía a los tres, del barrio", afirmó. 

El testigo además destacó que meses antes de la dictadura, cuando concurrió a la Casa de Gobierno provincial a presentar unos planos para hacer reformas edilicias en el barrio, un militar de alto rango lo invitó a tomar un café dentro de la Gobernación: "Me dijo que me abriera (de la militancia justicialista) porque iban a matar a toda la Juventud Peronista", aseguró hoy.


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