Durán
Sáenz se negó a declarar y fue insultado en la sala de audiencias Le
gritaron "asesino" y "violador", porque de acuerdo a las
denuncias en "El Vesubio" abusaba de sus víctimas. Dijo que se remitía
a su declaración en 1987.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría
de Prensa)
Durán Sáenz prepara
los documentos antes de negarse a declarar (Foto:
FM)
s
Familiares de desaparecidos, antes que terminara la
audiencia, le gritaron "asesino" y "torturador"
al represor (Foto: FM)
LA
PLATA.- El coronel (RE) Pedro Alberto Durán Sáenz, acusado de comandar
el centro clandestino "El Vesubio" durante la dictadura, se
negó a declarar hoy ante la Cámara Federal de esta ciudad.
"Todo
esto lo he declarado oportunamente ante la Cámara Federal (de Buenos
Aires) en la causa 450 en 1987. Me remito a esas declaraciones",
expresó Durán Sáenz, de 66 años, y agregó que "me voy a acoger
a la resolución de la Cámara de Casación Penal del 13 de
septiembre de 2000". Ese fallo es el que exime a los militares de
declarar como testigos en los Juicios por la Verdad, si bien el represor
fue citado por el tribunal platense a prestar declaración informativa,
como imputado no procesado.
Tras la negativa de Durán Sáenz, familiares de desaparecidos le gritaron
"cobarde", "asesino", "torturador" y
"violador" en la propia sala de audiencias, cuando el represor aún no
se había retirado. Ya antes de que esto sucediese, los insultos eran susurrados
por el público, cuyos destinatarios también fueron la esposa del coronel y su
hijo, presentes en la sala.
El Tribunal, antes de preguntarle si iba a prestar declaración, le leyó los
testimonios de ex detenidos que lo señalan como jefe de "El Vesubio".
El más fuerte fue el de Elena Alfaro, quien en el legajo 3048 de CONADEP señaló
que "eran habituales los abusos a las prisioneras por parte del mayor Durán
Sáenz, responsable máximo del campo. En una ocasión, con una prisionera llevó
una vida en común, hasta el posterior traslado" de ella.
Alfaro también dijo que el propio represor la violó y que "vivía en el
centro clandestino de lunes a viernes, para volver a su casa de Azul en los
fines de semana".
Ana Di Salvo, en tanto, declaró ante la Cámara Federal platense que estando
secuestrada en "El Vesubio" tuvo oportunidad de pasar por "la
Jefatura", que era un lugar donde algunas prisioneras pasaban unos días
para tener relaciones sexuales con los jefes del centro.
"A veces almorzábamos allí y había visitas, personas que concurrían a
ese lugar. Recuerdo el almuerzo de Semana Santa, del domingo de Resurrección,
en esa mesa había una fuente enorme con un pescado, que era un dorado decorado
con batatas, papas, cebollas y otras cosas más. «Delta» (Durán Sáenz) me
pidió que leyera, antes de empezar a comer, una frase del Evangelio según San
Juan", declaró Di Salvo en noviembre de 1998.
Jorge Wats, por su parte, definió a "la jefatura" como "una
especie de harem", en donde Durán Sáenz "mantenía relaciones con
las víctimas". Además, contó que en "El Vesubio" había un
chico de 14 años que estaba secuestrado junto a su madre, hoy desaparecida. El
padre del muchacho se enteró por boca de Durán Sáenz que su hijo había
muerto.
La Cámara había citado al represor para la semana pasada, pero éste adujo
razones médicas para ausentarse. Hoy llegó pasadas las 10 acompañado por su
esposa, un hijo y otros dos hombres, sin abogado particular, por lo que fue
asistido por la defensora oficial. Declaró domicilio en Callao 1307, 1°
piso, Capital Federal.
Testigo y familiar
Otro de los testimonios de hoy fue el de Juan Magliaro, quien presenció el
secuestro de Osvaldo Enrique Busetto una tarde de abril o mayo de 1976, sobre la
calle 7, entre 53 y 54 de esta ciudad.
Durante la declaración los jueces también se enteraron que Magliaro es hermano
de una detenida-desaparecida en La Plata, que meses después fue encontrada
muerta en Mar del Plata: Ana Lía Magliaro.
En primer orden, el testigo relató las circunstancias de detención de Busetto,
de quien era vecino. "Yo iba caminando por 7, de 53 a 54. Él venía
corriendo de frente a mí. Había mucha gente mirando. Faltarían cinco o diez
metros para enfrentarme a él, cuando se desvía y cruza la calle hacia la plaza
(San Martín). Cuando cruza, un Torino color marrón que venía en contramano,
frena. Se bajan tres. Después llegan dos autos más, creo que Torinos. Uno de
las personas le tira. Lo meten en un baúl, y con las balizas encendidas salen
por 51, de 7 hacia 8". Así relató Magliaro el secuestro de Busseto, de
quien sólo se sabe -por testimonios de ex detenidos- que fue llevado al
Hospital Naval, donde lo operaron, y luego al Hospital Militar Central de Buenos
Aires, de donde pasó directamente al circuito de centros clandestinos.
Magliaro contaba algunos detalles, cuando el juez Julio Reboredo le preguntó si
alguno de sus familiares había sido víctima de la represión ilegal. "Sí,
mi hermana", respondió.
Según el relato del testigo, Ana Lía Magliaro -estudiante de ciencias de la
Educación- fue secuestrada junto a una amiga el 19 de mayo de 1976 en La Plata
y apareció muerta el 2 de septiembre del mismo año en Mar del Plata. El 21 la
familia recibió el cadáver. Durante el período de detención Ana Lía habría
pasado por uno de los centros clandestinos de Arana y -esto está probado- por
la comisaría 32° de la Capital Federal. En uno de los trámites para la
averiguación del paradero, "llegamos a estar pared de por medio con mi
hermana, en la 32°", dijo Magliaro.
El 2 de septiembre, día en que apareció el cadáver en Mar del Plata, Ana Lía
fue sacada por un grupo de personas de la comisaría de Capital Federal. Según
Magliaro, este dato consta en una causa que llevaba un juez de apellido De la
Fuente. Con esto, no queda clara la situación de la víctima, ya que estaba
clandestinamente detenida pero a disposición de un juez.
El día del hallazgo del cuerpo, el subcomisario de la seccional 4° de Mar del
Plata -donde funcionó un centro clandestino- le dijo a Juan Magliaro que
Ana Lía había sido muerta en un "enfrentamiento" con las fuerzas de
seguridad. "Al retirar el cadáver vimos dos disparos y signos de
tortura", contó el testigo.
La amiga de Ana Lía que fue secuestrada junto a ella se llama Gabriela Latorre.
Estuvo detenida hasta 1978, año en que consiguió el permiso para salir del país.
Volvió a la Argentina recién en 1986.
Familiar y Policía
En otro orden, también declaró ante la Cámara Luis Marcelo Vera, un ex policía
que prestó servicios en el Destacamento de Arana y que, a la vez, tiene a su
padre desaparecido.
Vera declaró ante la CONADEP en 1984, y dijo que fue destinado a ese lugar para
"reforzar la guardia". Señaló que allí entraban personas
encapuchadas, que se torturaba y que en los fondos de la dependencia se
incineraban cadáveres. También mencionó que en el Destacamento trabajaba un
oficial de apellido Jaime, quien ya declaró ante la Cámara platense pero sólo
por su actuación en la comisaría 5°.
El ex policía dijo que luego del testimonio en la CONADEP y dada la desaparición
de su padre, Marcelino Vera, sufrió amnesia con cuadro depresivo, y que
"hoy por hoy esas cosas no las puedo afirmar".
"Hoy escuchaba los gritos (contra el represor Durán Sáenz) y me puse a
llorar. Me hace mucho daño venir acá", agregó Luis Vera.
El juez Schiffrin le recomendó que busque contención psicológica y que se
presente nuevamente ante la Cámara, ya que su paso como policía en Arana puede
ofrecer datos importantes para la causa del Juicio por la Verdad.