En 1976, visitó a sus hermanos
secuestrados
en la Brigada de Investigaciones
Lo
contó Maricel Mainer, hermana de dos desaparecidos. Ocurrió
porque los jóvenes tenían un régimen diferente en su detención.
Además, declaró un matrimonio que estuvo detenido en el
“Pozo de Quilmes”.
Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

Maricel Mainer observa
un plano de la Brigada de Investigaciones (Foto:
FM) |
LA
PLATA.- Una mujer contó hoy a los jueces de la Cámara Federal
que en diciembre de 1976 pudo visitar a sus hermanos, que
hasta el momento estaban desaparecidos, en la Brigada de
Investigaciones de esta ciudad, primer destino de las personas
secuestradas durante la última dictadura militar.
Maricel Mainer, quien también estuvo detenida ilegalmente
durante dos meses, señaló que en esa oportunidad concurrió
a ver a su hermana María Magdalena y que allí encontró también
a Pablo, quien había estado en la ESMA. Los jóvenes habían
sido detenidos días antes de que secuestraran al resto de
la familia: a Maricel, su otro hermano, Juan Cristóbal,
y la madre de ambos, Lucy Gómez de Mainer, todos secuestrados
en septiembre de 1976.
La mujer pudo ver a sus hermanos —una situación muy particular
dadas las características de la represión de la época, en
la que los detenidos sólo veían a sus familiares cuando
estaban “legalizados”— dado que tenían un régimen especial
de detención. “Mi hermana estaba quebrada. Durante mucho
tiempo dije que era ‘colaboradora’, pero me parece que el
mejor término es ‘quebrada’”, explicó Mainer.
“Cuando
le preguntaba por qué estaba detenida, ella me cambiaba
de tema”, recordó la testigo, y agregó que llegó a la Brigada
“aterrorizada” porque “no sabía qué podía pasar”.
En
ese encuentro también estuvieron Domingo “Mono” Moncalvillo,
Cecilia Idiart y Liliana Galarza, quien dio a luz en esa
Brigada. No obstante, estos tres jóvenes, los hermanos Mainer
y dos desaparecidas más ——María del Carmen Morettini y Nilda
Susana Salomone— fueron asesinados en un operativo del que
participó el cura Cristian Von Wernich, según contó la hermana
de Moncalvillo el 4 de julio pasado, en base a un testimonio
dado en la CONADEP por un policía que participó de la masacre.
Sobre
su propia detención ilegal, Maricel Mainer dijo que ocurrió
el 28 de septiembre de 1976, cuando su casa “fue bombardeada”.
Allí secuestraron también a su madre, a su hermano Juan
Cristóbal, que en ese momento tenía 14 años, y a su entonces
marido, Ramón Baraballe.
Maricel
fue llevada al Regimiento de Campo de Mayo, alojada por
veinte días en un lugar que describió como “nichos en los
que no podíamos estar más que sentados, atados a la pared”.
“El lugar olía a cemento fresco, como si fuese nuevo”, describió
y más tarde agregó que “ponían a Beethoven cuando torturaban”.
Luego, la trasladaron al edificio de Coordinación Federal
en Buenos Aires, y a los diez días fue liberada.
Su
madre y su hermano, no corrieron igual suerte. Luisa López
estuvo detenida dos años más y Juan Cristóbal, cuatro. Estuvieron
en la Cárcel de Devoto y en la Unidad 9 de La Plata, respectivamente.
“Ni
siquiera la Biblia”
Los
últimos testigos de hoy fueron Alcides Chiesa y su esposa,
Norma Leanza, secuestrados el 15 de octubre de 1977.
Chiesa,
un cineasta que hoy vive en Madrid y es secretario general
de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos, señaló
que años antes de su detención había hecho un documental
sobre un pintor de Quilmes, Manuel Oliveira, en la que éste
hizo referencia a “la soledad del preso político”.
El
testigo estimó que por esta razón el Poder Ejecutivo Nacional
secuestró su film en 1975, en algo a lo que en su momento
“no le di importancia”.
No
obstante, en octubre del ’77, Chiesa era secuestrado y llevado
a la Brigada de Investigaciones de Quilmes, lugar al que
conocía ya que su padre había hecho la carpintería de aluminio
del lugar. “Lo reconocí por el cierre del portón, tanto
como que lo había hecho yo”, recordó Chiesa.
Allí
fue torturado con la picana eléctrica, y permaneció separado
del resto de los detenidos durante un mes. Chiesa dio nombres
de represores (Jorge Gómez, “Churrasco”, “Chupete” y “El
Tío”) y señaló que lo atendió el médico Jorge Bergés por
una afección que tuvo en la pierna. En enero del ’78, el
“Pozo de Quilmes” tuvo un visitante ilustre: Carlos Guillermo
Suarez Mason.
Durante
su permanencia en Quilmes, Chiesa fue llevado al centro
clandestino “Puesto Vasco”, en donde se encontró con su
mujer y se enteró que estaba secuestrada desde el mismo
día que él.
En
mayo del ’78 lo trasladaron a una comisaría de Avellaneda,
en donde estuvo un día con Alcira Ríos, la hoy abogada de
las Abuelas de Plaza de Mayo.
En
octubre pasó a la Unidad 9 de La Plata, donde “no había
mucha diferencia con un centro clandestino, salvo por las
visitas de los familiares”, expresó Chiesa, y agregó: “No
podíamos apoyarnos en la pared de la celda, nos vigilaban
por la mirilla”.
El
ex detenido manifestó que tenían requisas “realmente terroríficas”
y que “no nos dejaban tener ni siquiera la Biblia”. “Era
muy duro, tuve que presenciar dos suicidios”, recordó.
Tras
una pregunta, Alcides Chiesa mencionó la visita que le hizo
el coronel Carlos Sánchez Toranzo, quien era el funcionario
de enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los presos
políticos “legalizados”.
“Dijo
que venía a visitarme para darme la libertad. Me trajo un
expediente con una lista de acusaciones”, explicó Chiesa.
Añadió que entre esas “acusaciones” figuraba haber participado
en innumerables organizaciones políticas y el haber realizado
atentados.
Con
ironía, Chiesa le dijo a Sánchez Toranzo que “también me
dedicaba a dormir”, y entonces el coronel le preguntó por
qué estaba detenido. “Yo le contesté que el que me tenía
que decir eso era él. Discutimos y terminé (en la cárcel
de) Rawson”, recordó.
Eso
fue en 1980. Chiesa estuvo en la cárcel de la capital del
Chubut hasta diciembre de ese año, cuando lo trajeron nuevamente
a la U9, hasta que el 21 de julio de 1981 pasó a un régimen
de libertad vigilada.
Por
su parte, Norma Ester Leanza, esposa de Chiesa, dijo que
fue secuestrada horas después que su marido, en la casa
de los padres de éste.
La
mujer dijo que la llevaron a un lugar que luego supo que
era “Puesto Vasco”,
hasta que en noviembre de 1977 pasó a la Brigada
de Quilmes, en donde permaneció hasta abril de 1978, cuando
fue liberada.
Leanza
recordó que en Quilmes había un grupo de uruguayos, que
se decía eran interrogados por oficiales uruguayos, tal
como testimoniaron algunos sobrevivientes de ese lugar.
Entre
estos uruguayos la ex detenida recordó a Aida Sanz y a Mary
(Artigas). Ambas jóvenes estaban embarazadas y dieron a
luz en cautiverio. La hija de Sanz se reencontró con su
familia biológica en 1999, y por la supresión de su identidad
están presos los represores Jorge Bergés y Miguel Etchecolatz.
Entre
los guardias del sector de mujeres en Quilmes, Leanza nombró
a “Juan Carlos”, “Monstruoso” y uno llamado “Roberto”, un
canoso que llevaba una cruz svástica en el pecho.
También
dijo que a la uruguaya embarazada Mary la atendía un guardia
apodado “Saracho”, quien le llevaba frutas y leche. Según
los testimonios de ex detenidos de “Puesto Vasco”, se trata
del comisario Enrique Pretti.
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