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Miércoles 15 de agosto de 2001 (B)

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En 1976, visitó a sus hermanos secuestrados
en la Brigada de Investigaciones

Lo contó Maricel Mainer, hermana de dos desaparecidos. Ocurrió porque los jóvenes tenían un régimen diferente en su detención. Además, declaró un matrimonio que estuvo detenido en el “Pozo de Quilmes”.


Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)


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Maricel Mainer observa un plano de la Brigada de Investigaciones (Foto: FM)

LA PLATA.- Una mujer contó hoy a los jueces de la Cámara Federal que en diciembre de 1976 pudo visitar a sus hermanos, que hasta el momento estaban desaparecidos, en la Brigada de Investigaciones de esta ciudad, primer destino de las personas secuestradas durante la última dictadura militar.

Maricel Mainer, quien también estuvo detenida ilegalmente durante dos meses, señaló que en esa oportunidad concurrió a ver a su hermana María Magdalena y que allí encontró también a Pablo, quien había estado en la ESMA. Los jóvenes habían sido detenidos días antes de que secuestraran al resto de la familia: a Maricel, su otro hermano, Juan Cristóbal, y la madre de ambos, Lucy Gómez de Mainer, todos secuestrados en septiembre de 1976.

La mujer pudo ver a sus hermanos —una situación muy particular dadas las características de la represión de la época, en la que los detenidos sólo veían a sus familiares cuando estaban “legalizados”— dado que tenían un régimen especial de detención. “Mi hermana estaba quebrada. Durante mucho tiempo dije que era ‘colaboradora’, pero me parece que el mejor término es ‘quebrada’”, explicó Mainer.

“Cuando le preguntaba por qué estaba detenida, ella me cambiaba de tema”, recordó la testigo, y agregó que llegó a la Brigada “aterrorizada” porque “no sabía qué podía pasar”.

En ese encuentro también estuvieron Domingo “Mono” Moncalvillo, Cecilia Idiart y Liliana Galarza, quien dio a luz en esa Brigada. No obstante, estos tres jóvenes, los hermanos Mainer y dos desaparecidas más ——María del Carmen Morettini y Nilda Susana Salomone— fueron asesinados en un operativo del que participó el cura Cristian Von Wernich, según contó la hermana de Moncalvillo el 4 de julio pasado, en base a un testimonio dado en la CONADEP por un policía que participó de la masacre.

Sobre su propia detención ilegal, Maricel Mainer dijo que ocurrió el 28 de septiembre de 1976, cuando su casa “fue bombardeada”. Allí secuestraron también a su madre, a su hermano Juan Cristóbal, que en ese momento tenía 14 años, y a su entonces marido, Ramón Baraballe.

Maricel fue llevada al Regimiento de Campo de Mayo, alojada por veinte días en un lugar que describió como “nichos en los que no podíamos estar más que sentados, atados a la pared”. “El lugar olía a cemento fresco, como si fuese nuevo”, describió y más tarde agregó que “ponían a Beethoven cuando torturaban”. Luego, la trasladaron al edificio de Coordinación Federal en Buenos Aires, y a los diez días fue liberada.

Su madre y su hermano, no corrieron igual suerte. Luisa López estuvo detenida dos años más y Juan Cristóbal, cuatro. Estuvieron en la Cárcel de Devoto y en la Unidad 9 de La Plata, respectivamente.

“Ni siquiera la Biblia”

Los últimos testigos de hoy fueron Alcides Chiesa y su esposa, Norma Leanza, secuestrados el 15 de octubre de 1977.

Chiesa, un cineasta que hoy vive en Madrid y es secretario general de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos, señaló que años antes de su detención había hecho un documental sobre un pintor de Quilmes, Manuel Oliveira, en la que éste hizo referencia a “la soledad del preso político”.

El testigo estimó que por esta razón el Poder Ejecutivo Nacional secuestró su film en 1975, en algo a lo que en su momento “no le di importancia”.

No obstante, en octubre del ’77, Chiesa era secuestrado y llevado a la Brigada de Investigaciones de Quilmes, lugar al que conocía ya que su padre había hecho la carpintería de aluminio del lugar. “Lo reconocí por el cierre del portón, tanto como que lo había hecho yo”, recordó Chiesa.

Allí fue torturado con la picana eléctrica, y permaneció separado del resto de los detenidos durante un mes. Chiesa dio nombres de represores (Jorge Gómez, “Churrasco”, “Chupete” y “El Tío”) y señaló que lo atendió el médico Jorge Bergés por una afección que tuvo en la pierna. En enero del ’78, el “Pozo de Quilmes” tuvo un visitante ilustre: Carlos Guillermo Suarez Mason.

Durante su permanencia en Quilmes, Chiesa fue llevado al centro clandestino “Puesto Vasco”, en donde se encontró con su mujer y se enteró que estaba secuestrada desde el mismo día que él.

En mayo del ’78 lo trasladaron a una comisaría de Avellaneda, en donde estuvo un día con Alcira Ríos, la hoy abogada de las Abuelas de Plaza de Mayo.

En octubre pasó a la Unidad 9 de La Plata, donde “no había mucha diferencia con un centro clandestino, salvo por las visitas de los familiares”, expresó Chiesa, y agregó: “No podíamos apoyarnos en la pared de la celda, nos vigilaban por la mirilla”.

El ex detenido manifestó que tenían requisas “realmente terroríficas” y que “no nos dejaban tener ni siquiera la Biblia”. “Era muy duro, tuve que presenciar dos suicidios”, recordó.

Tras una pregunta, Alcides Chiesa mencionó la visita que le hizo el coronel Carlos Sánchez Toranzo, quien era el funcionario de enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los presos políticos “legalizados”.

“Dijo que venía a visitarme para darme la libertad. Me trajo un expediente con una lista de acusaciones”, explicó Chiesa. Añadió que entre esas “acusaciones” figuraba haber participado en innumerables organizaciones políticas y el haber realizado atentados.

Con ironía, Chiesa le dijo a Sánchez Toranzo que “también me dedicaba a dormir”, y entonces el coronel le preguntó por qué estaba detenido. “Yo le contesté que el que me tenía que decir eso era él. Discutimos y terminé (en la cárcel de) Rawson”, recordó.

Eso fue en 1980. Chiesa estuvo en la cárcel de la capital del Chubut hasta diciembre de ese año, cuando lo trajeron nuevamente a la U9, hasta que el 21 de julio de 1981 pasó a un régimen de libertad vigilada.

Por su parte, Norma Ester Leanza, esposa de Chiesa, dijo que fue secuestrada horas después que su marido, en la casa de los padres de éste.

La mujer dijo que la llevaron a un lugar que luego supo que era “Puesto Vasco”,  hasta que en noviembre de 1977 pasó a la Brigada de Quilmes, en donde permaneció hasta abril de 1978, cuando fue liberada.

Leanza recordó que en Quilmes había un grupo de uruguayos, que se decía eran interrogados por oficiales uruguayos, tal como testimoniaron algunos sobrevivientes de ese lugar.

Entre estos uruguayos la ex detenida recordó a Aida Sanz y a Mary (Artigas). Ambas jóvenes estaban embarazadas y dieron a luz en cautiverio. La hija de Sanz se reencontró con su familia biológica en 1999, y por la supresión de su identidad están presos los represores Jorge Bergés y Miguel Etchecolatz.

Entre los guardias del sector de mujeres en Quilmes, Leanza nombró a “Juan Carlos”, “Monstruoso” y uno llamado “Roberto”, un canoso que llevaba una cruz svástica en el pecho.

También dijo que a la uruguaya embarazada Mary la atendía un guardia apodado “Saracho”, quien le llevaba frutas y leche. Según los testimonios de ex detenidos de “Puesto Vasco”, se trata del comisario Enrique Pretti.


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