La ex mujer de un policía lo acusó de participar
en la quema de libros
Se trata de Tomás Rotella, un policía que declaró el año pasado, y que
recibió condecoraciones que no supo explicar a qué se debían. Trabajaba en la
Legislatura bonaerense hasta el año pasado. Por
Francisco Martínez y Vanina Wiman (Secretaría de Prensa)
Teresa Arros señaló
que los libros se quemaron en una quinta en Olmos
(Foto: FM)
LA
PLATA.- La ex esposa de un policía que declaró en el Juicio por la Verdad el año
pasado lo acusó hoy de haber participado de una quema de libros durante la última
dictadura, lo que aumenta las posibilidades de sus vínculos con la represión
ilegal.
Teresa Arros dijo que vio cómo Tomás Rotella, un oficial que declaró el 1 de
noviembre del año pasado (ver 011100), participó en
1977 junto a otros dos policías de la quema de "una montaña de libros,
fotos y carpetas" en una quinta ubicada en 203 entre 53 y 54 en la
localidad de Olmos, a la que la testigo identificó como propiedad de Raúl
Rojetti.
"Cuando llegó la camioneta había un librito y me lo guardé", expresó
Arros, quien reseñó descripciones de lo que podría ser el diario de una
detenida o ex detenida ilegal: "Decía que la habían torturado, que la habían
detenido (...) Que en invierno hacía mucho frío y le habían tirado una
frazada, y luego se la sacaron", recordó la mujer.
Rotella ya había sido denunciado en septiembre de 1999 por Leopoldo Campano,
quien en su testimonio aseguró que "por comentarios" se enteró que
este policía había participado en el secuestro de su hermano Pedro, hoy
desaparecido. "Seguro fue Manolo y su bandita", explicó Campano.
El mismo grupo, dirigido por Manuel "Manolo" Aguiar y compuesto por
Tomás Rotella y un oficial de apellido Garachico, fue el que identificó hoy
ante los jueces la testigo Arros como el que quemó los libros. Cuando se le
preguntó si estos policías tenían conexión con el ex Director de
Investigaciones, el comisario Miguel Etchecolatz, la mujer recordó: "Ellos
decían: 'Tenemos que ir a verlo'".
El año pasado, el periodista Horacio Verbitsky publicó en Página/12 que
Rotella tenía un cargo en la Legislatura bonarense, revelación que, según
dijo hoy Arros, permitió separarlo de esas funciones que cumplía desde 1984.
"Él estaba encargado de la comisaría del Senado", dijo la mujer.
Arros afirmó que durante la dictadura el grupo de policías prestaba servicios
en la Unidad Regional que funcionaba en calle 12, y añadió que en una
oportunidad fue a buscar a Rotella allí. "Había un chico en shorcito,
vendado y sentado en una silla", expresó, y agregó que un tal Rogelio Gómez
le dijo que con ese joven "nos hemos equivocado". Arros también
vinculó a este policía con su ex esposo: "Trabajaban todos juntos".
La mujer dijo que Rotella no usaba uniforme cuando salía a trabajar y que en el
auto "tenía ropa verde". "Trabajaba de noche y de día también,
casi no estaba en casa", aseguró la testigo. "Él conmigo nunca habló
de procedimientos, muertes o nada", agregó.
Tomás Rotella no supo o no quiso explicar el año pasado qué significaban las
tres felicitaciones que recibió de sus superiores durante la dictadura, por su
"activa participación en la investigación y esclarecimiento de hechos
perpetrados por elementos peligrosos marginados de la sociedad", según
consta en su legajo.
Una de las felicitaciones se produjo el 30 de noviembre de 1976, y se repite en
muchos legajos de policías de la provincia. Cuando se le preguntó por la
condecoración "Orden San Miguel Arcángel", recibida en diciembre del
mismo año, Rotella contestó: "Yo sé que nos felicitaban por investigación.
Nos hacían hacer investigación, pero procedimientos no hacíamos. Andábamos
en la calle investigando".
En otro tramo de su testimonio, Teresa Arros rememoró también un episodio en
el que su ex esposo la golpeó, una vez que volvían de una fiesta en casa de la
hermana del policía, a la que Rotella había ido con otra mujer. "Me hizo
subir al auto y me dio un golpe en la cabeza y en la nariz, donde me sangró. Ahí
se le escapó un tiro que le pegó en una pierna".
El matrimonio se dirigió entonces a la comisaría 3° de Los Hornos. "El
comisario (de apellido Apa) me decía: 'Teresa, roga que se salve porque te van
a matar'".
La testigo mencionó dos episodios ocurridos en la zona de Lisandro Olmos, donde
vivía la pareja, a pocos metros del lugar donde funcionó el centro clandestino
"La Cacha".
"Una vez, en 66 y 197, aparecieron dos o tres autos con gente quemada
dentro", recordó y luego dijo que a pocos metros de allí, en 66 y 191,
"todos supieron que una vez tiraron cuerpos. Era todo campo ahí".
El Tiburón
Por otra parte, Eduardo Corro prestó testimonio sobre su propia detención
ilegal, ocurrida el 23 de febrero de 1978, en Capital Federal. El testigo contó
que "a la madrugada llegó a mi casa un grupo de hombres de civil muy
armados que se identificaron como de las Fuerzas de Seguridad".
Corro fue secuestrado junto a su esposa en ese entonces, Adriana Chamorro, quien
ya declaró en el Juicio por la Verdad (ver 090501).
"Nos arrestan, nos tabican, nos esposan y nos llevan a la Brigada de
Investigaciones de San Justo", contó el ex detenido.
"La persona que dirigió el operativo fue José Antonio Raffo, alias «el
Tiburón». Él me interrogó a los golpes en su oficina y estuvo presente
cuando me torturaban con picana eléctrica", indicó el testigo, y agregó:
"Este hombre interrogaba y torturaba en San Justo y también en el «Pozo
de Bánfield»".
Corro no pudo recordar más nombres de represores de la Brigada de San Justo,
pero mencionó varios apodos: "Casi todos se hacían llamar con nombres de
animales: «Lagarto», «Pajarito», «Tiburón». También había un guardia
que los detenidos bautizamos «el Mezquino», porque nos sacaba los pedazos de
carne de la comida para llevárselo a sus perros".
El testigo también nombró a Jorge Antonio Bergés como "el médico que
asistía a los detenidos, que presenciaba las torturas y que decía cuándo tenían
que parar y cuándo podían seguir".
En marzo de 1978, Corro fue trasladado al "Pozo de Banfield". Allí
compartió el cautiverio con un grupo numeroso de detenidos uruguayos, entre los
cuáles recordó a Alfredo Moyano: "Con él teníamos un diálogo muy
intenso. Nos comunicábamos con una especie de Código Morse y, cuando había fútbol
y los guardias se iban, podíamos hablar".
Corro nombró Aída Sanz, Mary Artigas de Moyano y Yolanda Casco, tres detenidas
uruguayas que estaban embarazadas. Las tres dieron a luz en el centro
clandestino y hasta el día de hoy permanecen desaparecidas.
"Cuando Mary empezó con el trabajo de parto no quería llamar a los
guardias. Ella estaba en la misma celda que mi esposa. Cada vez que tenía
contracciones, Adriana golpeaba la pared y yo y otro detenido, Carlos Rodríguez,
contábamos la duración y los intervalos", recordó Corro, y añadió:
"Su hija, Verónica Leticia, fue recuperada por Abuelas y, cuando salí en
libertad, la fui a visitar a Uruguay. Caminaba igual que la madre".
Además, el testigo volvió a mencionar a Bergés como "el médico que
estuvo presente en el parto de Mary". Además, afirmó que en septiembre de
1978 el general Ramón Camps visitó el centro clandestino: "Le reconoció
al personal sus técnicas de interrogatorio y les anunció que pronto el Ejército
iba a volver a su actividad normal. Creo que nosotros fuimos de los últimos
detenidos que pasaron por allí".
Corro estuvo secuestrado en el "Pozo de Banfield" hasta octubre de
1978, fecha en la que fue trasladado junto a su esposa a una comisaría de
Laferrere. "Seguíamos estando desaparecidos pero ya nuestras familias sabían
en dónde estábamos. De allí salí en febrero de 1979 con libertad
vigilada", relató el ex detenido.
"Máquina al bebé"
En otro testimonio, el ex detenido Eduardo Torres habló de su cautiverio en
el centro clandestino de 1 y 60, lugar al que lo llevaron el 7 de abril de 1976.
El testigo contó que supo que estaba allí ya que en esa época trabajaba como
empleado de Policía en la División de Transportes, que funcionaba en el mismo
edificio de la Guardia de Infantería de la Bonaerense.
Al día siguiente, lo llevaron a un centro clandestino que podría ser en Arana.
"¿Vos no conocés la parilla? Ya la vas a conocer", le dijo uno de
los represores. Luego de que un personaje apodado "el Almirante"
llegara al lugar, "comenzaron las descargas eléctricas", recordó el
ex detenido. Fue picaneado en la encía y en la frente. "Después se
entusiasmaron con los tobillos", agregó.
Durante la sesión de tortura, los represores volvieron a provocarlo, esta vez
emocionalmente. "«Vos no sabés quién está acá», me dijeron. Y la
hicieron hablar a mi esposa", recordó Torres, quebrado.
La mujer, Lilian Piciola, había sido detenida la misma noche del 7 de abril.
"Les pedí que la largaran porque tenía que amamantar a nuestro bebé.
Dijeron que no sólo no la iban a liberar, sino que iban a traer al bebé y
darle máquina también".
Eduardo Torres dijo que estuvo en ese lugar hasta el 17 de mayo, cuando fue
llevado a la Unidad 9, donde estuvo detenido un año.
Sobre las condiciones de detención en esa cárcel, el testigo explicó que
"dormirse en el recuento de presos o no agradarle la postura al guardia,
significaba una golpiza". Coincidió con los testimonios de otros ex
detenidos al decir que "había miedo de las liberaciones por la noche y de
los traslados".
El ex detenido relató que el 12 de junio de 1977 hizo uso de la "opción"
que la dictadura ofrecía de retirarse del país y se exilió en Italia.
"Me acompañaron fuerzas militares hasta la escalinata del avión",
recordó.
Ni construcción ni refacciones
En tanto, también declaró Guillermo Roberto Docters, un comisario jubilado de
la Policía Bonaerense. En marzo de 1999, su hijo Walter, un ex detenido ilegal,
dijo que su padre "fue quien construyó" el centro clandestino que
funcionaba en el Destacamento de Arana.
Hoy, Docters negó haber estado a cargo de las refacciones previas a que ese
lugar se convirtiera en un lugar de detención de personas durante la dictadura.
"Yo trabajaba en la Dirección de Arquitectura de la Policía, pero mi
función era netamente administrativa".
El testigo señaló que ingresó a la Policía en 1945 y se jubiló con el grado
de comisario en diciembre de 1975. Pero, ante las preguntas de los jueces
sobre su participación en la remodelación del Destacamento de Arana, expresó
que a ese lugar "no lo tengo registrado, no puedo decir absolutamente
nada".
Otra de las razones por las que Docters fue citado a declarar fue su presunta
amistad con los represores Miguel Etchecolatz y Juan Nogara. Cuando su hijo
testimonió en el Juicio por la Verdad, afirmó que durante su detención ilegal
su padre pudo ir a verlo gracias a la relación amistosa que tenía con los dos
policías.
En la Dirección General de Investigaciones (55 entre 13 y 14) Walter tuvo
"una entrevista con mi padre, ya que era amigo personal del comisario
Etchecolatz y del subcomisario Nogara. Cuando llego, le dicen a mi padre: viste
que está vivo, que está bien".
"No tuve contacto con Etchecolatz en relación a la detención de mi hijo y
a Nogara no lo conozco", manifestó hoy Guillermo Docters. Y añadió:
"A mi me parece que el equivocado es mi hijo".
En 1999, Walter contó ante la Cámara que estuvo secuestrado en el Destacamento
de Arana: "Ahí tuve otra entrevista de mi familia, con mis padres. La
entrevista fue conseguida por mi padre que era comisario retirado y era amigo
personal de los represores que me tenían a mí".
"Nunca visité a mi hijo en Arana", indicó hoy su padre. "Lo fui
a ver a una comisaría de Lanús, a la Dirección de Investigaciones y a la
Unidad Penal Nº 9, pero no a Arana", agregó.
El testigo tampoco pudo precisar los detalles de las circunstancias del
secuestro de su hijo, al punto que aseguró que "no recuerdo quién me dijo
que estaba detenido y en qué lugar. Tampoco podría decir cuándo pasó a estar
a disposición del Poder Ejecutivo Nacional".
Frente a las evidentes contradicciones entre los testimonios de Docters y su
hijo, el fiscal Félix Crous solicitó a la Cámara que la declaración del ex
comisario sea "evaluada para investigar la posible comisión del delito de
falso testimonio por encubrimiento o por reticencia a decir la verdad".