Arrestan
a un policía por delitos
cometidos
durante la dictadura
Se
trata de Miguel Ángel Ferreyro, el policía que había sido
reconocido como uno de los represores de la Brigada de Avellaneda.
Es la primera vez en la historia de los juicios por la verdad
que un policía queda detenido por violaciones a los derechos
humanos.
Por
Lucas Miguel, Vanina Wiman, y Francisco Martínez
(Secretaría de Prensa)
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Ferreyro,
durante su indagatoria y después,
con las esposas puestas (Fotos: FM) |
LA PLATA.- La Cámara Federal dispuso el arresto del suboficial
mayor de la Policía bonaerense Miguel Ángel Ferreyro, porque
cuenta con elementos para pensar que cometió delitos de
“índole sexual” en un centro clandestino de detención. Es
la primera vez que en los juicios por la verdad se detiene
a un integrante de fuerzas de seguridad por violaciones
a los derechos humanos durante la última dictadura.
Dos
semanas atrás, Ferreyro había declarado en carácter de testigo.
Durante la declaración, la ex detenida Nilda Eloy lo reconoció
por la voz como uno de los represores que la mantuvo cautiva
en la Brigada de Investigaciones de Avellaneda durante noviembre
y diciembre de 1976. (ver 281101)
Antes
de tomar la declaración indagatoria, el presidente del tribunal,
Leopoldo Schiffrin, le hizo saber a Ferreyro que, en una
declaración reservada, “la víctima manifestó que había reconocido
su voz porque usted se desempeñó como cabo de guardia y
que usted la sometió a graves atentados al pudor”.
Ferreyro,
que se retorcía los dedos y esquivaba los flashes de la
prensa, declaró que nunca tuvo contacto con los detenidos
de la Brigada y negó saber si eran “legales” o “ilegales”.
“Niego que haya tenido contacto con los detenidos, ya que
integraba un gabinete de leyes especiales”, aseguró. Las
“leyes especiales” a las que aludió eran las referentes
a la represión del juego clandestino.
“Nunca
tuve conocimiento, no me consta que hubiera detenidos ilegales”,
redundó. “Supongo que había detenidos comunes, nadie me
comentó nada”, resaltó.
Asimismo,
manifestó que nunca ingresó a los calabozos y negó conocer
el número total de ellos y haber hecho guardias.
Por
otro lado, puso en entredicho los datos de su legajo, donde
consta que entre el 10 de junio de 1976 y el 4 de marzo
de 1977 cumplió funciones en la Brigada de Avellaneda. “Hay
un error en el legajo y no puedo revocarlo. Estuve en el
’75 y parte del ’76, y después pasé a la Brigada de Caseros”,
aseguró.
Hace
dos semanas, la Cámara había informado que el legajo del
policía indicaba que estuvo en Avellaneda hasta julio de
1976.
Antes
de declarar, Ferreyro remarcó que hace tres años tuvo un
accidente cerebro vascular y que, por esa razón, algunos
datos de la memoria se le perdieron: “No tengo recuerdo
en mente”, dijo. “Hace pocos días estuve con problemas de
presión”, añadió. Más tarde, su abogado defensor, Eliseo
Pérez Bedoya, dijo: “Quedó claro que mi cliente ha tenido
problemas en la voz por las afecciones sufridas”, con lo
que quiso poner en duda el reconocimiento que realizó Eloy.
A
su turno, el fiscal ad hoc Félix Crous pidió que se realizara
un careo entre Eloy y Ferreyro, y “teniendo en cuenta la
gravedad de los delitos que se imputan, se proceda a su
detención y se lo ponga a disposición del juez de turno”.
El
tribunal entró en receso para deliberar durante veinte minutos
qué hacía con el pedido del fiscal. A su regreso, el juez
Schiffrin llamó a declarar a Nilda Eloy para que ratifique
lo que había declarado en acta reservada el 28 de noviembre
pasado, cuando reconoció a Ferreyro.
“Ratifico
plenamente. Reconozco su voz. Hubo algo que dijo que me
llevó a 25 años atrás”, aseguró la mujer. Y agregó: “Hay
un dato llamativo. Hace quince días este señor tenía puesto
un gran anillo y hoy no lo trae. No puedo reconocer su cara,
pero sí sus manos, su voz y su contextura física”. Más tarde,
en diálogo con esta Secretaría, Eloy dijo: “Al anillo no
lo pude ver (cuando estuvo detenida), pero lo sentí”.
Ferreyro
fue esposado en la sala de audiencias, tal como sucedió
la semana pasada con otro policía acusado por falso testimonio.
Cuando Schiffrin anunció el arresto y la disposición del
detenido bajo el juez federal de primera instancia de turno,
la sala, repleta de público, estalló en un solo aplauso.
A
continuación, el recinto fue desalojado por orden del tribunal.
Ferreyro fue conducido por un pasillo lateral hasta el Juzgado
Federal N°3 y, mientras caminaba flanqueado por tres policías,
recibió huevazos e insultos del público.
El
juez de turno hoy es Arnaldo Corazza y la investigación
del delito que se le imputa a Ferreyro quedó bajo su órbita.
La ley de Obediencia Debida “contempla” tres excepciones:
el robo de bebés, el robo de bienes y la violación.
En
diálogo con esta Secretaría, el juez Schiffrin aseguró que
la decisión de la Cámara responde a que “se ha dado una
situación de especial gravedad porque hay una persona víctima
que reiteradamente reconoce” a Ferreyro. “No tuvimos otra
salida ante el pedido del fiscal, de ponerlo a disposición
del juez de turno”. El juez agregó: “Uno no puede decirle
(a Ferreyro): ‘Usted está acusado de delitos gravísimos,
váyase a su casa’. Hay un principio elemental de cautela”.
Por
su parte, la secretaria Jurídica de la APDH La Plata, Marta
Vedio, aseguró “estar muy satisfecha” porque con esto “la
Cámara abrió un camino que nos puede dar muchos y buenos
resultados en la medida en que los que participaron o tuvieron
que ver con la represión ilegal van a tener que empezar
a decir la verdad o, por lo menos, acercarse a ella”.
El
de hoy fue el primer arresto de un integrante de fuerzas
de seguridad por violaciones a los derechos humanos en los
juicios por la verdad que se desarrollan en todo el país.
Las únicas detenciones que se habían hecho hasta este momento
fueron por reticencia a declarar o falso testimonio.
Se
apagó la luz
En
tanto, también declaró el ex policía Raúl Orlando Machuca,
quien condujo el operativo policial en el que desaparecieron
Daniel Omar Favero y María Paula Álvarez, en la madrugada
del 24 de junio de 1977, en un departamento ubicado en la
calle 57 número 880.
En esa oportunidad, Machuca actuó como jefe de una “comisión
policial” conformada por cuatro hombres, entre los que estaba
Julio César Argüello, el suboficial principal que fue arrestado
la semana pasada acusado de cometer falso testimonio durante
su declaración.
Después
del procedimiento del 24 de junio, tanto Argüello como Machuca
declararon en un sumario tramitado ante un Consejo de Guerra,
en 1977. Hoy, el ex policía ratificó su testimonio de entonces
y afirmó que la pareja que habitaba el departamento “cayó
en el enfrentamiento”.
“Cuando
salieron, les gritamos ‘Policía’ y sacaron armas. En eso
se apaga la luz del pasillo y ahí se produce el enfrentamiento”,
manifestó, sin advertir que este dato no lo aportó en su
declaración de 1977.
Más
tarde, añadió: “Hubo una confusión y un nerviosismo importante,
gritos y muchos disparos. Los dos cayeron impactados, porque
veíamos la sangre”. Cuando el juez Alberto Durán le pidió
que precise si Favero y Álvarez habían muerto, Machuca respondió:
“Y, doctor, que no se movían, no se movían”.
La
semana pasada, Argüello declaró que no podía determinar
si la pareja había sido “abatida”. En 1977, había indicado
que Paula Álvarez había “caído” y que Daniel Favero se había
entregado.
“Mi
misión era velar para que nadie salga, porque a la madrugada
el departamento iba a ser allanado por personal del COT
1 (Comando de Operaciones Tácticas). Teníamos llave de un
departamento que estaba en diagonal al de la pareja. Nosotros
íbamos por si salían y se dio el caso de que salieron”,
dijo hoy Machuca. Y agregó: “Fue un intercambio de disparos,
con el agravante de que se apagó la luz”.
En
la época del ataque al departamento del matrimonio desaparecido,
Machuca prestaba servicios en la Brigada de Investigaciones
de La Plata, ubicada en la calle 55, entre 13 y 14. Pese
a que el comisario en ese entonces era Rubén Oscar Páez,
el ex policía aseguró que las órdenes de realizar el operativo
en la calle 57 las recibió del comisario Juan Carlos Nogara.
“Él
ordenó el procedimiento. Fue el que llegó con un grupo de
15 hombres después del tiroteo y estuvo a cargo del posterior
traslado de la pareja”, señaló Machuca. Y explicó que Nogara
tenía una importante participación en las operaciones de
la Brigada de Investigaciones. “Estaba a cargo de todo lo
que se hacía. Y también estaba (el comisario Luis) Vides,
que iba y venía, estaba en todos lados en lo que era operatividad.
Vides era tan arbitrario que hasta teníamos miedo”.
Además
de ser interrogado por su participación en el operativo
de la calle 57, a Machuca se le preguntó sobre el funcionamiento
de la Brigada de Investigaciones durante la dictadura. En
este sentido, el ex policía reconoció la existencia de un
centro clandestino de detención en esa dependencia.
“Cuando
llegó Páez, la Brigada se dividió en dos, digámoslo así:
una parte que funcionaba normalmente y la parte trasera,
en donde estaban los calabozos. Allí había detenidos políticos,
ilegales”, aseveró el testigo.
Machuca
contó que en la puerta que daba a la parte posterior de
la dependencia había un cartel que, en letras rojas, decía
“área restringida”. “Allí los detenidos generalmente entraban
encapuchados”, afirmó. Y se atajó: “Pero yo no tenía acceso
a esa zona, nunca hablé con uno de esos detenidos”.
“Los
del COT 1 traían a la gente relacionada con la actividad
política y subversiva. Llegaban primero a la Brigada y después
se los llevaban a otros centros”, sostuvo el testigo. Y
contó que había un grupo de personas secuestradas que “colaboraban
con las fuerzas de seguridad y con las Fuerzas Armadas.
Vides y Nogara hablaban con ellos y después se iban a atrás
a hablar con los otros detenidos”.
El
ex policía también dijo que el personal de la Brigada a
veces participaba en el traslado de detenidos de otras dependencias
policiales en donde funcionaban centros clandestinos de
detención. “Nosotros éramos de refuerzo. Nos lo pedían los
del COT 1, porque siempre estaba latente que (los detenidos)
podían hacer un copamiento para ser liberados”, dijo Machuca,
quien colaboró en el traslado de secuestrados alojados en
las comisarías 5º y 8º de esta ciudad y en la Brigada de
Investigaciones de Banfield.
Otros
testigos
En
otro orden, Lilian Marta Stancati declaró hoy como testigo,
por pedido de María Isabel Chorobik de Mariani. Poco tiempo
después del ataque a la casa de 30 entre 55 y 56, en la
que el 24 de noviembre de 1976 fueron asesinados Daniel
Mariani y Diana Teruggi y desaparecida su bebé Clara Anahí,
Stancati conversó con un policía que le dijo “que la nena
vivía y que se la había quedado un alto jefe de la Policía
porque su esposa no podía tener hijos”.
La
testigo relató que en ese entonces trabajaba en la delegación
de City Bell del Banco Municipal, en donde ese policía era
guardia de seguridad. “Me hizo el comentario de lo de la
calle 30 porque sabía que yo vivía cerca. También me contó
que la policía hacía operativos y que se llevaban gente”,
expresó.
“No
recuerdo más, me siento bloqueada. Pero recordé esto cuando
el pasado noviembre asistí a una sesión del Concejo Deliberante
en la que se hizo un homenaje por el 25º aniversario de
ese episodio y se invitó al acto que se iba a hacer. Ahí
se me abrió la mente y me acordé de este policía”, manifestó
Stancati.
La
última de las testigos de hoy fue María Luz Mayorga que
declaró por la desaparición de su hermano Raúl y de su esposa,
Graciela Bisbal .
La
mujer dijo que sólo supo que la pareja fue detenida en la
localidad de Derqui, cerca de Luján (provincia de Buenos
Aires). Dijo que por dichos de vecinos supo que el secuestrado
se produjo en la madrugada del 4 de diciembre de 1976, y
agregó que el hijo de los desaparecidos sobrevivió al secuestro.
“El
niño de dos años apareció en la casa de la abuela, con una
carta escrita a máquina que decía que sus padres se tenían
que ir de viaje”, expresó Mayorga.
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