Mercedes
Benz: vinculan a
la fábrica con la represión ilegal
Una
periodista alemana que investigó la desaparición de 14 trabajadores
de la empresa contó que los directivos seguían pagando los
sueldos a los familiares de los operarios para que no denunciaran
los secuestros. También declararon dos ex empleados que
sobrevivieron a su detención en centros clandestinos.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel
(Secretaría de Prensa)
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Héctor Ratto, ex
empleado
de la Mercedes Benz. (Foto: FM)
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LA
PLATA.- Tres testigos declararon hoy por los secuestros
ocurridos en la
fábrica Mercedes Benz durante la última dictadura militar.
Una periodista alemana destacó los vínculos entre los directivos
de la empresa en Cañuelas y la desaparición de 14 de sus
operarios. También testimoniaron los dos únicos ex empleados
que sobrevivieron a su detención ilegal.
La periodista Gabriela Webber, quien investigó las relaciones
entre Mercedes Benz y el poder represivo, señaló que la
empresa "al menos a 10 familias (de desaparecidos)
le siguió pagando los sueldos, incluso hasta el año '86,
sin estar claro bajo qué concepto".
Webber
dijo que entendía que "para los familiares era dinero
para callarse la boca" y no denunciar lo que había
pasado. La mujer agregó que "luego les pagaron una
indemnización, como si hubiesen trabajado todo ese tiempo".
La
periodista indicó que pudo hablar de este tema con el jefe
de Producción de la planta de Mercedes en González Catán,
Juan Tasselkraut, que conserva el cargo desde aquellos días.
Este hombre le dijo que estos pagos fueron por "cuestiones
humanitarias".
Durante
su declaración, la periodista indicó que estima que las
desapariciones en Mercedes Benz se produjeron a raíz de
que la agrupación Montoneros había secuestrado a un gerente
de la empresa en octubre de 1975.
Webber
señaló que determinó que hubo 14 desaparecidos entre los
empleados de la fábrica de automóviles: Esteban Reimer,
Fernando Del Conte, Diego Núñez, Víctor Hugo Ventura, Floreal
Vázquez, Alberto Gigena, Juan Mosquera, José Vizzini, Alberto
Arenas, Jorge Alberto Leichner, Oscar Caddeo, Miguel Brieco
y dos empleados más de apellidos Del Monte y Alvarez Bauman.
La
testigo recordó además que el Ejército Argentino era "el
mayor cliente" de Mercedes Benz ya que le compraba
los camiones Unimov. En declaraciones a la prensa, dijo
que "nunca se habla de los intereses económicos"
que promovieron el genocidio argentino, y que le es muy
difícil instalar este tema en la prensa de Alemania.
Detenidos
en la fábrica
En
tanto, dos ex empleados de Mercedes Benz (en la localidad
de Cañuelas) declararon hoy por sus propias detenciones
ilegales durante la última dictadura militar, y brindaron
información sobre la desaparición de sus 14 compañeros.
Héctor
Aníbal Ratto y Juan José Martín fueron citados a prestar
declaración por la desaparición de Esteban Reimer, un delegado
gremial de la fábrica que, luego de negociar la reincorporación
de compañeros cesanteados, fue secuestrado de la empresa,
el 5 de enero de 1977, según el testimonio de la esposa
del desaparecido, María Luján Ramos, en agosto pasado.
Ratto
contó ante la Cámara que en 1975 había habido en la Mercedes
Benz “una serie de conflictos” entre directivos y empleados
que tuvo como resultado el despido de varios trabajadores.
“Como también había conflictos con el gremio, SMATA, se
formó una comisión separada de delegados. El líder era Reimer”,
indicó el ex empleado.
“Cuando
llega el golpe militar, llegaron también las represalias
a los que habíamos reclamado”, afirmó el testigo.
Ratto
fue secuestrado de las instalaciones de la fábrica el 13
de agosto de 1977. Ese día concurrió a trabajar por la tarde
y participó de una asamblea. “Cuando salí de la reunión
me avisan que me llamaban de casa, aunque mi familia no
tenía el teléfono de la empresa”, relató el testigo, y agregó
que, como esa mañana había sido detenido otro empleado,
Fernando Del Conte, “un grupo de compañeros me dijo que
ellos iban a ir a mi casa y que me quedara en el edificio”.
“A
la noche vino el gerente y me dijo que había venido a buscarme
una gente de civil”, contó Ratto. Permaneció un rato en
la oficina del gerente, Juan Tasselkraut, en donde había
dos personas de civil que se identificaron como policías.
“Escuché que (Tasselkraut) les daba (a los policías) el
domicilio de Diego Nuñez, otro trabajador que secuestraron
ese mismo día”, dijo el ex detenido.
Más
tarde aparecieron tres camiones del Ejército. El oficial
que comandaba el grupo de personas que llegó en los vehículos
ingresó a la fábrica “para ver si le interesaba otro para
llevarse”. “Hizo salir a todos del edificio para que vieran
cómo me llevaban a mí”, aseguró Ratto, que fue inmediatamente
llevado a la comisaría de Ramos Mejía.
“Me
dijeron que me tenían allí por mi propia seguridad, y me
metieron en un calabozo con presos comunes”, recordó el
ex empleado. Permaneció detenido en esa dependencia hasta
el 17 de agosto. Ese día fue esposado, encapuchado y trasladado
en una camioneta a un lugar que tiempo después identificó
como Campo de Mayo.
Allí,
Ratto fue golpeado y torturado con picana eléctrica “hasta
tal punto que tuve los brazos paralizados más de dos meses”.
“Había más de 40 personas detenidas, y por las voces reconocí
a algunos de mis compañeros de la Mercedes Benz”, señaló
el testigo. Eran Fernando Del Conte, Alberto Gigena, Jorge
Leichner, Diego Nuñez, Alberto Arenas y Juan Mosquera.
“Hubo
un traslado grande que incluyó a todos los que eran de la
empresa, menos a mí”, indicó el testigo. El 2 de septiembre
Ratto fue llevado de Campo de Mayo otra vez a la comisaría
de Ramos Mejía, “en donde permanecí detenido sin proceso,
a disposición de las autoridades militares, hasta marzo
de 1979, que me dejaron en libertad vigilada”.
El
ex detenido no regresó a trabajar a la fábrica de Cañuelas.
“La misma persona que me soltó me dijo que no volviera.
Me amenazó diciéndome que si volvía y me llevaban otra vez
no iba a aparecer”, manifestó el testigo.
“A
Campo de Mayo lo identifiqué cuando fui con la CONADEP.
Ya habían desmantelado todo, pero reconocí el lugar en donde
estuve detenido, cerca del campo de aviación”, agregó Ratto,
que también declaró en el Juicio a las Juntas en 1985.
En
tanto, Juan José Martín, el otro ex empleado de la fábrica
citado para hoy, contó las circunstancias de su detención,
ocurrida el 29 de abril de 1976. “Fui el primero que secuestraron
de todo el grupo de trabajadores de la Mercedes Benz”, dijo.
“Estaba
trabajando, cuando llega un grupo de personas con uniforme
militar y me empiezan a
hacer preguntas. Me subieron a una camioneta y me
llevaron a mi domicilio”, señaló el ex detenido —que era
delegado gremial en la empresa—, y añadió que “entraron
todos, revisaron, revolvieron, me rompieron las fotos del
casamiento y se robaron algunas cosas”.
Luego,
Martín fue llevado a la Brigada de Investigaciones de San
Justo. “Ahí me vendaron los ojos, me ataron las manos en
la espalda y me dieron shocks eléctricos mientras me preguntaban
cosas de la fábrica”, aseveró el ex detenido.
“El
jefe de la Brigada cuando yo estuve detenido era Rubén Luis
Lavallén, que después fue jefe de la custodia de la fábrica
Mercedes Benz”, afirmó el testigo. Lavallén, después de
comandar el centro clandestino de detención, fue Jefe de
Seguridad de la empresa hasta que en 1984 se comprobó que
fue responsable de la apropiación de una hija de desaparecidos.
Según
determinó la Justicia, el represor Lavallén se apropió de
Paula Logares, hija del matrimonio de desaparecidos compuesto
por Mónica Grispon y Claudio Logares. El caso fue el del
primer menor encontrado por Abuelas de Plaza de Mayo y restituido
a su familia biológica.
Martín
relató que en la Brigada de Investigaciones de San Justo
“nos daban de comer cada tres o cuatro días” y que “se escuchaban
gritos y torturas”. “Estuve 19 días, hasta que me sacaron,
me metieron en una camioneta y me dejaron en la puerta de
mi casa”, recordó el testigo.
“Cuando
llegué, mi señora me dio un telegrama de Mercedes Benz que
había llegado un par de días antes y que decía que no me
presentara a trabajar, porque con todo lo que me había pasado
necesitaba una semana en mi casa”, indicó el ex empleado.
Martín
volvió a la fábrica pero sólo trabajó un mes más, porque
“parecía que en cualquier momento entraban de vuelta los
militares”. Y agregó: “Los de la empresa me dijeron que
renuncie, que con todo lo que había sufrido me iban a pagar
una indemnización. Renuncié, pero la indemnización todavía
la estoy esperando”.
Tanto
Juan Martín como Héctor Ratto declararon en el consulado
alemán en abril de este año, y sus testimonios serán agregados
a la investigación que lleva adelante la fiscalía de Nuremberg
(Alemania) para determinar el destino de los ciudadanos
de origen alemán desaparecidos durante la última dictadura
militar.
El
CCD de 1 y 60
En
la jornada de hoy también declaró Fermín Ricado Azcárate,
un abogado oriundo de Balcarce que estuvo más de veinte
días detenido ilegalmente en el centro clandestino que funcionó
en el Cuerpo de Infantería de la Policía bonaerense, en
1 y 60 de esta ciudad.
Azcárate
fue secuestrado a fines de abril o principios de mayo de
1976, tiempos en que cursaba el cuarto año de la carrera.
El Ejército se lo llevó con más de sesenta personas que
participaban de la fiesta por el egreso de uno de sus amigos,
en una casa ubicada en 12 y 66.
“Éramos
entre 40 y 45 varones y 20 mujeres. A las 1.15 irrumpió
un grupo armado, de civil, a los tiros. Nos pusieron contra
la pared e hicieron simulacros de fusilamiento. A la hora
y media, nos trasladaron en camiones a los varones a 1 y
60, y a las mujeres a la comisaría 4°”, relató Azcárate.
Entre
los hombres se encontraban también sus hermanos Pablo Rodolfo,
Gustavo Raúl y Pascucio Oscar, y su primo, Pascucio Raúl
Azcárate.
El
testigo relató que al día siguiente, un guardia dijo que
todos los hombres debían quedar en libertad, menos los Azcárate.
Los cinco familiares pasaron de una sala a un “galpón o
cuadra” donde había “alrededor de 200 detenidos, que estaban
desde el 24 de marzo. Incluso, había un matrimonio mayor
de 70 años”, recordó el abogado.
“Los
primeros cuatro o cinco días vivimos normalmente. Un día
llegó el coronel (jefe policial, Ramón) Camps en forma violenta.
Pasó por la cuadra, le pegó una trompada a un detenido y
se fue a ver a las mujeres, que estaban en otro lugar. Cuando
se fue Camps, nos vendaron y engrillaron”, relató. Así pasó
los siguientes veinte días.
Azcárate
aseguró que en el grupo de mujeres había embarazadas. También
dijo que entre los detenidos había un sacerdote, al que
habían encarcelado por reclamar la liberación de otro prisionero.
El
padre de Azcárate había sido presidente de la Cámara de
Comercio y de la Federación Económica bonaerense, por lo
cual, según dijo el ex detenido, había realizado gestiones
ante distintos funcionarios.
El
abogado indicó que ni él ni sus familiares fueron torturados,
pero que “a la anoche se hacía silencio y a las dos o tres
de la mañana se llevaban gente” para aplicarle la picana
en otro lugar. “Decían (sus compañeros de detención) que
los ponían en una cama y les aplicaban picana. A veces volvían
con un diente menos”, describió. Y agregó: “Cuando caemos
nosotros, el ochenta por ciento había sido torturado”.
También
sostuvo que el cabo Baltasar Barrera le llevaba y traía
noticias a su familia. Y, en este sentido, recalcó que la
Policía “se comportó bien” y que los efectivos “decían que
no tenían otra cosa que hacer porque estaban bajo control
del Ejército”.
Ázcárate
y sus familiares fueron liberados después de casi un mes:
“Mi viejo fue 25 días a ver a (el general Roque) Presti.
El día que lo atendieron, nos largaron a la noche”, dijo.
“Un sargento, de apellido Avellaneda, nos dijo que quedábamos
en libertad y salimos”, agregó.
En
el final de la declaración, el juez Julio Reboredo leyó
la ficha de inteligencia de la Policía provincial donde
figuran las causas de la detención de Azcárate: “El motivo
fue una denuncia anónima de un vecino que dijo que (la fiesta)
era de corte subversivo”.
Entre
risas de jueces y público, el testigo recordó que aquella
noche, “después del postre, nos quedamos haciendo ‘fondo blanco’.
Gritábamos: ‘Fondo blanco, carajo’ y nos pasábamos el vaso.
Eso puede haber sido mal interpretado. Quizá (quienes hicieron
la denuncia) entendieron ‘Montoneros, carajo’”.
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