Afirman
que el cura Von Wernich participó de una masacre
Lo
hizo la hermana de un desaparecido, en base al testimonio que
prestó un policía ante la CONADEP en 1984. Dijo que el sacerdote
estuvo presente en el asesinato y la incineración de los cuerpos
de tres prisioneros. Por Lucas Miguel, Vanina Wiman y Francisco Martínez(Secretaría de Prensa)
LA PLATA.-
La periodista Adelina Moncalvillo, hermana del desaparecido
Domingo Héctor, aseguró que el cura Cristian Von Wernich participó
del grupo de tareas que se llevó de un centro clandestino a
su hermano y a otros dos detenidos para ultimarlos en un descampado.
La mujer dijo que se enteró de esto en 1984, cuando el ex oficial
de la Policía bonaerense Julio Emmed lo declaró ante la CONADEP.
Emmed -aseguró Moncalvillo- dijo que había participado del grupo
que se llevó a María del Carmen Morettini, a Cecilia Luján Idiart
y a Domingo Héctor Moncalvillo de la Brigada de Investigaciones
de La Plata -donde estaban ilegalmente detenidos- hacia lo que
se supone iba a ser un "vuelo de la muerte".
Siempre según el relato de Moncalvillo, Emmed contó a la Comisión
Nacional que antes del "traslado" el jefe de la Policía, Ramón
Camps, y el director de Investigaciones, Miguel Etchecolatz,
le preguntaron "si tenía fuerza para desmayar a una persona
con un golpe. Le decían que no debía llevar armas para no despertar
sospechas en los detenidos". De esta forma, los represores se
aseguraban la posibilidad de subir inconscientes a un avión
a los prisioneros para después arrojarlos al mar.
De acuerdo al relato de Emmed, siguió Moncalvillo, el golpe
sobre su hermano "no fue certero", por lo cual este policía
sacó un arma y lo hirió en la cara. "Iba en el auto el médico
(Jorge Antonio) Bergés, que logró dominar la situación: Les
aplicó dos inyecciones letales de un líquido rojo a cada uno,
a la altura del corazón", dijo la periodista, citando una vez
más al represor.
El raid siguió hasta un descampado. Allí, Emmed, Von Wernich
y el resto de los represores -de los que no se conoce el número
ni la identidad- "los desnudaron, los remataron y los trasladaron
a Puesto Vasco (en Don Bosco, partido de Quilmes), donde incendiaron
los cuerpos. Emmed contó que tuvieron que tirar varios neumáticos
en la fosa para que ardieran bien", relató Moncalvillo.
"Cuando terminó la matanza, uno de los policías que había participado
y que vivía por la zona invitó a su casa al resto a lavarse
las manchas de sangre. Emmed contó que Von Wernich también se
lavó", agregó la hermana del desaparecido.
Una vez llegados a la Jefatura de Policía, los represores fueron
recibidos por Camps y Etchecolatz, quienes los felicitaron por
la labor. Von Wernich les habría dicho que "Dios está muy agradecido
por lo que han hecho".
Los crímenes ocurrieron el 30 de noviembre de 1977 en la localidad
de Gutiérrez (sur del Gran Buenos Aires). Los tres detenidos
habían sido llevados en auto engañados, ya que pensaban que
se dirigían al aeropuerto de Ezeiza. Tiempo antes el cura les
había tramitado la documentación para dejar el país.
Domingo Moncalvillo fue secuestrado el 18 de diciembre de 1976
en las inmediaciones de la estación de trenes de esta capital,
y tuvo un régimen de detención singular, ya que su padre, su
hermana y su mujer pudieron visitarlo en el centro clandestino
de la Brigada de Investigaciones.
Adelina Moncalvillo dijo hoy que su hermano pasó los primeros
once días en un lugar que no pudo determinar, donde lo torturaron,
y que después fue trasladado a la Brigada.
La familia recibió noticias del secuestro cuatro meses después,
por una llamada anónima que preguntó si querían ver a Domingo.
La semana siguiente, el comisario Juan Nogara se presentó ante
el padre del desaparecido para llevarlo hasta la Brigada.
Al poco tiempo Domingo fue visitado por su mujer y por su hermana
Adelina, e incluso se le permitió ir hasta su casa con custodia.
Según contó la testigo, su hermano formaba parte de un grupo
de siete personas que estaban detenidos en iguales condiciones:
María Magdalena Mainer, Pablo Joaquín Mainer, Cecilia Luján
Idiart, María del Carmen Morettini, Nilda Susana Salomone y
Liliana Galarza. Todos están desaparecidos.
Liliana Galarza dio a luz en cautiverio a una nena que después
fue entregada a los abuelos. Según contó el sobreviviente Ricardo
Molina el 12 de julio del año pasado, el cura Von Wernich bautizó
a la bebé y el padrino fue el represor Luis Héctor Vides.
- ¿Por qué estos detenidos recibían ese trato?- preguntó hoy
el juez Antonio Pacilio.
- No sé. Lo que se dijo fue que habían tenido algún grado de
colaboración- contestó la hermana del desaparecido, en referencia
a la posibilidad de que los jóvenes hubieran delatado a sus
compañeros de militancia ante los represores, como lo manifestaron
varios sobrevivientes en el Juicio por la Verdad.
Durante la detención en la Brigada, contó Moncalvillo, Von Wernich
les ofreció a los siete detenidos la posibilidad de seguir cinco
años presos o exiliarse. Todos se aferraron a esta última, y
el cura se encargó de los trámites. La periodista definió al
cura como "el nexo entre Camps y los detenidos".
Cuando se hicieron las tramitaciones, la familia debió aportar
dinero para pagar los costos, que se encargaba de recolectar
el sacerdote. La salida del país estaba estipulada para el 30
de noviembre de 1977, pero nunca se hizo. "Pasaban los días
y no recibíamos noticias de mi hermano, así que pensamos que
no había podido salir del país", dijo hoy Moncalvillo.
En efecto, los siete jóvenes habían sido asesinados. La salida
del país se había planeado en tres tandas: Dos de tres personas
cada una, con destino al Uruguay, y la restante con la persona
que faltaba, con destino a Chile. Los grupos se habían divido
así: Morettini, Moncalvillo e Idiart; y los hermanos Mainner
y Salomone. Liliana Galarza, según lo planeado por los represores,
abandonaría sola el país rumbo a Chile.
Sin embargo, en los registros del Uruguay consta la entrada
de Morettini, Moncalvillo e Idiart. Según contó el policía Emmed
a la CONADEP, los documentos que elaboró Von Wernich se hicieron
en base a los datos de cada detenido pero se les adosó la foto
de tres policías. La imagen del cabo Norberto Cossani reemplazó
a la de Moncalvillo, y dos mujeres policías -de las que se desconoce
su identidad- pusieron la cara en lugar de Morettini e Idiart.
Al no poder contactarse con su hermano, la periodista y su cuñada
fueron a ver a Camps. "Le pregunté si lo habían tirado de los
aviones e hizo que nos retiraran de su despacho", contó. "Cuando
fui a ver a Etchecolatz, me contestó: 'Y bueno, que quiere,
han vuelto a la clandestinidad'", agregó.
Según dijo Moncalvillo, el policía Emmed estaba detenido por
robo en 1984, cuando pidió declarar ante la Comisión Nacional.
"Había dicho que si iba preso iba a cantar muchas cosas" sobre
la represión ilegal, contó la testigo.
Al año siguiente, el policía fue convocado para declarar en
el juicio a las Juntas, donde se desdijo bajo la presión de
una amenaza de muerte contra su familia. "Cuando los jueces
le preguntaron porqué se desdecía, les dijo que se había confundido
un poco (en la declaración ante la CONADEP). Pero él antes había
hecho la denuncia de las amenazas", resaltó la hermana del desaparecido.
El año pasado, la APDH La Plata requirió a la Cámara Federal
la citación del cura Cristian Von Wernich, pero el tribunal
aún no contestó.
"Parecía una película"
En otro orden, Darío Giorgieff declaró hoy por la desaparición
de sus padres, Mabel Teresa Galeano y Jorge Manuel Giorgieff.
El testigo contó que tenía siete años cuando sus padres fueron
secuestrados de su casa en Arenales al 2300, en Capital Federal,
el 5 de noviembre de 1977.
"El colectivo del colegio me dejó en la puerta, y cuando entré
al departamento había diez o doce personas uniformadas, en posición
de ataque, apuntándome", recordó Darío. Y añadió: "Cuando supieron
quién era, me encerraron con mis hermanos, que estaban en el
dormitorio. Me acuerdo cómo lloraban". Sus hermanos, Nicolás
y Natalia, tenían dos y cinco años, respectivamente, y estaban
enfermos de hepatitis.
María Teresa Galeano y Jorge Giorgieff fueron secuestrados antes
de que Darío arribara al departamento. "Cuando yo llegué, vi
que tenían a un amigo de mis viejos, que vivía con nosotros,
atado con un repasador. A él también se lo llevaron", indicó.
Luego agregó que, más tarde ese día, llegó al departamento un
matrimonio amigo de la familia, de apellido Ríos. "A ellos también
los secuestraron. A su hijo, Facundo, lo metieron en el dormitorio
con nosotros, y nos contó que vio como a su padre lo metían
dentro de un auto", indicó Darío.
"Nos dieron de comer y nos dormimos. Cuando nos despertamos
y salimos del dormitorio, vimos que la casa estaba toda desordenada
y que en el medio del living había dos charcos de sangre, a
un metro uno del otro", relató el testigo. Y agregó: "Parecía
una película".
Los cuatro niños salieron del departamento y le pidieron ayuda
a un hombre que entraba en el edificio. "Le dijimos lo que había
pasado, le mostramos el departamento y él llamó a la policía,
que vino, revisó todo y nos dejó a los cuatro en el Hospital
de Niños", manifestó Darío.
Los familiares de los chicos pudieron localizarlos gracias a
una fotografía de ellos en el hospital que se publicó en un
diario de Capital Federal. La abuela de Darío, Nélida Pereyra
-que a partir de ese momento se hizo cargo de los tres hijos
del matrimonio Giorgieff-, declaró por esta causa ante la Secretaría
de Derechos Humanos en 1987. "Nunca hablamos mucho de este tema.
Para ella es muy doloroso", comentó el testigo.
Tiempo después del secuestro, la ex detenida Cristina Torti
-quien declaró en el Juicio en noviembre pasado- se puso en
contacto con Darío y le contó que había visto a su madre en
el centro clandestino de detención conocido como "El Banco".
En su testimonio ante la Cámara, Torti contó que, justo antes
de ser liberada, "Teresa Galeano pidió permiso para saludarme,
la dejaron y, cuando se acercó a darme un beso, me dijo: 'No
te olvides de mis hijos' ".
Varios años más tarde, Darío se encontró en una reunión de HIJOS
La Plata con un muchacho llamado Ramón, que era hijo del hombre
que había sido secuestrado el 5 de noviembre de 1977 junto con
los matrimonios Giorgieff y Ríos: "Me mostró una fotografía
y me preguntó si era su padre. Le dije 'Sí, este es tu viejo'".
Darío Giorgieff contó la historia de la desaparición de sus
padres en el libro "Ni el flaco perdón de Dios - Hijos de desaparecidos",
de Juan Gelman y Mara La Madrid, publicado en 1997.
"Un infierno"
En tanto, la ex detenida Angélica Campi prestó testimonio hoy
por su propio secuestro y por la desaparición de Guillermo Almarza,
el 8 de febrero de 1977. Campi y Almarza -que en ese momento
eran novios- fueron detenidos en La Plata, en 49 entre 6 y 7,
en la puerta de un comercio.
"Salimos y nos encontramos con unos personajes que puteaban
y nos apuntaban con armas largas. Eran grandotes y tenían la
cara tapada", contó la testigo, y explicó que inmediatamente
los metieron dentro de un auto: "A mí me acostaron en el asiento
trasero y a Guillermo lo metieron en el baúl".
Ambos fueron atados y vendados. Los llevaron a un lugar que
Campi pudo identificar más adelante como la Brigada de Investigaciones.
"Nos tiraron en el piso y después de bastante tiempo nos tiraron
unos panes", relató la mujer, y recordó que "las tazas en donde
nos daban mate cocido tenían el logo de la Marina". Estuvieron
cerca de cuatro días en ese lugar y luego los subieron a un
vehículo para trasladarlos a otro lugar.
"Durante todo el trayecto hablaban entre ellos de cómo nos iban
a matar. Y yo realmente creía que así era", recordó Campi, quien
añadió que el lugar a donde los llevaron era un centro clandestino
de Arana. "Era un infierno: gritos de dolor, gente tirada en
el piso, macerada y llena de cicatrices", expresó la ex detenida,
y agregó que ese fue el último lugar en donde vio a Guillermo
Almarza. "Llegamos juntos y me fui sola", manifestó.
Después de unas horas de permanecer en una celda, junto con
otras mujeres, Campi fue llevada a una habitación, en donde
fue interrogada. "Me hicieron todas preguntas sobre Guillermo.
Después me hicieron desvestir, me acostaron en una cama y me
torturaron con la picana", indicó la mujer.
"Recién cuando volví a la celda me dieron algo caliente. Cuál
sería mi estado que lloré de alegría", recordó. La testigo aseguró
que en este centro clandestino de detención vio a una mujer
embarazada, pero no pudo identificarla. Y recordó que había
un grupo de detenidos que "tenían mejor trato y salían a la
tarde a marcar gente. También había un ingeniero de apellido
García Cano que decían que estaba inventando una picana".
Campi estuvo en Arana alrededor de cuatro días, y luego fue
llevada nuevamente a la Brigada de Investigaciones, en donde
permaneció detenida hasta el 27 de marzo de ese año. "El día
que me liberaron me dijeron: 'Tomátela y no preguntes más nada'.
No me devolvieron mis pertenencias y me dejaron cerca del cementerio.
No sabía si me iban a matar por la espalda o qué", señaló la
testigo.
"Durante los siguientes seis meses estuve en la casa de mis
padres, sin documentos, y teniendo que soportar la visita de
un personaje de civil que venía a ver cómo estaba. Era un policía",
indicó Campi, y contó que esa misma persona estuvo en esa casa
mientras ella estuvo detenida: "Sé que hizo preguntas y revisó
los placares. Mis padres estaban desesperados".
El padre de la ex detenida realizó muchas gestiones para averiguar
el paradero de su hija. "Le escribió cartas hasta a Massera,
y se entrevistó con Camps. Él le dijo que yo estaba viva y que
iba a salir", afirmó la mujer.
Campi también dijo que, al momento de su secuestro, trabajaba
en el Poder Judicial y que, después de lo que pasó, "me obligaron
a renunciar. El que me lo pidió fue el Presidente de la Suprema
Corte".
Por otra parte, también declararon dos médicos del Hospital
de Quilmes por el caso de la desaparecida Silvia Mabel Isabella
Valenzi, quien dio a luz en ese nosocomio a una bebé cuyo destino
aún se ignora.
Norberto Andrés Linari, quien trabaja desde 1976 como médico
neonatólogo en el Hospital de Quilmes, dijo que no tuvo ninguna
relación con el nacimiento "porque en ese momento trabajaba
en consultorios externos, no ingresaba a la parte de internación"..
Luego agregó: "Me enteré porque (Adalberto) Pérez Casal me comentó
que unos hombres habían traído a una detenida y que la mujer
había tenido un bebé".
Pérez Casal, quien en 1977 se desempeñaba como Jefe del Servicio
de Neonatología de ese hospital, declaró ante la Cámara en junio
pasado y aseguró que no intervino en el parto de Valenzi.
Linari afirmó que "cuatro o cinco días después me comentaron
que el bebé había fallecido", pero aseveró que nunca supo qué
pudo haber sucedido con el cadáver. El médico señaló que el
caso "fue muy comentado en el ambiente médico" pero que no escuchó
"ningún comentario de que el bebé hubiera quedado con vida".
El testigo dijo no estar al tanto de que en los libros de internación
se hubiera alterado el nombre de la madre del bebé, tal como
declaró Pérez Casal. "No tengo conocimientos sobre eso", señaló.
Por su parte, Blanca Aguirre Zabala recordó un episodio en el
que un grupo de personas con pantalón de jean, camperas y anteojos
ahumados ingresaron violentamente a la sala de Neonatología
a preguntar por la hija de una detenida.
La médica dijo que en esa sala había "una señora que no tenía
bebé", pero no supo precisar de quien se trataba, aunque señaló
que era la detenida por la que preguntaban las personas que
entraron en esa oportunidad.