El cura Von Wernich recomendaba masajes
para los torturados
Un ex detenido dijo que el sacerdote visitaba la
Brigada de Investigaciones de la policía provincial. Y que se decía que era
“el nexo entre la policía y los familiares” de los desaparecidos. En otro
testimonio, se volvió a incriminar al ex policía Patrault con la represión
ilegal.
Por Francisco Martínez, Ximena Martínez y Lucas Miguel
(Secretaría
de Prensa)
El
ex detenido Osvaldo Lovazzano explica la disposición de
las celdas en la comisaría 5° (Foto: FM)
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LA PLATA.- Un ex detenido
declaró hoy en el Juicio por la Verdad que el cura Cristian Von
Wernich, señalado por varios testimonios como cómplice de la represión
ilegal, estuvo en el centro clandestino que funcionó en la Brigada de
Investigaciones de La Plata, “revisó” el estado físico de algunos
prisioneros y recomendó “masajes” para un torturado.
Osvaldo Lovazzano, quien estuvo
detenido ilegalmente durante más de cuatro meses en 1977, afirmó
que el sacerdote, luego de ver a un joven que estaba dolorido por la
tortura, aconsejó: “Es por la corriente eléctrica, ya se le va a
pasar. Háganle masajes”.
El ex detenido señaló además que “decían que
Von Wernich era el nexo entre los policías y las familias” de las personas
que estaban en cautiverio. Y que el cura una vez le entregó a un prisionero un
frasco de gotas para el oído.
Von Wernich era un personaje conocido en la
Brigada de Investigaciones. Según el legajo 2821 de CONADEP, de la desaparecida
Liliana Galarza, el sacerdote bautizó a la hija de la joven en ese lugar. El
padrino del bautismo fue el comisario Luis Héctor Vides, “jefe” de un
centro clandestino de Arana.
La APDH La Plata solicitó a la Cámara en
marzo pasado que cite a declarar a Von Wernich, pero los jueces aun no
respondieron.
Lovazzano, en un testimonio que duró más de
dos horas, relató que fue secuestrado de su domicilio de calle 67 entre 17 y
18, el 30 de agosto de 1977, por un grupo de tres personas vestidas de civil.
“Es por averiguación de antecedentes, salís
en 24 o 48 horas”, le dijeron. Pero recién fue liberado en enero del año
siguiente. Un mes antes de su detención Lovazzano había sido echado de su
trabajo, en el Hipódromo de La Plata, por razones políticas.
El ex detenido contó que fue llevado a la
Brigada de Investigaciones, en donde permaneció poco más de un mes. Horas
después lo introdujeron a una habitación y le pidieron que se desvista.
“Yo tenía frío —contó Lovazzano— y me
dijeron: ‘No te preocupés que cuando te conectemos a Segba se te va a
pasar’”. Al rato le pasaron la picana eléctrica por el cuerpo, en un
interrogatorio en el que se hablaba de armas y de imprentas. “Yo no sé
nada”, expresaba una y otra vez el prisionero.
El testigo señaló que para quebrar su
resistencia psicológica los represores le hicieron una pregunta insólita: “¿Vos
mataste a Gardel?”. “Yo si sabía algo lo hubiese dicho porque no podía
aguantar el dolor”, manifestó.
Un joven al que él conocía, Alberto Canzioni
(liberado), fue también llevado al centro clandestino y torturado. Días después,
pasaron al “sector perejiles”, según definió Lovazzano en todo su
testimonio. “Ustedes son idiotas útiles y perejiles”, les decían los
represores. Entre ellos, el testigo identificó a Godofredo Iramay, una persona
que afirmaba ser sólo un empleado administrativo.
A comienzos de octubre de 1977, Lovazzano,
Canzioni y otras dos jóvenes fueron llevados al centro clandestino de la
comisaría 5° de La Plata. “Ahí fue el infierno como nos trataron”,
describió el ex detenido.
Osvaldo Lovazzano estuvo en una celda de esa
dependencia con Canzioni y el desaparecido José Fernando Fanjul hasta el día
en que fue liberado, el 21 de enero de 1978.
“La comida era hojas de repollo crudo que decían
que daban los seminaristas”, manifestó el testigo y reforzó así la tesis de
que el Seminario Mayor, ubicado en la esquina de la comisaría 5°, era la
institución que proveía el alimento para los detenidos ilegales.
Lovazzano señaló que les daban de comer cada
tres días. “Un día nos agarramos a las trompadas por un pedazo de pan duro,
de la desesperación por comer. Afuera, se reían”, contó.
Días antes de ser liberado, Lovazzano fue
llevado junto a sus dos compañeros de celda, una joven de nombre “Cristina”
y otra mujer que estaría desaparecida, a una dependencia de la Unidad Regional
de la Policía, en 12 y 60.
Todos estos prisioneros eran los únicos que
por fines de 1977 estaban secuestrados en la comisaría 5°, en contraposición
con el gran número de personas que pasaron por ese centro clandestino en los
primeros meses de ese año.
En la Unidad Regional, los detenidos fueron
torturados, esta vez con una nueva maquinaria: “Esta es la ‘vietnamita’,
es más moderna”, le presentaron los represores a Lovazzano.
Corría ya un año y medio de dictadura y los métodos
de tortura se habían perfeccionado: “Me pusieron un alambre en un dedo de la
mano y otro en el pie. Era un golpe de corriente, y cada vez iba aumentando la
tensión”, dijo el testigo, y agregó: “A Fanjul lo interrogaron con una
granada en el pecho”.
El día de la liberación de Lovazzano, la
joven que estaba detenida en la 5° y a quien no supo identificar le pidió que
recordase un nombre: “De la Cuadra”. Era el de una chica que había dado a
luz en la comisaría casi un año antes, y por cuyo caso fue citado el testigo
por la Cámara.
Por otro lado, en un tramo de su testimonio el
ex detenido confirmó que los policías que trabajaban en la comisaría 5° tenían
contacto con los detenidos ilegales. “¿Escuchó decir «cabo de guardia»?”,
le preguntó un juez. “Sí”, contestó el Osvaldo Lovazzano.
Según varios ex policías de la 5° que
declararon ante la Cámara, el “cabo de guardia” era el encargado de limpiar
los calabozos y el que tenía acceso al sector en el que funcionaba el centro
clandestino.
Otra vez Patrault
Otro testimonio de la jornada fue el de Nelly
Arteta, quien declaró por la desaparición de su hermana Elba Zulema y el
esposo de ésta, Eduardo Cassataro.
El matrimonio fue secuestrado en su casa de La
Plata el 22 de enero de 1977. Arteta declaró hoy que se enteró el día
siguiente que su hermana y su yerno estaban desaparecidos, cuando ambos no
concurrieron al trabajo y entonces fueron a buscarlos a su hogar. Allí no había
nadie y la “puerta estaba violentada”, afirmó Arteta.
Los familiares de Elba y Eduardo preguntaron a
la dueña del departamento si sabía algo. La mujer les contó que un grupo de
personas armadas se los había llevado “atados y vendados”.
Arteta contó que sus tíos —fallecidos—,
que vivían en Magdalena (45 kilómetros al sur de La Plata), tuvieron contacto
con un policía que trabajaba en Cuatrerismo de Arana. El efectivo era Luis
Vicente Patrault, identificado por cinco de sus colegas bajo el apodo “El Tío”
durante este juicio. En su declaración del 5 de abril, Patrault negó ante la Cámara
ese sobrenombre.
Según los ex detenidos del centro clandestino
de la comisaría 5°, “El Tío” era una de las personas que tenía contacto
con ellos mientras estaban en la celda. Y hoy Patrault, una vez más fue
incriminado, como partícipe de la represión ilegal.
Los tíos de Arteta tenían una empresa de
transporte de hacienda, por la que eran muy conocidos en la zona de Arana y
Magdalena. También conocían a Patrault, quien creyó reconocer el apellido de
la desaparecida el día que trasladaban a la pareja desde un centro clandestino
de Arana a la comisaría 5°.
Fue así que Patrault sirvió de nexo entre la desaparecida y sus familiares.
Elba envió una carta a su familia y, días después, sus padres le enviaron
frazadas y chocolate, por intermedio del policía.
Durante su declaración ante la Cámara
Federal, Patrault negó cualquier contacto con los detenidos “del fondo” de
la seccional policial, quienes según él dependían del grupo de tareas que había
ocupado la parte trasera del edificio.
Nelly Arteta se lamentó porque hoy “es
tarde”, ya que su padre y sus tíos murieron, y no pueden dar testimonio de
todas las gestiones que hicieron en distintas dependencias durante los primeros
años que siguieron al secuestro.
Según relató la testigo, que en 1977 tenía
20 años, la familia estuvo con el capellán del Regimiento de Infantería N°
7, Luis Astolfi. Juana Haydee Asteinza, madre de Eduardo Cassataro, declaró en
marzo pasado que el cura, que había casado a la pareja, les había dicho que
había visto los nombres del matrimonio en una lista de ese regimiento, y que
tiempo después el prelado se desdijo.
Hermano
Por otra parte, prestó testimonio Sergio
Beltaco por la desaparición de su hermano Julio el 14 de abril de 1977.
El testigo relató que en la madrugada de ese día,
personas de civil encapuchadas irrumpieron en su casa, en la que vivía junto a
sus padres, preguntando por el paradero de Julio Beltaco, quien era militante de
la Juventud Peronista.
Los represores increparon a su padre, quien les
dijo que no veía a Julio desde varios meses atrás, y a un amigo de la familia,
que no dudó en explicarles a los secuestradores que el último domingo habían
ido a juntos a ver un partido de fútbol. Ese “amigo” es hoy un policía de
apellido “Barceló”, de apodo “Tití”, según declaró Sergio Beltaco.
Durante el transcurso del operativo,
Sergio recibió golpes y maltratos mientras se lo interrogaba sobre su hermano.
Además, atestiguó reconocer una de las voces de los represores y aseguró que
se trataba de una persona que frecuentaba su hogar, de la que no quiso revelar
su identidad en público.
Posteriormente fue encapuchado e introducido en
uno de los coches para que les indicara a los represores el domicilio de su
hermano. “Primero los llevé a la casa de su suegra, luego les marqué una
casa cualquiera en una calle cualquiera para hacer tiempo, pensando que mi viejo
iba a ir a avisarle” a Julio que lo estaban buscando, aseguró el testigo. Y
agregó: “Después les dije la verdad porque yo no daba más, me pegaban
constantemente y amenazaban de fusilamiento”.
Durante el secuestro fue detenida Elsa Luna,
esposa de Julio Beltaco, quien expuso el caso ante la Cámara el pasado 26 de
abril. El matrimonio tenía un bebé de dos meses, que fue entregado por los
represores a los abuelos maternos.
El hermano de Julio Beltaco manifestó además
que hubo un segundo operativo en el que “apareció gente del Ejército en mi
casa, pero esa vez fueron a robar alhajas de mi mamá y la indemnización
de YPF que había cobrado mi viejo”, recientemente despedido. Beltaco señaló
que “según los vecinos fue todo un operativo, con gente en los techos y
camiones en la vereda”.
Más tarde expresó que un mes después del
secuestro del matrimonio volvió al lugar del hecho en busca de ropa y algunas
pertenencias del hijo de la pareja.
En ese momento un grupo de personas que se
encontraban dentro de la casa lo introdujeron violentamente en ella. Fue
golpeado y sumergido en un barril con agua. “Después sentí el ruido de la
picana, siento el golpe sobre el cuerpo y se cortó la luz. ‘Corré y no te
queremos ver más por acá’, me dijeron”.
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