Presentan los casos de dos
gremialistas desaparecidos
Uno de los testigos vinculó a Diego Ibáñez con
la desaparición de su padre. En tanto, un policía dijo que hoy se enteró que
en la comisaría 5° funcionaba un centro clandestino.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel (Secretaría de
Prensa)

Reydó contó que el sindicalista
Diego Ibáñez le dijo que no investigara qué había pasado con su padre.
(Foto: FM) |
LA PLATA.- Dos casos de sindicalistas de la
Destilería YPF desaparecidos durante la última dictadura fueron tratados hoy
en el Juicio por la Verdad: el de Raúl Jorge Reydó y el de Imar Miguel
Lamonega.
Sobre el primero declaró su hija, Adriana Reydó,
quien señaló que su padre fue secuestrado de su casa de calle 30 entre 45 y 46
de esta ciudad, el 20 de mayo de 1977, mientras almorzaba con su familia.
Raúl Reydó era delegado del Sindicato Unido
Petroleros del Estado (SUPE) y además presidente de la Juventud Peronista de
Ensenada. Del operativo de secuestro participó el jefe del Regimiento 7 de
Infantería, general Roque Presti. Este dato lo aportó la esposa del
desaparecido, quien días después reconoció a Presti cuando apareció en el
diario junto al jefe de la Policía provincial, coronel Ramón Camps.
Adriana Reydó señaló en su testimonio que en
1981 el fallecido sindicalista Diego Ibáñez -durante años secretario nacional
del SUPE- se acercó a su casa y le dijo a la familia que no investigara más qué
había pasado con Raúl, porque podía "ser peligroso". Reydó le
contestó que él pertenecía a la "mafia que tenía que ver" con el
secuestro de su padre, y entonces Ibáñez amenazó, según la testigo: "Te
va a pasar lo mismo".
"Yo no hice denuncia, no había garantías,
era peligroso", señaló la mujer. La hija del desaparecido relató además
que dos meses después de ese hecho un operativo militar estuvo a punto de
secuestrarla en la puerta de su casa, pero que pudo salvarse ya que apareció en
la vereda un grupo de jóvenes al que los militares comenzaron a perseguir.
Adriana Reydó afirmó también que la familia
hizo la denuncia del secuestro de Raúl en la comisaría 4° de La Plata,
"donde dijeron que estaba registrado el procedimiento".
Una versión que le llegó a la familia sobre
el destino del sindicalista es que habría estado en el centro clandestino
"La Cacha", que funcionó cerca de la Cárcel de Olmos.
Asimismo, en 1983, Adriana Reydó vivió un
acontecimiento fortuito: se encontró en un colectivo con un hombre que había
estado secuestrado en otro centro clandestino junto a su padre. "Él estaba
conmigo hasta julio de 1977 -le dijo el ex detenido, de apellido Lazcano-,
estaba muy mal por la tortura, había adelgazado 30 kilos".
Esta persona le reveló que el lugar en el que
estuvo con su padre Raúl era la Brigada de Investigaciones de la Policía, y
que los llevaban a torturar al Batallón de Infantería de Marina N°3, con una
frecuencia de cinco sesiones de tortura por semana.
El otro caso de un gremialista de YPF tratado
hoy fue el de Imar Miguel Lamonega, por el que declararon su esposa, Antonia
Rosa Del Rabal, y su hija, Gabriela Lamonega.
Del Rabal contó que su marido fue detenido
ilegalmente en su vivienda en el Barrio Banco Provincia, de Berisso, cuando ya
había sido despedido de YPF por razones políticas. El secuestro se produjo en
la madrugada del 23 de diciembre de 1976.
"Esa noche cerraron todo el barrio (...).
Ni siquiera los perros ladraron. Lo único que se escuchaba era el abrir y
cerrar de las puertas de los autos", sostuvo la esposa del desaparecido.
Además, dijo que todos los secuestradores se llamaban entre sí
"Carlitos", una característica de los Grupos de Tareas de la Armada.
"Le apuntaban con un arma en la cabeza a
una niña de ocho años y ahogaban con una almohada a un nene de seis",
recordó Antonia del Rabal sobre lo que sus hijos vivieron durante el secuestro.
La testigo señaló también que fue "a
todos los lugares" para averiguar el paredero de Imar, y agregó:
"Recibí todas las vejaciones habidas y por haber. Hasta el soldado de la
puerta de un Regimiento nos podía vejar verbalmente". Contó que visitó
unidades militares, comisarías y dependencias oficiales, pero que nunca logró
nada.
"Lo he visto bajar de un subterráneo, en
muchos lugares, pero eran puras fantasías", expresó.
Antonia Del Rabal afirmó que muchas veces
recibió ofertas de información sobre el destino de su marido, a cambio de
dinero, pero que nunca pagaron. "Ese mensaje nos lo dieron las monjas
francesas", declaró.
Graciela Lamonega, por su parte, afirmó que
según una versión su padre Imar habría pasado por un centro clandestino de
Arana.
Matrimonio desaparecido
En otro orden, Julio Ernesto Cédola habló de
la detención ilegal de su hermana, Laura Cédola, y su cuñado, Manuel
Monteagudo, quienes están desaparecidos desde el 22 de junio de 1977.
Cédola, quien presenció el secuestro de la
pareja, relató que en horas de la madrugada un grupo de hombres armados llegó
a la casa en donde se encontraban, vestidos con uniforme de fajina y a cara
descubierta, preguntando por Laura. "A mí me hicieron poner en puntas de
pie y con los dedos de la mano apoyados contra la pared, y me taparon la cabeza
con una toalla", contó el hermano de la desaparecida.
El testigo declaró que los secuestradores
interrogaron a su hermana y le preguntaron varias veces si pertenecía a la
Juventud Guevarista, y expresó que cuando Manuel protestó por la forma en que
la trataban "le dijeron que se callara porque se lo iban a llevar a él
también".
Durante su testimonio, Julio Cédola también
declaró que su padre, que era oficial de la Marina, en el momento del secuestro
trató de interceder por Laura, sin ningún resultado. El testigo afirmó que más
adelante lo acompañó a ver al almirante Emilio Massera, que había
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