Desapareció después de
negociar la reincorporación de sus compañeros
La
mujer de un trabajador de la fábrica de Mercedes Benz en Cañuelas
declaró que su esposo fue secuestrado luego de tener una reunión
con los directivos de la empresa. En otro orden, nuevamente no se
presentaron a declarar los policías de la comisaría 5°.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel (Secretaría
de Prensa)
María Luján Ramos,
esposa del desaparecido Esteban Alfredo Reimer (Foto:
FM)
LA
PLATA.- La esposa de un gremialista de una fábrica de automóviles
de Cañuelas, dio detalles sobre los vínculos entre la empresa y el
poder represivo que hizo desaparecer a su marido.
María Luján Ramos declaró ante la Cámara Federal de esta ciudad
por la desaparición de su esposo Esteban Alfredo Reimer,
secuestrado de su domicilio la madrugada del 5 de enero de
1977.
Reimer formaba parte de un grupo de delegados de la firma Mercedes
Benz en Cañuelas, que el día anterior había estado
negociando, en la oficina central de la empresa en Capital Federal,
la reincorporación de más de cien empleados cesanteados.
El 4 de enero Reimer concurrió junto a su amigo Víctor Ventura
(también desaparecido el día posterior) y otros siete delegados a
convenir la recontratación de los trabajadores, luego de un extenso
plan de lucha que incluyó un paro de 24 días. Representantes de la
empresa quisieron sobornarlo a cambio de su silencio y Reimer se
negó.
Esa misma noche un grupo de ocho personas vestidas de civil y con
armas largas lo secuestró de su casa. “Es por lo de la fábrica”,
dijeron, según contó la testigo.
María Luján Ramos dijo que los secuestradores primero se
identificaron como de la policía de Cañuelas, pero que más tarde
señalaron que la orden de detención venía “del comando 1”.
La testigo manifestó que al frente del grupo estaba Ramón Aurelio
Campos, que trabajaba en la comisaría de Laferrere (Gran Buenos
Aires). Este dato lo pudo conseguir por medio de una abogada, María
Elena Algañaraz, que un día se presentó a su casa y le dijo que
su esposo estaba detenido en esa dependencia policial, que quedaba
al frente de su casa. El propio oficial Campos le había contado a
Algañaraz datos sobre el secuestro de Esteban Reimer.
Ramos contó entonces que fue a la comisaría de Laferrere dos
veces: una vez acompañada con Algañaraz —que no pudo conseguir
otros datos— y la otra vez sola. En la última oportunidad, vio
salir de la comisaría a uno de los secuestradores de su marido
Esteban, en uno de los autos que participó del
operativo. Era un hombre de apellido Proverbio.
También, la mujer se encontró allí con un familiar suyo que
trabajaba como chofer del comisario. Días después, “la esposa de
este familiar fue a la casa de mi madre a decir que a mi marido lo
habían matado junto a otras dos personas”, expresó la
testigo
Entre otras gestiones, Ramos relató que se entrevistó con el
coronel Federico Minicucci en el Regimiento de la Tablada. La
testigo dijo que el represor le preguntó: “¿Usted tiene buenas
relaciones con su esposo?, porque ya sabe cómo somos los hombres”.
Después, Minicucci dijo que no era su jurisdicción.
Por medio de la abogada Algañaraz, María Luján Ramos también se
contactó con un oficial de la Policía Federal de apellido
Santillán. Este hombre, aportó el dato de que los restos de
Esteban Reimer habrían sido enterrado en un cementerio privado de
San Justo.
Y por los datos que dio un ex detenido (Adolfo Paz) Ramos supo que
su esposo permaneció en cautiverio en la Brigada de Investigaciones
de Lanús.
Sobre el final de su testimonio, María Luján Ramos señaló que
son en total once los trabajadores de la fábrica de Mercedes Benz
en Cañuelas que están desaparecidos.
Los policías, ausentes
Una vez más, y por tercera vez consecutiva, los policías
citados por la Cámara Federal no concurrieron a declarar como
testigos en la investigación que se sigue sobre el centro
clandestino de detención que funcionó en la parte trasera de la
comisaría 5° de esta ciudad.
Para hoy habían sido citados Roberto Guillermo Sosa, Juan Pucheta y
Nieves Camargo. Hoy en el recinto se tenía la certeza de que Sosa
no había sido notificado, y se ignoraba qué había pasado con las
convocatorias de Pucheta y Camargo.
La Cámara Federal no cita a los policías en forma personal, sino
que envía a la fuerza las notas para que sea la propia Policía
quien los notifique de su deber de declarar como testigos en el
Juicio por la Verdad.
El juez Leopoldo Schiffrin afirmó la semana pasada que los
policías que no concurran a la primera citación deberán pagar una
multa; “y a la segunda, deberán ser traídos por la fuerza
pública”. No obstante, aclaró que la Cámara deberá revisar “situación
por situación para ver si todas las notificaciones están
debidamente practicadas”.
Secuestro en Río Santiago
Ana María Nievas contó también su detención ilegal, que comenzó
el mismo día del golpe de Estado.
La ex detenida señaló que la tarde del 24 de marzo de 1976, la
hicieron bajar de un ómnibus de la línea 275 que circulaba en el
límite de los partidos de Ensenada y La Plata. De allí fue llevada
clandestinamente a las instalaciones que la Marina posee en Río
Santiago, a 10 kilómetros de esta
capital.
Nievas señaló que no sabe si estuvo en la Escuela o en la Base
Naval, pero indicó que el lugar estaba en las inmediaciones de Río
Santiago porque fue llevada en lancha. Allí había más detenidos,
y Nievas contó que les dijo a los guardias que estaba “embarazada
de dos meses”, por lo que recibió un trato diferencial.
La testigo manifestó que en esa época trabajaba en Astilleros Río
Santiago, y que en los interrogatorios a los que fue sometida, los
represores le preguntaban por sus compañeros de trabajo, y le
manifestaron que sabían que ella había sido delegada gremial hasta
1973 e, incluso, la fecha del cumpleaños de su hijo. “A cada
pregunta que respondía ‘no sé’, me pegaban. Me sentía como en
un ring”, afirmó Nievas.
Durante uno de los interrogatorios, los represores la subieron a una
mesa y le pusieron un revólver en la boca, y, luego, junto a otros
prisioneros, la sometieron a dos simulacros de fusilamiento.
“Me decían si conocía a «Tili». Yo la conocía, pero no por
ese sobrenombre”, manifestó Nievas. «Tili» era Matilde
Itzigsohn, una trabajadora de Astilleros que está desaparecida
desde marzo de 1977.
Nievas también dijo que en esos interrogatorios estaba presente un
médico “que me tomaba el pulso, y que me preguntaba por qué
estaba nerviosa” antes de recibir las preguntas, y manifestó que
podría reconocerlo ya que por momentos no estaba encapuchada y pudo
verle la cara.
Una noche, desde la habitación donde estaba alojada, la mujer
escuchó que alguien pronunció a los gritos su apellido dos veces.
Luego, los represores la sacaron del lugar y por un pasillo vio
pasar a su hermana, Rosa Francisca, recién detenida. “Después de
que viera a mi hermana, me pegaron y me volvieron a meter en el
calabozo”, dijo Nievas.
Al cabo de un tiempo que no determinó, la ex detenida fue
trasladada junto a su hermana y un grupo de prisioneros a la Unidad
Penal N°9 de Olmos. “Fuimos atados con las manos atrás y
encapuchados, íbamos unidos con cadenas y éramos muchos”,
describió.
El padre de las hermanas Nievas se enteró que sus hijas estaban
detenidas en Olmos porque, poco antes del traslado, un represor que
hacía las veces de “bueno” —tal el término que empleó la
testigo ante la Cámara Federal— durante los interrogatorios, le
solicitó a Nievas un teléfono para poder comunicar el traslado a
su familia. La mujer le dio el número de un vecino, que luego se
comunicó con su padre.
En Olmos el trato fue diferente: “Llegó a ser un alivio —expresó
Nievas—; había muchas mujeres, todas presas políticas”. En un
principio su padre fue a visitarlas pero las autoridades del penal
negaban tenerlas detenidas.
“Veíamos por las ventanas del 3° piso a mi padre que llegaba y
que tenía que volverse”, relató la sobreviviente.
Además, sostuvo que “en Olmos había partos. No sé dónde se
realizaban, pero en la cárcel había una unidad sanitaria”. Y
contó que las madres estaban en un pabellón junto a sus
hijos.
El 24 de octubre de 1976, Nievas fue trasladada a la Unidad Penal de
Devoto. En este lugar firmó la “opción” para salir del país.
Estuvo unos meses más detenida y luego viajó a Italia, desde donde
no regresaría hasta fines de 1986.
El de Ana María Nievas fue el primer testimonio de un ex
detenido-desaparecido que cuenta que permaneció secuestrado en la
Base Naval de Río Santiago. Hasta hoy sólo se habían presentado
casos de personas que estuvieron en el Batallón de Infantería de
Marina N°3, una dependencia también perteneciente a la
Armada.
Su caso fue presentado por la Central de Trabajadores Argentinos
(CTA), que es parte en el Juicio por la Verdad.
Cuatro de sus seres queridos, también desaparecidos
En el final de su declaración, Ana María Nievas se refirió a la
desaparición del hermano de su esposo, Juan Carlos Scafide; de su
pareja en ese entonces, Hugo Daniel Carzolio; el hermano de su
pareja, Néstor Carzolio, y la esposa de éste último, Nelly
Tissone.
Nievas contó que Scafide era delegado gremial en la empresa
Propulsora Siderúrgica, de Ensenada, y que desapareció el 15 de
enero de 1976, cuando un grupo de hombres que se movilizaba en autos
Ford Falcon y que se identificó como policía, se presentó en su
casa y se lo llevó.
En tanto, Hugo Daniel Carzolio fue secuestrado el 6 de diciembre de
1976. Según las referencias que pudo obtener Nievas desde Europa y
cuando volvió a la Argentina casi diez años después, Hugo fue
herido durante la detención y estuvo en coma 18 días en el
Hospital San Martín de esta capital. Cuando se recuperó, los
represores se lo llevaron.
Algunas versiones que pudo recoger Nievas indican que su pareja
habría pasado por el Batallón de Infantería de Marina N°3.
Por último, contó que Néstor Carzolio y su esposa Nelly fueron
secuestrados en Mendoza. Según relatos de los vecinos, los
represores detuvieron a Nelly y aguardaron la llegada de Néstor,
que en ese momento no estaba. Cuando Néstor llegó, introdujeron a
ambos en un camión y nunca se supo más de
ellos.
En el final de su relato, Nievas miró al tribunal y, dirigiéndose
a la “Honorable Cámara Federal de La Plata”, expresó: “Quiero
pedirles que tomen la decisión que tomaron sus colegas de Bahía
Blanca de declarar nulas las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida”. Y concluyó: “Hasta que esto no sea aclarado, no vamos
a ser felices en la Argentina”.
Sin padres
En otro orden, declaró hoy ante la Cámara Federal de La Plata Ana
Laura Mercader, cuyos padres, Mario Miguel Mercader y Anahí
Fernández, están desaparecidos desde el 10 de febrero de
1977.
La testigo explicó las circunstancias del secuestro de sus padres a
partir del relato de vecinos y parientes, ya que tenía sólo dos
años en ese momento.
Ana Laura Mercader dijo que en la mañana del 10 de febrero de 1977
llegó al domicilio de la familia —en la calle 119 número 833, en
Tolosa— un grupo de siete hombres armados y de civil.
Permanecieron en la casa siete horas, hasta que Mario Mercader
llegó de su trabajo.
“Cuando entró y se dio cuenta de que lo venían a buscar, trató
de salir corriendo, pero le pegaron un tiro en la pierna”, contó
la testigo. El grupo se llevó a Mario en un auto y a su esposa,
Anahí Fernández, en otro vehículo.
“A mí y a mi hermana nos dejaron en la casa de una vecina, y mi
abuela materna, Elba Edith Laera, nos pasó a buscar cuando le
avisaron”, afirmó Ana Laura.
Las abuelas de la testigo tramitaron varios hábeas corpus, todos
con resultado negativo. Elba Laera fue a ver a Monseñor Plaza para
pedir por su hija. La testigo declaró que, según lo que le contó
su abuela, “Monseñor Plaza le hizo una insinuación, una ‘propuesta
indecente’ a cambio de información”.
Ana Laura Mercader señaló que un comandante principal de la
Gendarmería Nacional, Héctor Flores, se puso en contacto con su
abuela materna: “Le dijo que le podía dar información que le
podía servir, pero que si llegaba a decir algo ella, mi hermana y
yo no íbamos a contar el cuento”.
Flores se encontró varias veces con Elba Laera en una confitería,
y en una ocasión le comentó que “mi papá tenía una tarjeta que
decía que lo iban a matar y que mi mamá tenía otra que decía que
iba a salir en libertad”.
También le contó que él transportaba mujeres secuestradas vivas
en un avión, de un centro de detención a otro.
La testigo expresó también que Luis y Claudia Favero, quienes
habían estado secuestrados en la Brigada de Investigaciones, se
pusieron en contacto con la familia después de salir en libertad y
les dijeron que allí habían visto a Mario y Anahí con vida.
También pudieron saber que Mario Mercader estuvo detenido en la
Comisaría 5°, gracias al testimonio de Mario Féliz, y que Anahí
Fernández estuvo en el Pozo de Banfield, donde fue vista por la ex
detenida Adriana Calvo.
Por último, la testigo agregó que en un artículo del diario La
Opinión —del 11 ó 12 de febrero de 1977, según el legajo de la
CONADEP sobre este mismo caso— decía que Mario Mercader había
sido muerto en un enfrentamiento. Según los testimonios de otros ex
detenidos, en ese momento Mario todavía estaba con vida.
“Un sacerdote de Pehuajó”
También declaró hoy en el Juicio por la Verdad Elena Taybo de
Pettiná, madre de Rodolfo Emilio Pettiná, desaparecido desde el 15
de junio de 1977.
Rodolfo fue secuestrado de la Casa de Trenque Lauquen —en la calle
41 entre 10 y 11— junto dos de sus compañeros, Héctor Manazi y
Ricardo Sangla. Los tres jóvenes eran de Trenque Lauquen y se
encontraban en La Plata estudiando Medicina.
A las dos de la mañana del 15 de junio de 1977 un grupo de personas
de civil ingresaron al lugar y preguntaron por los tres muchachos.
Los hicieron vestir, les pusieron capuchas y se los llevaron en tres
Ford Falcon.
La testigo contó que se encontraba en Trenque Lauquen al momento
del secuestro de su hijo: “Al día siguiente, sus compañeros me
avisaron que se lo habían llevado, y apenas llegué a La Plata me
acompañaron a hacer los primeros hábeas corpus”.
Cuando vino al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
para investigar hechos relacionados con la represión ilegal, Elena
Taybo de Pettiná presentó el caso de la desaparición de su hijo.
Un tiempo después, apareció en la Casa de Trenque Lauquen el cura
Cristian Von Wernich. “Se presentó como un sacerdote de Pehuajó,
y preguntó qué gestiones estábamos haciendo por mi hijo”,
afirmó la testigo.
Von Wernich le preguntó a Taybo de Pettiná cuántos hijos tenía,
además de Rodolfo: “Le conviene no hacer más nada, vuélvase a
Trenque Lauquen, porque ellos pueden desaparecer y a usted le puede
pasar algo”, fue la amenaza del cura. También les dijo que no
contaran a nadie que él había estado allí.
La testigo comentó también que en una ocasión una monja, Olga
Porter, organizó una misa por los desaparecidos.
“Cuando llegué, ella me llamó aparte y me dijo que tenía un
mensaje de un matrimonio, de parte de un militar, diciéndome que no
me preocupara, que mi hijo estaba bien”, declaró Taybo de
Pettiná.
También explicó que realizó gestiones por su hijo en el
Regimiento 7 de Infantería: “Nos atendían por una ventanilla y
nos leían listas de detenidos en ese lugar, para ver si Rodolfo
estaba ahí”.