Tres hermanos desaparecidos
en la misma noche
Edgardo, Dardo y Armando Torres fueron secuestrados
en diciembre de 1976 y su familia nunca supo qué pasó con ellos. Además,
declararon otros familiares y un ex detenido.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Norma Torres y Lorenza Retamar, familiares
de tres hermanos secuestrados en diciembre del '76 (Foto: FM)
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LA PLATA.- La madre y la hermana de tres jóvenes
desaparecidos en 1976 relataron hoy ante la Cámara Federal de La Plata la trágica
historia que la familia vive hasta estos días.
Edgardo, Dardo y Armando Torres fueron
secuestrados la misma noche del 8 de diciembre de 1976 y su familia nunca supo más
nada de ellos. Según contaron Lorenza Retama —madre de los jóvenes— y
Norma Torres —su hermana—, Dardo y Armando fueron detenidos ilegalmente en
sus respectivos domicilios. Los represores buscaban a Edgardo, quien horas después
fue secuestrado en su lugar de trabajo, una fábrica de ladrillos en Merlo (Gran
Buenos Aires), junto a su esposa, Cristina Fallesen.
El joven era delegado en esa fábrica y
había conseguido con sus compañeros que se redujera la jornada laboral. Meses
antes, se había salvado de ser secuestrado por advertencia de sus vecinos, que
le dijeron que su casa había sido rodeada por el Ejército.
La madre y la hermana de Edgardo
declararon hoy que no supieron que pasó con él, mientras que su esposa fue
liberada siete días después. “Ella no quiere contar mucho, tiene miedo que
le vuelva a pasar”, dijo Norma Torres. También señaló que su cuñada le
contó que a Edgardo “lo golpearon tanto (durante la tortura) que le hicieron
decir lo que querían que diga”.
"A Dardo lo sacaron de
su casa y le entregaron el anillo de él a su esposa porque no lo
iba a ver nunca más", contó Norma Torres.
Sobre el secuestro de sus otros hermanos,
Torres expresó: “A Dardo lo sacaron de su casa y le entregaron el anillo de
él a su esposa porque no la iba a ver nunca más, y a Armando lo sacaron
de la cama y no reaccionó hasta que le apuntaron al bebé”. Los dos vivían
en Monte Grande, en el Gran Buenos Aires.
Norma Torres añadió que realizaron
muchas gestiones en juzgados, comisarías y dependencias militares, pero que
nunca les dieron un dato de lo que había pasado con sus hermanos.
El Tribunal se enteró hoy que en
realidad eran tres los hermanos Torres que estaban desaparecidos. En la causa sólo
constaba un hábeas corpus por Edgardo, mientras que los otros dos recursos se
perdieron en el limbo de los archivos judiciales.
Allanamiento después de la
desaparición
En tanto, declaró hoy Dolores Corona,
hermana del desaparecido Carlos José, secuestrado en La Plata en los primeros días
de febrero de 1977. Carlos estudiaba Psicología y tenía 24 años.
La familia vivía en Tres Lomas (600 kilómetros
al oeste de La Plata) y se comunicaba con Carlos por carta. “La última fue un
telegrama, nos deseaba un feliz año”, relató Dolores Corona.
La mujer manifestó que como se había
cortado la comunicación, su padre viajó a esta ciudad para saber qué había
pasado. Se enteró que Carlos había desaparecido, que nadie sabía de él y que
ya meses antes se había mudado de su domicilio porque sentía que lo perseguían.
En junio y julio de 1977 la familia hizo
hábeas corpus, con resultado negativo. Un familiar, que era subprefecto, llegó
a conectarse con funcionarios del Ministerio del Interior. Uno de ellos vio a
Carlos Corona en una lista y contestó que había muerto en un enfrentamiento.
Dos años después de la
desaparición de Carlos, la familia sufrió un allanamiento del Ejército
en el taller de su padre.
Insólitamente, en marzo de 1979 la familia
recibió el llamado para que Carlos José hiciera el servicio militar
obligatorio. También ese año, se produjo un extraño suceso que, según dijo
la hermana del desaparecido, “fue muy intimidatorio y le hizo muy mal a mi papá”.
Sucedió que un grupo de hombres del Ejército,
pertenecientes al Regimiento de Pigüé, allanó un taller de rectificación de
frenos que la familia tenía en Tres Lomas. “Cortaron la calle y dijeron que
querían saber si allí no se hacían armas”, contó la testigo.
Ese mismo año la familia fue citada a
la comisaría 9° de La Plata para hablar de la desaparición de Carlos José.
“Le hicieron un interrogatorio a mi mamá, fue el oficial Tumbadino o el
comisario Soto”.
Por el testimonio de una ex detenida de
centros clandestinos, los familiares se enteraron que Carlos habría estado
secuestrado en la Brigada de Investigaciones de La Plata (“La Casita”) junto
al desaparecido José Aleksosky.
Otra versión, que le llegó a Carlos
Valdez —quien también declaró por esta causa y era amigo del
desaparecido—, dice que Corona fue secuestrado en la plaza Moreno de esta
ciudad y que fue llevado a un allanamiento en una casa de la calle 20. Según el
relato que le hizo una mujer a Valdez, el desaparecido fue herido o muerto
durante el allanamiento, ya que desde la vivienda respondieron con disparos y le
habrían dado.
Secuestro y saqueo
Eva Fanjul declaró también por la
desaparición de su hija, María Eugenia Sanllorenti. La joven salió de su casa
de calle 41 entre 121 y 122 el 1 de diciembre de 1976 a hacer compras, y nunca
volvió.
Al enterarse, Fanjul viajó a La Plata y
fue al Regimiento 7 de Infantería y a varias comisarías, preguntando por su
hija. En la seccional 2° hizo una denuncia, y la Policía la llevó a la casa
de María Eugenia. Cuando llegó vio que la vivienda había sido saqueada.
“Necesito saber qué pasó con mi
hija”, pidió la testigo a los jueces. Contó también que un anónimo que le
llegó en 1977 decía que María Eugenia había sido torturada, y que por un
trascendido alguien la vio en un centro clandestino de Arana.
Eva Fanjul se preguntó: “¿Por qué
los monstruos (ex dictadores argentinos) gozan del privilegio del arresto
domiciliario?. ¿Por qué nosotros no tenemos el privilegio de la verdad de lo
que pasó?”.
“Nunca supe porqué me llevaron”
En la jornada de hoy también declaró
Rubén Gustavo Jaquenod, un ex detenido del centro clandestino de detención que
funcionó en los viejos talleres de Radio Provincia, conocido como “La
Cacha”.
Jaquenod fue secuestrado en su casa el
28 de junio de 1977. Antes, lo golpearon y revisaron el domicilio, y después lo
encapucharon y esposaron. De allí fue trasladado a “La Cacha”, donde
permanecería diez días en los que estuvo “sobre un catre metálico, esposado
de una mano y encapuchado”, según sostuvo ante los jueces de la Cámara
Federal.
El testigo dijo que “hoy todavía no
tengo idea de por qué me llevaron”, ya que no tenía militancia política en
ese momento. Y agregó que durante su estancia en el centro clandestino cree que
hubo entre “veinte y cuarenta personas” detenidas.
A los cinco días del secuestro, lo
llevaron a una “casita”, contigua al lugar donde estaba prisionero, para
interrogarlo. Jaquenod estaba encapuchado con una funda de almohada, pero pudo
ver a través de la tela que quien lo interrogaba era una persona baja y
morocha. Éste personaje le exigió que contara toda su vida, desde los años en
que cursaba la secundaria.
Al cabo de un rato apareció “el
amarillo”, un superior al que temían mucho los guardias. “El amarillo”
habló con el interrogador y luego le pidió a Jaquenod que se sacara la capucha
y que cerrara los ojos. Cuando le vio la cara, el superior exclamó fastidiado:
“¿Pero quién trajo a este hombre?”. En la audiencia de hoy, el ex detenido
sostuvo que no sabe cómo lo conocía “el amarillo”.
Tres días después de ese episodio, fue
liberado en un camino de tierra que atraviesa la ruta que une La Plata con la
localidad de Brandsen.
"Hoy todavía no tengo
idea de por qué me llevaron",
dijo el ex detenido Rubén Jaquenod.
Jaquenod aseguró que tiempo después,
mientras esperaba un colectivo en Buenos Aires, en dos oportunidades vio pasar a
dos de los guardias que lo vigilaron en “La Cacha”. Pero, agregó, “habían
pasado muchos años y no me animé a preguntarles nada”.
Por último, remarcó las secuelas que
le dejó su detención ilegal: “Durante mucho tiempo sentía frenadas y
saltaba de la cama”.
Otro sobreviviente de un centro
clandestino de detención, Federico Amuchástegui, declaró por la desaparición
de su hermana Gladys y por su propio secuestro. El ex detenido dijo que sólo
supo por una versión que su hermana, secuestrada el 20 de agosto de 1976, habría
estado detenida en un centro clandestino de Arana.
Sobre su secuestro, el testigo dijo que
ocurrió días después del Golpe de Estado del 24 de marzo. Contó que estuvo
detenido tres meses en el centro clandestino que funcionó en la Guardia de
Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
“Nos dábamos cuenta a quién iban a
torturar porque no le daban de comer”, expresó Federico Amuchástegui. Señaló
al “mayor Pacheco” como el responsable del centro clandestino, y también al
teniente primero Gómez Miguens.
El ex detenido aportó un dato hasta
ahora desconocido: dijo que por comentarios se enteró que en la división
“Automotores” del Regimiento 7 de Infantería, ubicada en la calle 22 entre
48 y 49, había personas que estaban privadas ilegalmente de su libertad.
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