Un custodio de Verón
no vio ni escuchó nada
También fue guardaespaldas de Ramón
Camps. Y desde esa época cuidó la seguridad
de los jefes policiales. "No he visto ni oído nada",
expresó sobre el funcionamiento
de la comisaría 5° durante la dictadura. Además, declararon
otros dos policías y un ex detenido.
Por Lucas Miguel y Vanina Wiman (Secretaría de
Prensa)

Héctor Romero:
"No he visto cosas que
me llamaran la atención" (Foto:
FM) |
LA PLATA.- Uno de los custodios
del ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos, Ramón Verón,
declaró hoy en el Juicio por la Verdad que en la comisaría 5° de
esta ciudad no vio ni escuchó "nada" que le hiciera
pensar que allí funcionara un centro clandestino de detención,
hecho probado hasta por sus propios compañeros en el transcurso del
proceso judicial.
Héctor Darío Romero se
desempeñó en la seccional desde principios de 1976 hasta mediados
del 77, según se desprende de los datos imprecisos que aportó.
Desde ese año, que estaba el general Ramón Camps como jefe de
Policía, es custodio privado de la máxima autoridad policial.
Durante la audiencia, el policía
explicó que la 5° funcionaba normalmente. "No he visto cosas
que a mí me llamaran la atención, no vi cosas raras, fuera de
lo común", repitió varias veces durante su relato ante las
preguntas de los jueces, que lo indagaban sobre el funcionamiento
"irregular" de la dependencia durante el régimen
militar.
Romero trabajó todos esos meses
como radioperador, recibiendo mensajes del resto de las seccionales
y dependencias policiales de La Plata. Sobre este punto señaló que
recibía "mensajes en clave" que pasaba a sus superiores
pero que no entendía.
Por esa época militares o grupos
clandestinos armados pedían a las comisarías de la jurisdicción
donde pensaban actuar "zona liberada". Esto es, que la
policía se abstuviera de participar en los hechos que los tenían a
los "secuestradores" como protagonistas.
—¿No recibió órdenes de zona
libre? —preguntó uno de los jueces.
—La pedían hasta por la radio
—contestó Romero, dando a entender que para estos casos no
hacían falta los mensajes en clave.
El policía también sostuvo que en
la puerta del cuarto donde estaba ubicada la radio había un cartel
con la leyenda "área restringida", que "era sólo
para la radio", explicó. De esta forma, se diferenció de
otros efectivos, que en el transcurso de este juicio aseguraron que
un cartel con esa inscripción les vedaba el paso a la parte trasera
de la secciónal, donde funcionó el campo de concentración.
Romero afirmó que había
detenidos, a los que definió como "borrachos que traíamos de
los bailes", pero en ningún momento reconoció la existencia
de prisioneros "políticos", "subversivos" o
"ilegales" -tal fue la variación de los términos
empleada por el tribunal para asegurarse que el testigo supiera de
qué se estaba hablando- en la dependencia. Además, cuando se le
preguntó si escuchaba quejas desde los calabozos respondió que
"eran gritos de los chicos (detenidos) de los
bailes".
Ya cansado de la negación, que
contrapone la declaración de Romero a la totalidad de los
testimonios de policías ante la Cámara Federal, el juez Alberto
Durán citó los dichos de los policías Jorge Luis Piazza y Alfredo
José Orellana, quienes reconocieron la existencia de detenidos
ilegales. Incluso Piazza, en su carácter de suboficial, había
ordenado a sus subalternos que atendieran a los prisioneros que
pedían ir al baño o reclamaban agua. "Yo le digo mi verdad,
lo que viví", insistió el policía. Y remató: "Yo no he
visto nada ni oído nada".
El Sastre
Por otra parte, en la causa de la
comisaría 5º declaró el ex policía Luis Rivadeneira, que prestó
servicios en el destacamento desde el año '71 como personal de
seguridad "pero después necesitaban un sastre y, como yo era,
de ahí en adelante trabajé sólo en eso" hasta 1984, año en
que fue trasladado a la Unidad Regional de La Plata.
El testigo dijo que su trabajo era
"atender a todo el personal para arreglo de uniformes: no
trabajaba mucho en la comisaría sino en mi taller, pero estaba a
disposición todo el tiempo".
Cuando se le preguntó por el fondo
de la comisaría y los calabozos -lugar en donde funcionó el centro
clandestino-, Rivadeneira afirmó que nunca había entrado
"porque había un papel pegado en el pasillo que decía que era
un 'área restringida' y además se decía entre los compañeros que
no había que pasar".
El testigo sí recordó haber visto
parte del patio desde alguna de las oficinas en donde a veces
realizaba algún trabajo, pero dijo que no notó "nada
raro": "Se veía gente de civil, con barba, que yo no
conocía, pero no le prestaba atención. Yo llegaba, probaba y me
iba, no tenía tiempo de mirar nada".
Rivadeneira fue interrogado
también acerca del procedimiento ilegal que se realizó en la casa
de la familia Mariani el 24 de noviembre de 1976 y del que
participó personal de la comisaría 5º. "Yo vivía a un par
de cuadras y recuerdo que hubo un movimiento terrible del Ejército,
de la Policía. Los vi pasar por enfrente de mi casa, cortaron las
calles y había helicópteros", relató.
En ese procedimiento desapareció
la bebé Clara Anahí Mariani. El ex policía aseguró que lo único
que supo de eso fue "por comentarios de barrio: algunos decían
que la bebé había fallecido, otros que se la habían
llevado". Además, Riavadeneira dijo que el comisario Osvaldo
Sertorio "debe haber participado
del procedimiento porque era el jefe de la comisaría".
Al ser consultado sobre los apodos
de sus compañeros de trabajo, Rivadeneira identificó a Ceferino
Gauna como "El Correntino", pero no pudo ubicar a ningún
otro "porque yo no tenía la confianza suficiente como para
tratarlos con sobrenombres". Gauna ya fue identificado con este
apodo en otros testimonios, y varios ex detenidos ilegales recuerdan
que "El Correntino" era un
guardia que tenía constante contacto con ellos.
Finalmente, Rivadeneira afirmó que
nunca vio en el destacamento a personal del Ejército o de la
Marina, sacerdotes u oficiales de alta jerarquía de la Policía.
Asimismo, tampoco recuerda haber visto vehículos que no fueran
patrulleros. Constantemente, se excusó diciendo que él no pasaba
mucho tiempo en la seccional y que "me desentendía de todo, no
quería tener problemas".
Por otro lado, declaró el policía
Evangelista Ricardo Arias, quien trabajó en la 5° desde agosto de
1975 a mayo o junio de 1976, razón por la cual no vivió los
cambios de la dependencia cuando se instaló el centro clandestino
de detención, según afirmó.
Se estima que la seccional comenzó
a funcionar de forma "irregular" a partir de mediados de
1976. De la declaración de Arias se desprende que, cuando dejó la
5°, aún no se alojaban allí detenidos ilegales.
Ex detenido
En la jornada de audiencias de hoy
también declaró el ex detenido Hugo César Skarbún, quien estuvo
secuestrado durante 26 horas y sufrió la tortura de la
picana.
La noche del 3 de septiembre de
1976, cuando llegaba a su casa, Skarbún fue interceptado por un
grupo de hombres armados que lo introdujo en su vivienda y lo retuvo
durante dos horas y media, atado junto a "Cacho Bartles"
-un amigo que lo estaba esperando en su casa- con una cortina.
Los represores que, según relató
el testigo parecían pertenecer al Ejército, buscaban a su hermana,
pero no se la llevaron porque ella en ese momento no se encontraba
en su casa. Sí secuestraron a su novio, Mario -Skarbún ignoraba el
apellido-, que había ido a visitarla cuando se estaba produciendo
el secuestro.
El ex detenido relató que fue
llevado junto a los otros dos hombres a un centro clandestino
ubicado en Arana. Ni bien llegó, lo sentaron en una banqueta:
"Escuché los gritos de una mujer que pedía un médico",
afirmó, al tiempo que señaló que uno de los secuestradores
gritó: "Parió la yegua", en referencia a una mujer
embarazada que estaba ilegalmente detenida y en ese momento daba a
luz.
A este episodio, siguió la tortura
con picana para Skarbún. "Me preguntaron por mi hermana, el
instrumental (que habían robado de su casa, porque es ingeniero en
telecomunicaciones) y por mi condición de judío y las
instituciones que frecuentaba", recordó.
La madrugada siguiente fue
introducido junto a Mario y "Cacho Bartles" en un auto,
que lo dejó en un camino de tierra, próximo a las calles 28 y 57
de esta capital. "Así terminó mi odisea",
concluyó.
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