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Miércoles 21 de junio de 2000 (B)

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Un custodio de Verón  
no vio ni escuchó nada  
También fue guardaespaldas de Ramón Camps. Y desde esa época cuidó la seguridad de los jefes policiales. "No he visto ni oído nada", expresó sobre el funcionamiento de la comisaría 5° durante la dictadura. Además, declararon otros dos policías y un ex detenido.  

Por Lucas Miguel y Vanina Wiman (Secretaría de Prensa) 


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Héctor Romero: "No he visto cosas  que me llamaran la atención" (Foto: FM)
LA PLATA.-  Uno de los custodios del ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos, Ramón Verón, declaró hoy en el Juicio por la Verdad que en la comisaría 5° de esta ciudad  no vio ni escuchó "nada" que le hiciera pensar que allí funcionara un centro clandestino de detención, hecho probado hasta por sus propios compañeros en el transcurso del proceso judicial. 

Héctor Darío Romero se desempeñó en la seccional desde principios de 1976 hasta mediados del 77, según se desprende de los datos imprecisos que aportó. Desde ese año, que estaba el general Ramón Camps como jefe de Policía, es custodio privado de la máxima autoridad policial.

Durante la audiencia, el policía explicó que la 5° funcionaba normalmente. "No he visto cosas que a mí me llamaran la atención, no vi cosas raras, fuera de lo común", repitió varias veces durante su relato ante las preguntas de los jueces, que lo indagaban sobre el funcionamiento "irregular" de la dependencia durante el régimen militar. 

Romero trabajó todos esos meses como radioperador, recibiendo mensajes del resto de las seccionales y dependencias policiales de La Plata. Sobre este punto señaló que recibía "mensajes en clave" que pasaba a sus superiores pero que no entendía. 

Por esa época militares o grupos clandestinos armados pedían a las comisarías de la jurisdicción donde pensaban actuar "zona liberada". Esto es, que la policía se abstuviera de participar en los hechos que los tenían a los "secuestradores"  como protagonistas. 

—¿No recibió órdenes de zona libre? —preguntó uno de los jueces. 

—La pedían hasta por la radio —contestó Romero, dando a entender que para estos casos no hacían falta los mensajes en clave. 

El policía también sostuvo que en la puerta del cuarto donde estaba ubicada la radio había un cartel con la leyenda "área restringida", que "era sólo para la radio", explicó. De esta forma, se diferenció de otros efectivos, que en el transcurso de este juicio aseguraron que un cartel con esa inscripción les vedaba el paso a la parte trasera de la secciónal, donde funcionó el campo de concentración. 

Romero afirmó que había detenidos, a los que definió como "borrachos que traíamos de los bailes", pero en ningún momento reconoció la existencia de prisioneros "políticos", "subversivos" o "ilegales" -tal fue la variación de los términos empleada por el tribunal para asegurarse que el testigo supiera de qué se estaba hablando- en la dependencia. Además, cuando se le preguntó si escuchaba quejas desde los calabozos respondió que "eran gritos de los chicos (detenidos) de los bailes". 

Ya cansado de la negación, que contrapone la declaración de Romero a la totalidad de los testimonios de policías ante la Cámara Federal, el juez Alberto Durán citó los dichos de los policías Jorge Luis Piazza y Alfredo José Orellana, quienes reconocieron la existencia de detenidos ilegales. Incluso Piazza, en su carácter de suboficial, había ordenado a sus subalternos que atendieran a los prisioneros que pedían ir al baño o reclamaban agua. "Yo le digo mi verdad, lo que viví", insistió el policía. Y remató: "Yo no he visto nada ni oído nada". 

El Sastre 

Por otra parte, en la causa de la comisaría 5º declaró el ex policía Luis Rivadeneira, que prestó servicios en el destacamento desde el año '71 como personal de seguridad "pero después necesitaban un sastre y, como yo era, de ahí en adelante trabajé sólo en eso" hasta 1984, año en que fue trasladado a la Unidad Regional de La Plata. 

El testigo dijo que su trabajo era "atender a todo el personal para arreglo de uniformes: no trabajaba mucho en la comisaría sino en mi taller, pero estaba a disposición todo el tiempo". 

Cuando se le preguntó por el fondo de la comisaría y los calabozos -lugar en donde funcionó el centro clandestino-, Rivadeneira afirmó que nunca había entrado "porque había un papel pegado en el pasillo que decía que era un 'área restringida' y además se decía entre los compañeros que no había que pasar". 

El testigo sí recordó haber visto parte del patio desde alguna de las oficinas en donde a veces realizaba algún trabajo, pero dijo que no notó "nada raro": "Se veía gente de civil, con barba, que yo no conocía, pero no le prestaba atención. Yo llegaba, probaba y me iba, no tenía tiempo de mirar nada". 

Rivadeneira fue interrogado también acerca del procedimiento ilegal que se realizó en la casa de la familia Mariani el 24 de noviembre de 1976 y del que participó personal de la comisaría 5º. "Yo vivía a un par de cuadras y recuerdo que hubo un movimiento terrible del Ejército, de la Policía. Los vi pasar por enfrente de mi casa, cortaron las calles y había helicópteros", relató. 

En ese procedimiento desapareció la bebé Clara Anahí Mariani. El ex policía aseguró que lo único que supo de eso fue "por comentarios de barrio: algunos decían que la bebé había fallecido, otros que se la habían llevado". Además, Riavadeneira dijo que el comisario Osvaldo Sertorio "debe haber participado 
del procedimiento porque era el jefe de la comisaría". 

Al ser consultado sobre los apodos de sus compañeros de trabajo, Rivadeneira identificó a Ceferino Gauna como "El Correntino", pero no pudo ubicar a ningún otro "porque yo no tenía la confianza suficiente como para tratarlos con sobrenombres". Gauna ya fue identificado con este apodo en otros testimonios, y varios ex detenidos ilegales recuerdan que "El Correntino" era un 
guardia que tenía constante contacto con ellos. 

Finalmente, Rivadeneira afirmó que nunca vio en el destacamento a personal del Ejército o de la Marina, sacerdotes u oficiales de alta jerarquía de la Policía. Asimismo, tampoco recuerda haber visto vehículos que no fueran patrulleros. Constantemente, se excusó diciendo que él no pasaba mucho tiempo en la seccional y que "me desentendía de todo, no quería tener problemas". 

Por otro lado, declaró el policía Evangelista Ricardo Arias, quien trabajó en la 5° desde agosto de 1975 a mayo o junio de 1976, razón por la cual no vivió los cambios de la dependencia cuando se instaló el centro clandestino de detención, según afirmó. 

Se estima que la seccional comenzó a funcionar de forma "irregular" a partir de mediados de 1976. De la declaración de Arias se desprende que, cuando dejó la 5°, aún no se alojaban allí detenidos ilegales. 

Ex detenido 

En la jornada de audiencias de hoy también declaró el ex detenido Hugo César Skarbún, quien estuvo secuestrado durante 26 horas y sufrió la tortura de la picana. 

La noche del 3 de septiembre de 1976, cuando llegaba a su casa, Skarbún fue interceptado por un grupo de hombres armados que lo introdujo en su vivienda y lo retuvo durante dos horas y media, atado junto a "Cacho Bartles" -un amigo que lo estaba esperando en su casa- con una cortina. 

Los represores que, según relató el testigo parecían pertenecer al Ejército, buscaban a su hermana, pero no se la llevaron porque ella en ese momento no se encontraba en su casa. Sí secuestraron a su novio, Mario -Skarbún ignoraba el apellido-, que había ido a visitarla cuando se estaba produciendo el secuestro. 

El ex detenido relató que fue llevado junto a los otros dos hombres a un centro clandestino ubicado en Arana. Ni bien llegó, lo sentaron en una banqueta: "Escuché los gritos de una mujer que pedía un médico", afirmó, al tiempo que señaló que uno de los secuestradores gritó: "Parió la yegua", en referencia a una mujer embarazada que estaba ilegalmente detenida y en ese momento daba a luz. 

A este episodio, siguió la tortura con picana para Skarbún. "Me preguntaron por mi hermana, el instrumental (que habían robado de su casa, porque es ingeniero en telecomunicaciones) y por mi condición de judío y las instituciones que frecuentaba", recordó. 

La madrugada siguiente fue introducido junto a Mario y "Cacho Bartles" en un auto, que lo dejó en un camino de tierra, próximo a las calles 28 y 57 de esta capital. "Así terminó mi odisea", concluyó. 


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