Más policías hablan de un
"área restringida" en la
comisaría 5°
Dijeron que allí la Policía no podía pasar. Y
negaron haber visto detenidos ilegales, aunque admitieron que se los alojaba en
esa dependencia. En tanto, también declaró un ex detenido de centros
clandestinos.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Mario Jaime admitió que el destacamento de
Arana dependía de la comisaría 5ª. Él estuvo en los dos lugares. (Foto: FM) |
LA PLATA (15 MAR).- Dos ex policías afirmaron
esta tarde que en la comisaría 5° de La Plata, en la que trabajaron cuando allí
funcionaba un centro clandestino de detención durante la última dictadura, había
un "área restringida" que controlaba el Ejército, y a la que ellos
no tenían acceso.
Enrique D'Ambrosio y Mario Jaime se mostraron
algo más memoriosos que su ex colega Manuel Alvarez —quien llegó a
"olvidar" que en la comisaría existía un patio (ver informe
anterior)— y coincidieron en señalar que la policía no tenía contactos
con los detenidos ilegales que pasaron por allí.
"Usted estuvo en la peor época de la
comisaría 5°", le dijo el juez Julio Reboredo a D'Ambrosio, quien negaba
haber visto el traslado de detenidos pero decía que "se decía" que
se alojaban en el "área restringida". "No lo tengo
presente", respondió una y otra vez el ex policía.
D'Ambrosio afirmó que "a mí me
comentaban" sobre la presencia de esas personas y "esa era la razón
por la que no se podía ir" más allá de los carteles que indicaban que
estaba prohibido pasar.
El ex policía afirmó que por "la
situación particular" de la comisaría 5°, los policías no tenían mucho
trabajo administrativo. "Podíamos dormir en el sillón del
comisario", ejemplificó D'Ambrosio. Respondió de manera afirmativa cuando
un juez le preguntó si la gente era reticente a entrar para hacer alguna
denuncia y señaló que "no había detenidos comunes" en la
dependencia.
La admisión de que haya estado en el despacho
del comisario sin trabajar le costó al ex policía que un juez le preguntara cómo
era posible que no haya visto ni escuchado el traslado de detenidos, siendo que
éstos entraban por un portón que estaba pegado a la oficina del titular de la
comisaría. "No lo tengo presente", volvió a decir D'Ambrosio.
Tampoco pudo explicar el ingreso de comida
para los detenidos ni quiénes se la entregaban. Ni dio precisiones sobre cómo
no veía nada si trabajó en despachos que tenían ventanas que daban al patio
de la comisaría.
Por su parte, Mario Jaime, admitió haber
visto que "camiones del Ejército" ingresaban a la comisaría con
detenidos ilegales, pero aclaró que él no vio a ninguna persona.
Jaime trabajó más tiempo que D'Ambrosio en
la comisaría 5°: desde 1975 hasta los primeros días de enero de 1977. Por
tanto, pudo ver las "modificaciones" que se le hicieron a la
dependencia cuando se creó el "área restringida".
"Se impartió la orden de que no se podía
pasar y se pusieron papeles para tapar las ventanas" que daban al patio,
explicó Jaime, quien todavía es activo en la Policía provincial con el cargo
de comisario.
El efectivo aportó datos desconocidos al
identificar a dos guardias que sí tenían contacto con los detenidos ilegales,
según sobrevivientes. "El tío" era un sargento de apellido Larraude,
y "el correntino" podría ser Hilario Segovia.
No obstante, Jaime negó haber escuchado
gritos de tortura, ni haber visto mujeres detenidas, sacerdotes o médicos de
Policía, todas situaciones comentadas por ex detenidos de la 5°.
Además, afirmó que si llegaban detenidos
"comunes" a la comisaría eran derivados a otras seccionales. Y
contradijo al ex policía D'Ambrosio al decir que "la actividad (burocrática)
era la misma" después de que comenzara a funcionar allí un centro
clandestino.
También confirmó que el destacamento de
Arana -donde funcionó otro centro clandestino- dependía de la comisaría 5°
por esa época, aunque señaló que más tarde fue puesto bajo la órbita de la
Brigada de Investigaciones.
Mario Jaime aparece en el libro "Memoria
Debida", del ex capitán D'Andrea Mohr, como un represor visto en un centro
clandestino de Arana. Cuando las preguntas de un abogado de APDH La Plata
comenzaron a orientarse hacia esa situación -Jaime llegó a admitir que estuvo
en Arana en un operativo- el presidente del Tribunal, Alberto Durán, cortó la
requisitoria, aduciendo que el policía estaba declarando en calidad de
"testigo", y no de "imputado".
Otro policía que también trabajó en la
comisaría 5° y que declaró hoy fue el subcomisario Francisco Carlos Jasa,
quien durante la última dictadura también se desempeñó en otras seccionales
de esta ciudad.
Según el informe que elevó el Ministerio de
Justicia y Seguridad al Tribunal, Jasa prestó servicios en la comisaría 5°
entre el 30 de enero de 1976 y el 5 de mayo de 1977.
Durante la audiencia, el policía dijo que la
información era errónea y que en la 5° trabajó desde mediados de 1975 hasta
mayo del ´76. Es decir que permaneció allí los primeros dos meses de la
dictadura.
Con el cargo de oficial ayudante, no tenía
vedado ningún lugar de la comisaría, según declaró. Jasa también sostuvo
que en ese período "nunca fue alojado ningún preso político o
subversivo" y negó la injerencia del Ejército en el funcionamiento de la
dependencia.
Con una pregunta, el abogado Claudio Ábalos
de la APDH La Plata dio pie a un nuevo interrogatorio. El letrado pidió a Jasa
que enumerara los destinos posteriores a la 5°. Entre las dependencias que
nombró el policía se destacaron la comisaría 8° de La Plata -por donde
pasaron varios detenidos ilegales- y la Brigada de Investigaciones de Quilmes, más
conocida como el centro clandestino "Pozo de Quilmes".
En la 8°, Jasa estuvo varios meses de 1978.
"No hubo detenidos ilegales; sí a disposición del Poder Ejecutivo
Nacional (PEN) y el Área Operacional 113", afirmó el policía. Asimismo
dijo que las condiciones de estos eran "normales, con visitas de sus
familiares" y destacó que nunca vio prisioneros encapuchados ni atados.
"¿Recuerda a algún detenido político?",
preguntó Ábalos. "Sí, a un tal Torrilla; a un padre y una hija de
apellido Rolli; al contador Pedro Vaquer y a una chica de Mar del Plata, Pérez
Catán; también a un
muchacho rubio, que no recuerdo el nombre", expresó Jasa,
al tiempo que agregó que los conocía porque "charlaba con ellos por la
mirilla (de la puerta) o entraba en la celda".
Asimismo declaró que "había muchos más
detenidos" con los que él no tuvo contacto.
El registro de presos de la comisaría se hacía
del siguiente modo: "Lo traía personal del Ejército o policía y nos daba
la orden de registrarlo en el libro de detenidos. El PEN otorgaba un número a
cada uno de los que estaba a su disposición", explicó el subcomisario,
que fue declarado prescindible hace dos años.
Además, manifestó que "por los medios
de comunicación" se enteró que en La Plata se torturaba. Jasa fue
el último de los testigos de una larga jornada que se extendió hasta pasadas
las 20 horas. El policía se fue sin dar explicaciones sobre su labor en la
Brigada de Quilmes, donde ingresó en 1979.
Ex detenido
En otro orden, también prestó declaración
testimonial ante los jueces de la Cámara Federal un sobreviviente de varios
centros clandestinos durante la última dictadura.
Néstor Busso contó que sufrió dos
detenciones ilegales. La primera, el 12 de agosto de 1976, ocurrió en una
imprenta católica que manejaba con unos amigos, y fue ejecutada por militares
del Regimiento 7 de Infantería en un ampuloso operativo. Busso fue llevado al
centro clandestino que funcionó en la comisaría 8° de La Plata, donde al
tiempo de estar alojado pudo recibir visitas de familiares. Al ser liberado
recibió un "certificado" expedido por el propio Regimiento 7, en el
que constaba una "detención por averiguación de antecedentes".
El 1° de septiembre quedó en libertad pero
esa misma noche fue nuevamente secuestrado -esta vez por personas de civil- en
la casa de sus padres. Este secuestro se prolongó hasta el 20 de octubre.
Busso pasó entonces por un centro
clandestino de Arana, donde fue interrogado con amenazas de ser torturado con la
picana. Allí apareció un personaje que decía ser sacerdote y que venía a
hablar con los
detenidos ilegales, que estaban vendados.
El testigo contó que le preguntó al
sacerdote si lo conocía, ya que él era una persona conocida en la comunidad
católica de La Plata. El supuesto cura dudó y dijo que recién salía del
seminario.
Néstor Busso afirmó que este sacerdote podría
ser Cristian Von Wernick, una persona sindicada como cómplice de la represión
ilegal y partícipe en casos de apropiación de menores. Dijo que cuando Von
Wernick comenzó a aparecer en los medios después de la dictadura, su voz le
sonó familiar. El sacerdote fue nombrado por varios ex detenidos en las últimas
audiencias -estuvo en la comisaría 5° de La Plata discutiendo con un
desaparecido la apropiación de su hija- y la Cámara está estudiando su
eventual citación.
Días después Busso fue llevado a la Brigada
de Investigaciones de Quilmes ("Pozo de Quilmes") en donde permaneció
varios días casi sin comer. "Soñaba con la comida", declaró.
Un día el ex detenido fue
"emprolijado" físicamente y obligado a firmar un papel sin verlo.
"Era como un acta policial que decía que yo era tercermundista que ayudaba
a la subversión", afirmó el testigo.
Después de este hecho, fue llevado a la
Brigada de Investigaciones de La Plata y posteriormente liberado en el centro de
esta ciudad. Al otro día se exilió con su familia en Brasil durante siete años.
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