Después de varios meses,
declaró un policía
Trabajó en la comisaría 5° en 1977. Allí
funcionó un centro clandestino en la parte trasera de la seccional. Dijo que
sabía de la existencia de detenidos ilegales pero que nunca los vio. Así,
contradijo a otros oficiales.
Por Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Alvarez llegó a dedir que no conocía el
patio de la comisaría (Foto: FM) |
LA PLATA.- Luego de meses sin la presencia de un
integrante de las Fuerzas de Seguridad en el estrado, las audiencias del Juicio
por la Verdad tomaron hoy otro color con el testimonio de un policía que cumplió
funciones en la comisaría 5° de esta ciudad, donde funcionó un centro
clandestino de detención durante la última dictadura militar.
Manuel Álvarez, subcomisario retirado con 22
años de servicio, se desempeñó en esa dependencia durante 1977 y declaró
ante la Cámara Federal, con dudas y trabas que se sucedieron a lo largo de todo
su relato.
Según el informe presentado por el Ministerio
de Justicia y Seguridad bonaerense, Álvarez trabajó en esa dependencia desde
el 15 de abril de 1977 hasta el 1° de febrero de 1978. El ex policía, que se
mostró dubitativo, manifestó que creía haber trabajado sólo durante 1977,
entre principios y fines de ese año.
Durante su declaración, Álvarez hizo lo
posible por mostrarse preocupado por querer recordar y afligido por no poder
hacerlo. Dijo que en ese momento era oficial ayudante y que trabajó "en la
guardia, en la parte de expedientes".
Ya en los comienzos del relato, el juez
Antonio Pacilio debió advertirle de la importancia del juramento que había
prestado porque el ex policía negaba recordar, por ejemplo, quién era el
encargado del libro de detenidos de la seccional. Igualmente, Álvarez apenas
nombró al comisario Sertorio y a otros dos compañeros.
"¿Conoció la existencia de detenidos
ilegales dentro de la comisaría?", preguntó Pacilio. "Me, me, me
puede preguntar nuevamente", sonó temblorosa la voz de Álvarez. Y luego
agregó: "Sé que había gente que no estaba registrada". Pero en ningún
momento admitió haber visto detenidos de ese tipo.
En el transcurso del Juicio por la Verdad
decenas de sobrevivientes del centro clandestino que funcionó en la parte
trasera de la comisaría relataron las condiciones inhumanas a las que fueron
sometidos, y su relato se vio reforzado por algunos policías que reconocieron
la existencia de "detenidos vendados". Por eso, el Tribunal pidió más
precisiones a Álvarez, que por su condición de oficial debió haber conocido
los movimientos dentro de la seccional.
"No sé dónde estaban, ni en qué
condiciones. Yo no tenía acceso", afirmó, al tiempo que negó
conocer los calabozos y el inmenso patio con dos portones que ocupa el fondo de
la dependencia, y que puede observarse a través de las ventanas de las
distintas oficinas. Además, el ex policía dijo que no podía conocer esos
lugares porque "era una normativa general" no acceder a ellos.
La negativa de conocer el patio se reiteró
durante toda la audiencia. Álvarez dijo primero: "Nunca lo pisé";
siguió con: "Nunca fui a un patio"; y, un rato más tarde, ante la
repetida pregunta sobre su existencia, musitó: "No sé, estoy un poco
nervioso".
El patio tiene singular importancia porque era
el nexo entre la comisaría y las dependencias clandestinas. Además, allí
arribaban los detenidos ilegales en los distintos móviles de las Fuerzas de
Seguridad y, en ese mismo lugar, los represores estaqueaban al sol a los
prisioneros, según relató la ex detenida Adriana Calvo a principios de este año.
Muy molesto, el juez Leopoldo Schiffrin le leyó
a Álvarez la declaración de otros policías que afirmaron que el patio era
notablemente visible. Para sorpresa de la sala, el ex policía se excusó de no
haberlo visto porque las persianas de las ventanas estaban siempre bajas.
Álvarez afirmó que el Ejército "tenía
un poder" sobre la comisaría y que "disponía de todo el
territorio" de la dependencia. Con esto justificó su desvinculación del
centro clandestino. También dijo que "vi gente del Ejército entrar por la
guardia" y por el portón que da a la calle 24, donde además ingresaban
"autos comunes y sin patente".
"Como si fuera el peor
subversivo"
En la jornada de audiencias de hoy también
declaró Elsa Beatriz Caride, esposa del desaparecido Jacinto Domingo Pérez,
quien relató los episodios increíbles que sucedieron durante su búsqueda.
Pérez fue secuestrado en su casa de Valentín
Alsina (Gran Buenos Aires) en la noche del 22 de agosto de 1977 por personal que
no se identificó, según se desprende del relato que hizo hoy su mujer.
"Se llevaron a mi marido y todo lo de valor", dijo Elsa Caride.
"La manzana estaba rodeada. Más o menos
como si fuera el peor subversivo del país", agregó sobre el operativo de
secuestro de su marido. La mujer añadió que, desde las terrazas de los
vecinos, los represores dispararon hacia su casa y que una bala la rozó y
la hirió.
Después del secuestro, Caride hizo habeas
corpus -todos con resultado negativo- y gestiones ante el Ministerio del
Interior que no arrojaron una respuesta favorable.
La mujer también contó que un ex detenido se
presentó ante su madre y le dijo que Jacinto estaba bien, pero no supo decirle
en qué lugar había estado prisionero.
Al poco tiempo, un conocido se presentó ante
Elsa Caride y le dijo que había visto a su esposo, con un brazo vendado,
barriendo en las caballerizas que la policía bonaerense tenía en un lugar
denominado "Puente 12". Caride fue hasta allí y un oficial le negó
la existencia de detenidos en el lugar.
Más tarde, la esposa del desaparecido pudo
enterarse que en el secuestro de Jacinto participó "un medio pariente de
su cuñado". Hoy prometió a los jueces aportar todos sus datos con
brevedad.
Como tantos otros familiares de desaparecidos,
Caride visitó al cura Emilio Teodoro Graselli, secretario del vicario castrense
Mario Tortolo, quien le prometió en forma reiterada averiguar por su marido.
Con la suma de casos como este, Graselli confeccionó un fichero de 2500 piezas
que la Cámara secuestró el año pasado.
La historia que contó la mujer tuvo su hecho
más increíble cuando el marido de una amiga de su cuñada, que cumplía
funciones militares en Bahía Blanca, le dijo a su mujer que había visto a
Jacinto en un centro clandestino de esa zona. "Le contó todas las
atrocidades que vio. Le dijo que estaba bien pero que le habían amputado un
brazo", relató Caride. Y agregó: "Cuando su mujer salió (de
inmediato) a contarnos, el militar se pegó un tiro".
Una de las últimas versiones que llegó a oídos
de la mujer -similar a la que oyeron cientos de familiares de desaparecidos- fue
la que su marido se había vuelto demente y estaba internado. "No lo busqué
en los psiquiátricos porque tenía miedo", concluyó.
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