Una senadora cree haber estado
en un “vuelo de la muerte”
Dijo que estuvo en un avión Hércules, en un viaje
que duró ocho horas. Aunque nunca supo si esa vez se arrojó a prisioneros al río.
Hoy lo dijo en público por primera vez.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel (Secretaría
de Prensa)
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La
senadora provincial Sara Dorotier, durante
su testimonio (Foto: FM)
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LA PLATA.- La senadora provincial Sara
Dorotier reveló hoy ante la Cámara Federal que habría estado en uno
de los denominados “vuelos de la muerte”, mientras estuvo
ilegalmente detenida durante la última dictadura.
Dorotier señaló que en octubre de
1976 viajó desde un centro clandestino en Santa Fe a la base aérea de
El Palomar (Gran Buenos Aires), en un avión Hércules que tardó nada
menos que ocho horas en llegar a destino. La senadora atribuyó esa
demora a que se trataría de uno de los vuelos en los que la dictadura
se deshacía de los prisioneros arrojándolos dopados al Río de la
Plata.
“No puedo precisar cuántos éramos
ni cuántos llegamos. De lo único que estoy segura es que el vuelo fue
largo y que no paramos en ningún lado”, relató la senadora, quien aclaró
que no supo si en realidad durante ese vuelo se tiró a alguna persona al vacío.
Sara Dorotier sostuvo que la de hoy fue la
primera declaración pública que hizo por este tema. Sobre el vuelo afirmó que
se escuchaban “lamentos, quejidos de dolor”, lo que da cuenta que el resto
de los pasajeros también provenían de centros clandestinos.
“Era anormal que demorara tanto el avión”,
dijo Dorotier al explicar cómo un viaje de 45 minutos había durado 8 horas.
“Alguien dijo que era un Hércules, no tenía asientos, sólo tarimas”,
describió.
Dorotier fue llamada a prestar declaración por
la desaparición de su hijo Enrique Ramón Cobacho y en su declaración señaló
que en 1978 también desapareció su hijo Oscar.
Durante su testimonio afirmó que Enrique pudo
haber estado en el centro clandestino “El Olimpo”, según le contó el ex
detenido Mario Villani. La mujer entregó al Tribunal una carpeta con un listado
de represores de ese lugar, y pidió entre llantos a los jueces que cite a
alguno de ellos.
“Sé que el gendarme Torres estuvo
custodiando a mi hijo 12 horas y sé que hoy trabaja en Salta”, señaló
Dorotier. También nombró a un médico de nombre Jorge Vázquez, apodado “El
Caballo Loco”, que atendía a las personas torturadas en “El Olimpo”.
Sobre su propia detención ilegal, la senadora
provincial contó que comenzó un día después del Golpe de Estado, el 25 de
marzo de 1976, durante un velorio de uno de sus yernos. La mujer pasó durante
una semana por dos centros clandestinos de Santa Fé, luego estuvo un mes en una
cárcel de contraventores y más tarde fue llevada a la Brigada de
Investigaciones de la capital de esa provincia.
El 14 de octubre de 1976 fue trasladada en el
avión Hércules a la base de El Palomar, para terminar en la Cárcel de Devoto,
donde fue “legalizada” y posteriormente liberada en febrero de 1977.
Profesor cesanteado
Por otra parte, también testimonió hoy José
Panettieri, un docente universitario que estuvo detenido durante ocho días en
la Brigada de Infantería de Marina Nº 3 (BIM 3). El testigo fue citado en el
marco de la causa por la desaparición de Irma Zucchi, una profesora de
secundario que fue secuestrada junto con él en la madrugada del 17 de noviembre
de 1976.
Panettieri, que en ese momento era profesor de
Historia en las facultades de Humanidades, Ciencias Económicas y Periodismo,
contó que dos días antes de ser detenido ilegalmente fue removido de sus
cargos en la Universidad Nacional de La Plata, entonces intervenida por
Guillermo Gallo, quien desempeñó el cargo de rector de la institución desde
1976 hasta 1983. “La resolución decía que yo quedaba cesante por ‘factores
de alto potencial de perturbación’ ”, reseñó el testigo.
Galló declaró en la Cámara el año pasado y
admitió haber mantenido “fluidas relaciones” con el jefe de la Policía
provincial durante la dictadura, Ramón Camps.
Durante su testimonio, Panettieri describió
las circunstancias de su secuestro. En la madrugada del 17 de noviembre llegó a
su casa un “numeroso grupo de personas con armas, medio disfrazados y que
dijeron que eran de la Policía”. Enseguida lo encapucharon y lo colocaron
dentro del baúl de un vehículo.
“Creo que yo fui el primero que pasaron a
buscar, pero el auto paró en dos o tres lugares más”, dijo Panettieri. Entre
las personas que fueron secuestradas en el mismo procedimiento estarían Irma
Zucchi y Osvaldo Pachamé. “Creo que él vino conmigo en el baúl”, afirmó
el testigo en referencia a éste último, “y más adelante me enteré por
casualidad que también fue liberado”. La Cámara había citado a declarar en
las audiencias de hoy a una persona de nombre Osvaldo Pachamé, pero resultó no
ser el compañero de cautiverio de Panettieri.
El testigo fue consultado sobre posibles
contactos con Irma Zucchi en el centro clandestino de detención. “En un
momento escuché una voz que me resultaba muy familiar, y me pareció que era la
de Irma” declaró. Agregó también que había conocido a Zucchi en una
conferencia en la Universidad y que, aunque no tuvo mucha relación con ella,
recordaba que “hablaba mucho, tenía una voz muy particular, medio afónica”.
Panettieri agregó que escuchó que varias
personas nombraban a Zucchi en el centro de detención. “Una vez lo escuché a
Pachamé que le decía ‘callate, Irma, callate’, y también escuché a uno
de los secuestradores que le decía ‘comé, flaca, comé que te vas a
morir’, eso me quedó grabado”, recordó el testigo.
El ex detenido también fue consultado por las
características de su secuestro en el BIM 3. “Estábamos en el piso, con
venda y encapuchados, atados y mal alimentados: yo bajé 5 kilos en una
semana”, contó el testigo, y agregó que además sufrió torturas con picana
eléctrica. “Entre los represores se llamaban todos ‘Carlitos’, y cuando
me torturaban no me interrogaban, era mas bien una demostración de lo que me
podía pasar”, declaró.
En otro orden, Alfredo Bouvier testimonió
sobre la desaparición de su hermano Oscar, el 27 de septiembre de 1976. Según
el legajo de CONADEP, este joven fue secuestrado en las inmediaciones del frigorífico
Swift, en Berisso.
El testigo dijo que viviendo en Rosario se
enteró del secuestro de Oscar, y que fue su padre quien se encargó de
averiguar qué había pasado.
No obstante, contó que en 1984 una persona
llegó a su domicilio en Mar del Plata y le dijo: “Su hermano está enfermo,
en un hospital naval de La Plata, y no saben qué hacer con él”.
Bouvier afirmó que entonces comenzó a hacer
contactos con abogados de esta ciudad y que presentó hábeas corpus. Incluso le
pidió al juez federal Manuel Blanco que concurra al Hospital Naval a constatar
la presencia de su hermano Oscar, pero el magistrado no accedió a su pedido:
“Si estaba ahí, ya se deshicieron de él”, le dijo Blanco.
“Así que ahí terminó mi búsqueda”, dijo
hoy Alfredo Bouvier. El testigo también relató que tiempo antes de la
desaparición, su hermano Oscar había recibido una citación de la Policía
Federal.
“En el Puente 12... perdón, La Noria”
El último testigo fue el policía retirado José
Alberto Apaz, quien se desempeñó en varias dependencias policiales de La Plata
y el Gran Buenos Aires durante la última dictadura militar.
Apaz sostuvo que en la subcomisaría de Villa
Ponzatti (dependiente de la 8° de La Plata), donde trabajó algunos meses,
“no teníamos detenidos” porque el calabozo era “precario y para
contraventores”. No obstante aseguró que supo que en la 8° estuvo alojado un
detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, que —según declaró—
fue liberado.
El sobresalto en la sala de audiencias se
produjo cuando Apaz enumeraba las dependencias de la Policía provincial
en las que trabajó durante el régimen militar: “...estuve en la Dirección
de Seguridad Metropolitana, cerca del ‘Puente 12’”. En ese momento, todos
en la sala se miraron y se escuchó un murmullo. Bajo el nombre de ‘Puente
12’ funcionó un centro clandestino de detención en el Gran Buenos Aires. Por
eso la inquietud dentro de la sala y la inmediata desmentida del policía:
“Perdón, cerca del Puente La Noria”, se corrigió.
Apaz también contó que entre 1977 y 1978 se
desempeñó como “jefe de turno” en la Unidad Regional de La Plata, donde,
según relató, su función “era vigilar el buen desenvolvimiento de las
comisarías y si tenían problemas”. El dato tiene singular importancia si,
por ejemplo, se tiene en cuenta que en la comisaría 5° un grupo de tareas había
transformado la parte trasera de la seccional en un centro clandestino. Sin
embargo, durante la audiencia nadie le preguntó por este dato.
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